La cabeza de una gallina, una tarjeta de cumpleaños con una amenaza
de muerte, y su propia fotografía ensangrentada, son algunos de
los regalos que la periodista peruana Cecilia Valenzuela, ha recibido
durante los últimos siete años de su carrera periodística.
Estudió leyes y literatura,
pero se dejó arrastrar por la enigmática seducción y por la fuerza
del periodismo investigativo en un país donde hay muchas verdades
por descubrir y muchos peligros para quienes las revelan.
Denunció la existencia
del "Grupo Colina", un escuadrón de la muerte integrado
por miembros del Servicio de Inteligencia Militar del Perú. Se
atrevió a meter sus narices en las actividades de Sendero Luminoso,
y, más recientemente, atrajo la atención mundial con una investigación
en la que cuestionó la nacionalidad peruana del presidente Alberto
Fujimori.
Sus reportajes periodísticos,
publicados fundamentalmente en la revista Caretas y, más
tarde en su programa "Sin Censura", del Canal 9 del
Perú, la han puesto a caminar sobre la misma cuerda floja sobre
la que cada día se juegan el prestigio, el salario o la vida,
muchos de los periodistas investigativos de su país.
Los golpes más recientes
los recibió hace apenas unos meses, cuando en "Sin Censuras"
mostró pruebas acusatorias contra Vladimiro Montesinos, asesor
del Servicio de Inteligencia Nacional. Primero, su programa de
televisión fue cancelado por razones financieras: el canal, asfixiado
en deudas, necesitaba dedicar más tiempo a la publicidad de empresas
y entidades del Estado. Luego, como otras veces, una voz anónima
le recordó en el teléfono: "Te vas a morir, perra."
Pulso: ¿Durante cuánto tiempo dirigiste tu programa de televisión?
Cecilia Valenzuela:
Trabajé en televisión en dos etapas de mi carrera periodística.
En 1990, me inicié, en un programa que fue clausurado por la emisión
de un reportaje, realizado por mí, y en el que se denunciaba abusos
y violaciones a los derechos humanos en la zona controlada por
el Ejército. Y en 1998, seis años después, cuando me llamaron
para conducir un programa político de conversación que se llamó
"Aquí y Ahora" y que se interrumpió para que pasara
a conducir otro programa de investigación periodística que se
llamó "Sin Censura". Este último duró dos meses en el
aire. Se canceló, según los directivos del canal, por los altos
costos que generaba su producción.
P.: ¿A qué se debió el cierre de tu programa?
C.V.: Andina
de Radiodifusión, Canal 9, atraviesa como la mayoría de
las empresas periodísticas en el Perú por una aguda crisis
económica; además de tener una millonaria deuda con la oficina
recaudadora de impuestos. "Sin Censura" dirigió toda
su puntería a denunciar la corrupción en el Poder Judicial y en
las altas esferas de la Fuerzas Armadas y el Servicio de Inteligencia
Nacional.
La vulnerabilidad económica
de la empresa no garantizó nuestra supervivencia. La urgencia
de la televisora de contar con los paquetes publicitarios de las
empresas o de las entidades del Estado, era primordial. El régimen
de Alberto Fujimori tiene, en este contexto político y económico
de mi país, la sartén por el mango.
P.: ¿De dónde viene esa voluntad de investigar asuntos escabrosos,
a sabiendas de las consecuencias que esto puede traerte?
C.V.: De mi
convicción democrática. Creo que sólo la institucionalidad y la
libertad pueden garantizar el progreso de mi país. Y que la solidez
de las instituciones se basa en la honestidad y en el respeto
de los derechos de los ciudadanos. Todo lo demás es falso, arbitrario
y abusivo. Por eso hay que descubrirlo y denunciarlo.
Los periodistas de
investigación somos las ovejas negras para los gobiernos latinoamericanos.
Yo soy una oveja negra.
P.: ¿Desde cuando vienes recibiendo amenazas?
C.V.: Desde
que comencé a hacer investigación. En 1991 me amenazó Sendero
Luminoso por identificar a una "abogada democrática"
que había ordenado el asesinato de un líder sindical que se oponía
a sus métodos. En 1993 me amenazó el Servicio de Inteligencia
cuando publiqué las fotografías de los oficiales del Ejército
que formaban el "Grupo Colina". Las últimas amenazas
llegaron después de dos reportajes propalados por "Sin Censura"
en los que descubrimos a uno de los intermediarios de Vladimiro
Montesinos en el "negocio" de la venta de armas y suministros
para las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.
P.: Además de las amenazas verbales ¿qué otro tipo de acoso o
de violencia de cualquier tipo has sufrido en el ejercicio del
periodismo de investigación?
C.V.: Las amenazas
telefónicas se repiten cada vez que un periodista investigativo
en el Perú descubre un hecho sustancial. Además, he recibido un
ramo de flores con una tarjeta de cumpleaños, amenazándome de
muerte; un paquete con la cabeza de una gallina y una fotografía
mía ensangrentada; y, recientemente, una carta con letras recortadas,
anunciando que "voy a morir y que soy una perra".
Intuyo que por una
razón de género, utilizan conmigo flores y gallinas. Mis colegas
sufren campañas de desprestigio, golpizas, llamadas insultantes
y mensajes intimidatorios.
Algunos de nosotros
hemos enfrentado procesos judiciales o denuncias ante la Fiscalía
por hechos irrelevantes.
P.: En este momento ¿tienes algún proceso judicial pendiente en
tu contra?
C.V.: Creo que
no. Después de publicar la investigación sobre la nacionalidad
del presidente Fujimori, una Fiscal me citó a declarar para que
explicara cómo tomé, del Archivo General de la Nación, la página
de un índice que acababa de ser adulterada para respaldar los
argumentos de quienes defendían la supuesta nacionalidad peruana
de Alberto Fujimori.
Después del interrogatorio
quedó claro que los índices no son documentos históricos. La actitud
de la Fiscal hacía evidente que estaba siendo presionada. Sin
embargo, no me denunció. No sé si aún puede hacerlo.
P.: ¿Alguna vez te has entrevistado directamente con el presidente
Fujimori?. ¿Te ha llamado él, te ha hecho llegar algún tipo de
mensaje por lo que escribes sobre él y su gobierno?
C.V.: He solicitado
innumerables entrevistas con el presidente Fujimori, lamentablemente
no me ha concedido ninguna. Tampoco me ha llamado, pero asumo
que el Servicio de Inteligencia Nacional le hace el servicio de
mensajería.
P.: ¿Qué puede hacer un periodista como tú en Perú, si lo amenazan?.
¿A quién recurrir? ¿Qué puede hacer para proteger su vida y la
de su familia?
C.V.: En una
situación de riesgo primero reportamos la intimidación con el
Instituto Prensa y Sociedad, IPYS, que es una organización de
periodistas peruanos organizados en esta última década
para actuar en casos de alerta. También esta el Consejo de la
Prensa Peruana, otra institución que se preocupa por vigilar el
respeto de la libertad de expresión. Ambas instituciones hacen
público el acoso o la amenaza, a nivel nacional e internacional.
La sociedad informada es nuestra única seguridad.
P.: ¿Has considerado alguna vez la opción del exilio? ¿Otros periodistas
peruanos han tenido que hacerlo?
C.V.: En 1992
Gustavo Gorriti se vio obligado a salir del país porque su vida
y la seguridad de su familia no estaban garantizadas. Gorriti
fue secuestrado por agentes del Servicio de Inteligencia Nacional
bajo las órdenes de Vladimiro Montesinos. En 1997 José Arrieta,
el jefe de la unidad de investigación de canal 2, tuvo que pedir
asilo en los Estados Unidos.
Es cierto que ambos
podrían regresar al Perú. No fueron deportados y la publicidad
que se dio a sus casos probablemente los proteja. Sin embargo,
esa protección no es suficiente, el Sistema de Inteligencia opera
perversamente y podrían ocurrir "lamentables accidentes".
P.: ¿Crees que tu caso es un ejemplo de lo que les puede ocurrir
a otros periodistas peruanos?
C.V.: Mi caso
es uno más. Pulso debería entrevistar, por ejemplo, a Angel Páez
y a Edmundo Cruz del diario La República y fundamentalmente
a un sin número de periodistas peruanos que viven y trabajan en
el interior de mí país, ellos sobreviven al riesgo y a la presión
cada día.
P.: ¿Cuál de tus trabajos de investigación consideras que asestó
el golpe más duro?. ¿Cuál te ha traído peores consecuencias?
C.V.: Definitivamente
la investigación que se publicó en la revista Caretas sobre
la existencia de un escuadrón de la muerte llamado "Grupo
Colina". Un escuadrón compuesto por oficiales y agentes,
en actividad, del Servicio de Inteligencia del Ejército. Esta
investigación evidenció una estrategia contrasubversiva basada
en la exterminación; una estrategia macabra que contaba con el
consentimiento del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas.
El presidente Fujimori
acusó el golpe, no le quedó otra alternativa que desarticular
al Grupo Colina, ordenar al Consejo Supremo de Justicia Militar
que los juzgara y sentenciara; aunque unos años después ordenara
a la mayoría del Congreso de la República que los amnistiara con
el cuento de la reconciliación nacional.
P.: ¿Qué se siente cuando una entrevista como la que le hiciste
al general Walter Ledesma le trae consecuencias tan duras al entrevistado.
C.V.: El general
Ledesma fue encarcelado por el Consejo Supremo de Justicia Militar
bajo el cargo de insulto al superior por haber comentado en
la entrevista que le hiciera días después de concluido el último
conflicto con el Ecuador en 1995 que el general ecuatoriano
Paco Moncayo, era inteligente y carismático. La justicia militar
peruana asumió que con ese comentario Ledesma insinuaba que el
general Nicolás Hermoza Ríos (entonces Comandante General del
Ejército) era lo contrario.
Sentí una tremenda
responsabilidad. Y trabajé insistentemente en revertir la injusticia.
La salida que ofreció el gobierno fue en realidad una trampa:
junto con el general Ledesma y un grupo de militares que estaban
presos por intentar una insurgencia contra el golpe de Alberto
Fujimori en 1992, fueron amnistiados los integrantes del Grupo
Colina que habían asesinado, entre otras personas, a nueve estudiantes
y un profesor de la universidad de La Cantuta.
P.: ¿Qué tipo de libertad de prensa existe en tu país?
C.V.: Yo no
creo en las medias verdades ni en las libertades mediatizadas.
El ejercicio periodístico en el Perú no ofrece garantías. Los
periodistas que denuncian la corrupción y las violaciones del
régimen son amenazados, intimidados o sufren campañas de desprestigio.
P.: ¿Consideras que, en general, la prensa peruana se caracteriza
por la valentía y el interés de poner al descubierto lo que considera
que es de interés público?
C.V.: Sí. En
general la prensa en el Perú es valiente y rigurosa. También existen
los otros, pero eso ocurre en todos los oficios y profesiones.
P.: Desde el punto de vista periodístico, ¿opinas que el asunto
de la nacionalidad del presidente Fujimori es un tema concluido,
donde no queda más por indagar?
C.V.: La verdadera
nacionalidad del presidente Fujimori no es un tema concluido.
La suma de indicios que mi investigación publicó fueron mañosamente
rebatidos por un equipo de abogados contratados por el Presidente.
Las preguntas que nosotros formulamos estaban basadas en documentos
personales del Presidente que, en su totalidad, están adulterados,
borroneados o no consignan datos ciertos. El gobierno del Japón
no emitió un comunicado oficial negando que Alberto Fujimori tenga
o haya tenido, hasta antes de ser presidente del Perú, nacionalidad
japonesa. El Congreso de la República, la institución que debía
actuar con imparcialidad, se negó a formar una comisión investigadora
para llegar donde el periodismo no puede llegar. La mayoría de
los peruanos, dentro de los que me incluyó, duda de la auténtica
nacionalidad peruana de Alberto Fujimori.
P.: Después de la última amenaza, ¿piensas variar el rumbo de
tu profesión? ¿Cuáles son tus planes inmediatos?
C.V.: Mi oficio
es el periodismo, las amenazas estimulan mi carácter. Mientras
consigo un nuevo empleo, voy a terminar el libro de crónicas que
relatan mi iniciación y trabajo periodístico en los tiempos de
Alberto Fujimori.
Sandra Marina, directora
de Pulso del Periodismo.