Venezuela:
libertad de prensa y más
Por Tony Bianchi
Después de casi cuatro
meses de nuevo gobierno, la mayoría de los venezolanos y el mundo
entero permanecen en un estado de profunda confusión, incapaces
aún de encontrarle respuesta a una pregunta que surgío antes de las elecciones presidenciales: “¿Es Chávez un demócrata o
un demagogo?
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El
presidente de Venezuela, Hugo Cávez, recurre frecuentemente
a términos de beísbol para explicar sus planes
políticos.
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Hugo Chávez, un exmilitar que encabezó
un fallido golpe de estado en 1992, pero que logró el objetivo de convertirse
en presidente por medios democráticos, ha divido al país
en chavinistas y anti-chavinistas.
Más que una confrontación
de diferencias ideológicas o políticas, es la confianza la que diferencia a los dos bandos. Mientras que
los hombres de letras, los observadores políticos, los economistas,
los inversionistas y los venezolanos en general están martirizándose
las neuronas tratando de responder a la pregunta shakesperiana
¿"creer o no creer" en Chávez?, el país, y la prensa, están disfrutando de algo casi
olvidado en esta nación supuestamente desarrollada: total libertad
de expresión.
Esto resulta sumamente sorprendente, sobre todo
viniendo de un autoproclamado revolucionario, de quien muchos
venezolanos temen que pudiera establecer un régimen autoritario
o, incluso, una dictadora.
Paradójicamente, al menos
cuatro de ocho de los gobiernos venezolanos en los últimos 40
años de democracia han sometido a la prensa a restrucciones, antagonismos
y distintos grados de libertad de expresión.
Otra sorpresa de Chávez es el flujo de material
noticioso que ha generado. Según un canal de televisión
de Caracas, el locuaz presidente, cuyos discursos son sobrepasados
en duración
solo por los de Fidel Castro en sus buenos tiempos, ha sostenido
siete confrencias de prensa y ha hablado o aparecido en televisión
no menos de 21 veces en sus primeros días en el poder.
Lo que evita que este impresionante volumen
de verbosidad parezca excesivo, es lo impredecible de los argumentos
presidenciales y las contradictorias señales que envía Chávez, quien mantiene
a todos especulando, tratando de ubicar en qué dirección
se encamina.
Chavez, por ejemplo, ha atacado repetidamente
a los líderes del sector privado por no distribuir una mayor parte de sus ingresos
con los obreros y los empleados. Sin embargo, el gobierno solo
ha decretado un modesto incremento salarial del 20 por ciento
para los trabajadores públicos, y ha invitado cortésmente al sector
privado a hacer lo mismo.
Como otro ejemplo, la aceptación
por parte de Chávez del hecho de que ocupantes ilegales invadieron
propiedad privada, envió una temible señal a los propietarios y dueños de negocios. Sin embargo,
Chávez le ha asegurado repetidamente a los inversionistas locales
y extranjeros que está trabajando en una ley de protección
de inversiones que, según ha prometido, estará lista antes de
que termine el verano.
Otra razón para que la prensa
y los venezolanos le presten atención a los discursos
de Chávez y a sus presentaciones en la televisión es la mezcla de
retórica populista apasionada y su estilo rudo y poco convencional, sus expresiones
informales y sus coloridas anécdotas. En más de dos ocasiones
Chávez ha despertado a periodistas sorprendidos dormitando durante
partes repetitivas de sus discursos por televisión, diciéndole a su
secretario de prensa: “Martín, sírvele a esta gente
un poco más de café”.
Amante del béisbol, un deporte que acostumbraba
a practicar, Chávez invitó recientemente a Venezuela
a Sammy Sosa, de los Chicago Cubs, y organizó
un espectáculo de televisión en el estadio de Caracas, en el que le picheó
al jonronero, para así poderle mostrar sus habilidades a la nación. Chávez también
recurre al béisbol para explicarle al país su estado de ánimo:
“Voy a batear desde el primer inning”, para indicar que va a desempeñar
un papel activo desde el principio, o “Voy a pichearle al Congreso
una bola lenta en el centro del plato”, para indicar que va a
hacerle la vida fácil a los congresistas.
Su repertorio de anécdotas puede a menudo ser
bastante folclórico, iendo tan lejos como hasta describir cómo cabo y su pelotón
de soldados cuidaban varios cerdos que finalmente serían destinados para
alimentar a las tropas.
El volumen de noticias, el interés y el color,
sin embargo, no serían tan apreciados si no fuera porque la comunidad
periodística disfruta de absoluta libertad de expresión
y de discurso. Al principio, se creía que esto estaba influenciado por el Ministro
de la Secretaría de la Presidencia, Alfredo Peña, y el Ministro del Exterior, José Vicente
Rangel, dos veteranos periodistas conocedores de las dificultades
y las restricciones que había sufrido la prensa en el pasado.
Pero entonces, a medida que los principales
periódicos incrementaron sus críticas contra la administración,
Chávez repetidamente mostró desinterés ante esos ataques, afirmando que
no le temía a a la opinión de la prensa y que solo le interesaba la opinión
del pueblo. Chávez es ahora es el centro de un reto aún más serio
proveniente del vespertido El Mundo, de Caracas, bajo la nueva
dirección
editorial del político popular-socialista Teodoro Petkoff, un exrevolucionario. Pero hasta
ahora, dos bien documentados ataques de Petkoff contra el militar
y el Consejo Nacional Electoral, han sido rechazados de manera
respetuosa por Chávez y su gobierno, dejándole la esperanza a
la prensa venezolana de que después de varias décadas de libertades
relativas, la libertad de expresión
tal vez haya regresado para quedarse.
(8
de junio, 1999)