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El autocontrol y el Consejo de la Prensa Peruana
Por Gustavo Romero Umlauff

En el Perú, como en muchos países, el control de la prensa existe ya desde una perspectiva legal –tratados internacionales, la Constitución y las leyes–, pero su aplicación práctica debe ser manejada mediante las propias organizaciones de editores, periodistas o medios de comunicación, para garantizar la libertad de expresión y los derechos de la colectividad a estar plenamente informados.

El mecanismo de autocontrol es una alternativa más de control, que tiene la originalidad de ser manejado por los profesionales del periodismo, organizaciones de editores o medios de comunicación. Con el autocontrol se busca que sean los propios medios de comunicación o periodistas los que regulen su actuación para evitar, en lo posible, que lo hagan otras entidades ajenas a la actividad periodística que desconocen su funcionamiento, o bien están interesadas en restringir el acceso a la información ante las malas prácticas efectuadas por algunos medios de comunicación y periodistas.

Justamente, en el Perú se ha tratado de emplear en varias oportunidades este último argumento para expedir normas restrictivas de acceso a la información o regulaciones intimidatorias, que pretenden generalizar esos hábitos a toda la prensa.

Con el aucontrol se pretende evitar amenazas de legislación consideradas restrictivas e injustas, así como crear un balance entre la prensa y los periodistas y el poder público; y, simultáneamente, se busca un equilibrio entre el derecho de informar y los derechos al honor y a la buena reputación de las personas y propiciar una mayor responsabilidad de los periodistas y calidad en la información.

De ahí que el autocontrol se hace necesario, entre otras consideraciones, por las tres siguientes:

1. Ante las críticas sobre la credibilidad de la actividad periodística, generadas por las prácticas inadecuadas de algunos medios de prensa, dígase, por ejemplo, el amarillismo y el sensacionalismo.

2. Como un mecanismo ágil para canalizar y atender los reclamos que vienen del público, frente a los excesos de la prensa.

3. Ante las intimidaciones y acosos a la prensa y a los periodistas de parte del poder político, y ante el peligro de que se promulguen leyes que restrinjan el derecho a la libre expresión y a la información.

El autocontrol, por lo tanto, debe ser un mecanismo de balance entre la prensa libre y el poder político, así como un equilibrio entre el derecho de informar y los derechos que pueda tener la colectividad. Con ello, también se reconoce la enorme responsabilidad de los medios y los periodistas frente a sus lectores para buscar calidad en la información.

Existen distintas formas de autocontrol: los códigos de ética, los libros de estilo y los ombudsman o defensores de los lectores dentro de los propios medios. Tales mecanismos, sin embargo, tienen la desventaja de que no propician un balance entre la prensa y los excesos del poder político o no contienen un mecanismo de persuasión.

Por ello es que, independientemente de las distintas formas de autocontrol, en nuestro país se ha creado una entidad denominada "Consejo de la Prensa Peruana", una organización privada, fundada por influyentes medios de prensa. Sus dos funciones principales son:

1. Recibir del público solicitudes de rectificación de cualquier información publicada por un medio asociado, así como quejas que provengan de la trasgresión de valores éticos periodísticos por parte de medios del Perú.

2. Defender la libertad de prensa, denunciando las injusticias e ilegalidades que impidan el libre ejercicio del derecho de expresión y opinión, así como luchar para que se reconozca y proteja el derecho que tiene la ciudadanía a estar plenamente informada.

Lo más novedoso con la fundación de esta entidad es que se abre un espacio donde los lectores pueden evaluar la calidad informativa, veracidad, objetividad y contenido que proporcionan los medios de comunicación. Al abrir ese espacio, antes distante y jerarquizado, se crea uno más comunicativo y más democrático.

Ahora bien, viene la pregunta: ¿cómo es que el lector puede abrir este espacio comunicativo con el Consejo de la Prensa Peruana?

Como quiera que es el lector quien cuestiona el contenido de la información, éste puede recurrir ante el Consejo de la Prensa solicitando una rectificación a una determinada información o, planteando una queja a una publicación que considere haya violado valores éticos-periodísticos.

La primera, o sea la solicitud de rectificación, se plantea contra los errores en las informaciones publicadas por los medios de comunicación. No es posible, sin embargo, rectificar las opiniones o las apreciaciones subjetivas que sobre los hechos den origen a una opinión determinada.

En cuanto a la queja, como otra forma de acercar la relación periodista-lector, se inicia contra aquellas publicaciones que transgreden valores éticos-periodísticos. Así es el caso, por ejemplo, de los fotomontajes que alteran o distorsionan la realidad de los hechos, de la difusión de imágenes o fotografías que sean inductivas al odio, prejuicios raciales o sociales, de investigaciones periodísticas que no respeten la vida privada de las personas, entre otros.

Es decir no son casos, cuyos contenidos sean materia de rectificación, sino más bien conminatorias a que se respete a la colectividad y la ética en general.

Las características básicas de los procedimientos de rectificación y quejas, podemos circunscribirlas a las siguientes:

a. Es gratuito. El solicitante no paga nada por iniciar un procedimiento de rectificación o queja.

b. Es ágil en ofrecerles solución a los casos. No está sujeto a los largos, y a veces interminables procesos como los que tienen lugar en en el Poder Judicial o en los tribunales de justicia, y, no existen requisitos engorrosos para presentar el recurso o la solicitud.

c. No está sujeta a una normatividad preestablecida. Es decir, no está sujeta a un Código o a un "estatuto ético", sino a los juicios morales y deontológicos de los miembros del Tribunal de Etica, que es el órgano máximo resolutivo. Ello permite evaluar con más amplitud el caso y adaptarse con mayor rapidez a las circunstancias que una normatividad preestablecida o un Código no siempre puede contemplar. Hay que recordar que el campo de la Etica siempre es más amplio que el Derecho. No se trata, entonces, de dictar un recetario de conductas éticas, porque eso puede oler a censura.

d. Es educativo y formativo. Los fallos dictados por el Tribunal de Etica, cuyo contenido es de carácter moral, son disuasivos; a diferencia de los mecanismos coercitivos que se aplican en el Poder Judicial.

Los fallos traducen una opinión colectiva por parte de los miembros del Tribunal de Etica en la que se manifiesta una reflexión sobre un tema de naturaleza moral y se insta a compartir esa reflexión.

Ello contribuye a la generación de profesionales más reflexivos, más responsables y comprometidos éticamente. Esto mejora la credibilidad, la valoración y la imagen profesional frente a la sociedad. La simple voluntad de autocontrolarse es un indicio de hacer mejor las cosas.

Es una apuesta, entonces, a realizar un trabajo con más calidad, mejor contenido, oportunidad, pertinencia y servidor a la comunidad.

No obstante, como quiera que todo proyecto novedoso y de esta trascendencia está sujeto a críticas, empezamos señalando que al ser desconocido –aun para muchos periodistas– existe todavía un cierto escepticismo sobre su aplicación. Esta sería la mayor y primera dificultad.

La falta, quizás, de un autoexamen que puede existir en los periodistas se traduce en un rechazo a todo intento de evaluación crítica por un órgano que le es ajeno profesionalmente. Simultáneamente el escepticismo afecta a la ciudadanía, ya que siendo precisamente una entidad creada por los propios medios de comunicación la que evalúa el trabajo periodístico, dudan de su imparcialidad.

Estamos muy conscientes, sobre todo, de esta última crítica. Pero, en realidad, asegurar la autonomía del mecanismo de autocontrol frente a los propios medios de comunicación y sus periodistas, es parte de nuestro trabajo.

Abogando aun más por este mecanismo podemos señalar que los órganos encargados de evaluar el trabajo periodístico son el Tribunal de Etica y la Secretaría Ejecutiva. Los miembros del Tribunal de Etica han sido elegidos no sólo por sus cualidades morales e intachable prestigio profesional y personal, sino también por su total independencia de criterio frente a los medios y sus periodistas. Ninguno de ellos son asalariados o dependientes de los medios de comunicación. Lo propio ocurre con el Secretario Ejecutivo. Inclusive, si fuere el caso de que al momento de resolver o decidir sobre un asunto, alguno de sus miembros tuviese alguna relación con el reclamante de una publicación, tendrá que inhibirse de conocerlo.

Una segunda crítica es que, no teniendo los fallos del Tribunal de Etica fuerza de ley, como son los emitidos por el Poder Judicial, se cuestiona que no tienen ningún efecto sobre el reclamado; y, por lo tanto, es un esfuerzo inútil para generar credibilidad.

En contra de esa crítica podemos señalar que el escepticismo se contrarresta con el prestigio que viene gozando el Consejo de la Prensa y, si bien, los fallos no tienen fuerza de ley, la sanción moral que se imponga, cuyo texto sería conocido por la sociedad, sería un acto público persuasivo.

Con el desenvolvimiento de las labores de la Secretaría Ejecutiva y del Tribunal de Etica se están despejando ciertos temores a esta iniciativa que de ninguna manera tiene el propósito de limitar la libertad de los profesionales de la información ni censurar a los medios de comunicación.

Estamos seguros que, al imponerse sanciones de carácter moral a aquellos que abiertamente transgreden valores éticos, no empañarán el ejercicio legítimo del derecho de expresión, sino más bien permitirá corregir el descrédito provocado por el sensacionalismo y otros males.

Estamos en una etapa del trabajo y necesitamos seguir haciendo esfuerzos para que el Consejo de la Prensa sea conocido y aceptado. Para eso, contamos con la participación no sólo de los medios asociados, sino también de universidades, de entidades de defensa de derechos humanos, de organizaciones gremiales, entre otras.

En conclusión, se puede señalar que con el mecanismo de autocontrol se ha hecho una apuesta a realizar un trabajo periodístico con más calidad, mejor contenido, oportunidad, pertinencia y servidora a la comunidad.


 (Gustavo Romero Umlauff, secretario ejecutivo del Consejo de la Prensa Peruana.)

(2 de noviembre, 1999)

 

 

CENTRO INTERNACIONAL DE PRENSA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI - 2000