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Ganar la guerra
Por Soledad Ortiz
Danilo Arbilla
   Danilo Arbilla, periodista uruguayo, segundo vicepresidente de la SIP.
Cuando en los primeros años de la década de los 80 Uruguay comenzó a abrirse a la democracia, algunos medios lograron excelentes ventas gracias al sensacionalismo y la partidización. A quienes se unieron a ese tren Danilo Arbilla, quien en esa época dirigía un semanario independiente, les decía: "Ustedes van a ganar muchas batallas, pero al final nosotros vamos a ganar la guerra".

Hoy, muchos de esos periódicos con toques sensacionalistas o con fines partidistas ya desaparecieron o perdieron crédito, y, por supuesto, no son un buen negocio. Sin embargo, el semanario de Arbilla es el más exitoso del país.

Arbilla nació en Casupá, un pequeñísimo pueblo de Uruguay, en el departamento de Florida. Llegó a Montevideo decidido a estudiar Ciencias Ecónomicas pero sucumbió a la tentación de informar. El primer diario que editó se llamó Impulso y estaba destinado a un puñado de personas de su pueblo natal. Trabajó en los principales medios informativos del país hasta tener su propio semanario, Búsqueda, un referente del periodismo uruguayo. Ahora, aunque decidió venderlo, lo sigue comandando.

Es visto como un hombre astuto, más impulsivo que metódico, a veces maquiavélico, a quien sus empleados le profesan una eterna lealtad. Esas virtudes –o defectos– lo llevaron a estar al frente durante cuatro años, de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Ahora va camino a la presidencia de ese organismo.

Pulso del Periodismo: ¿Cómo llegó a ser presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP?

Danilo Arbilla: Tengo más de 20 años en la SIP. Yo era vicepresidente para Uruguay e integré otras comisiones. Un buen día a alguien se le ocurrió que podía ser un buen presidente de la Comisión y fui reelecto por cuatro períodos. Ahora no fui reelecto porque me eligieron segundo vicepresidente, lo que me pone en carrera hacia la presidencia. La presidencia no me disgusta, pero tampoco me quita el sueño.

P.: ¿Qué aportes realizó usted como presidente de la Comisión?

D.A.: El tema de la libertad de prensa es un tema que lo creo, no como periodista, ni como dueño de un medio, ni como jerarca, lo creo como ciudadano. Todo el trabajo es honorario. Por hacerlo nunca he cobrado un centésimo, al contrario, he gastado.

Yo aporté un tiempo bárbaro, un entusiasmo bárbaro, una sinceridad, una convicción. Iba adelante como loco, aún a riesgo. Nunca especulé si podía acceder a otro cargo. Yo en la SIP soy un tipo bastante polémico porque discuto lo que hay que discutir, y no hago relaciones públicas. Realmente me interesaba defender la causa de cualquier lugar. Y la voy a seguir defendiendo.

P.: En comparación con el resto de América, ¿en qué situación se encuentra Uruguay?

D.A.: En materia de libertad de prensa no es de los que tiene peor legislación. En materia de presiones, las hay económicas y políticas, pero son bastante más livianas de las que uno sabe que existen en otros países donde matan a los periodistas, como es el caso de Colombia, México, Guatemala o Brasil. Lejos estamos de las represiones como las hay en Perú, donde Fujimori inventa una disposición, modifica una ley o inventa un juez si algo no le gusta. Pero a nivel de riqueza informativa no es de los países donde el pueblo recibe mayor información. Hay una responsabilidad grande de los medios y de los periodistas. En Uruguay hay una serie de cosas que no se informan. Puede ser parte de la ética de la sociedad uruguaya como es no meterse en la vida privada de los políticos, y que a mí, personalmente, me parece bien.

D.A.: Cómo director del semanario Búsqueda, ¿ha recibido presiones?

P.: Las presiones no son sólo de los políticos o de los gobiernos. El problema no es de quien presiona sino del que acepta ser presionado. Si alguien me llama y me dice que no le gustaría que determinada información salga publicada, yo le contesto que entonces no compre el semanario. Si luego me aplica una medida administrativa, automáticamente salgo a denunciarlo. A lo largo de mi carrera muy pocas veces me llamó un presidente.

P.: No ha pasado tanto tiempo desde que abandonó su cargo. ¿Qué evaluación hace de la situación de la libertad de prensa no ya en Uruguay sino en América Latina?

D.A.: Si la comparo con los últimos 10 años, en los cuales ha habido una evolución hacia la democracia, no la ha habido hacia la libertad de prensa. Lo hubo al principio, pero hubo una reacción de la clase dirigente frente a esa libertad que vino con la democracia y han habido retrocesos de todo tipo con legislaciones, con asesinatos de periodistas.

La prensa tiene a nivel de continente un prestigio muy grande y por ello los gobiernos le temen. En una época los dirigentes políticos veían al poder militar como enemigo, ahora prácticamente no existe. En alguna época fue el poder económico, ahora éste se alió con el político. Antes el riesgo para el gobernante era la guerrilla, pero estas fueron vencidas, salvo excepciones. Ahora los políticos ven que quien le cuestiona el poder es la prensa, pero no se dan cuenta de que la prensa no intenta sustituirlos.

P.: Entonces, en una escala del uno al 10, ¿cómo evaluaría la libertad de prensa en América Latina, comparando la situación de hoy con la de hace 10 años?

D.A.: Hace 10 años, le doy un tres. Ahora un seis y medio.

P.: En la época en que usted estaba al frente del Comité de Libertad de Prensa, ¿qué periódicos latinoamericanos tuvieron un liderazgo en la defensa de la libertad de prensa?

D.A.: Muchos en muchos lados. Pero sería injusto nombrar algunos. Lo que puedo decir es cuáles fueron los más castigados en la época de la dictadura. Se clausuraban medios transitoriamente, se suspendían periodistas. Los diarios más castigados fueron La Prensa, de Buenos Aires; La Prensa, de Nicaragua (por parte de los sandinistas); El Espectador, de Colombia (muy atacado por el narcotráfico); La Epoca, de Chile (cuando estaba Augusto Pinochet), y ABC Color, de Paraguay (cerrado desde 1985 hasta 1989, cuando estaba Stroessner). Estos son todos casos emblemáticos porque eran ataques muy violentos contra la libertad de prensa. Hay también otros tipos de castigos como la premiación o no con publicidad oficial a los medios, según su línea editorial.

P.: ¿Qué papel desempeñan los políticos en la situación de la libertad de prensa?

D.A.: Son un pilar fundamental de la democracia y el desempeño de esta solo es óptimo cuando funcionan los partidos políticos. También es cierto que los políticos y la prensa entran en conflicto, pero es un conflicto natural y hasta positivo. El problema surge cuando los políticos abusan del poder e intentan controlar a la prensa. Hay muchos políticos que toman a la prensa como chivo expiatorio. Los políticos entienden el papel de la prensa, pero muchos se sienten molestos. Pero los políticos son la democracia y el conflicto es positivo si se mantiene dentro de determinadas reglas.

P.: ¿Los medios latinoamericanos están desempeñando bien su papel de defensores de la democracia?

D.A.: En general ha habido una evolución bastante positiva. Los medios de prensa latinoamericanos se transformaron en el ágora que cuida los intereses de las personas. Ese es, un poco, su papel.

P.: ¿Qué se necesita hacer para mejorar la libertad de prensa?

D.A.: Se necesita la capacitación de los periodistas, la profesionalización, la toma de conciencia profesional. Pero, además, la competencia ayuda y mucho. Hoy día se puede abrir un medio con poco. Hay más radios, más televisión, más diarios y ello abre el espectro para que las personas elijan. Y elegir es ser libre.



Soledad Ortiz, periodista del diario El Observador, Montevideo, Uruguay

CENTRO INTERNACIONAL DE PRENSA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI - 2000