El
error de no tener un plan
Por Sandra Crucianelli
Si hace 10 años el mayor problema que teníamos
los reporteros investigadores eran las limitaciones editoriales
y comerciales de las empresas en las que trabajábamos, ahora
la dificultad principal parece circunscribirse al acceso a la
información.
La venta de los medios familiares a corporaciones,
por un lado, y una mayor apertura mental observada en ciertos
medios, han hecho que las dificultades se trasladen de eje:
en el presente nuestro escollo más importante parece ser la
imposibilidad de obtener documentos en las esferas oficiales.
En esta materia Latinoamérica no es un paraíso,
sino más bien un caos. En nuestros países hay una tendencia
muy marcada a convertir lo público en privado y viceversa. Los
funcionarios no entienden todavía que las constituciones tienen
consagrado el derecho del acceso a la información a los ciudadanos
y, en su lugar, las peticiones de los periodistas o de cualquier
persona son archivadas en algún cajón de los laberintos institucionales
que conforman el poder.
Este no es un problema de partidos políticos.
Todas las administraciones padecen la misma enfermedad: ocultar
información, un mal grave cuyo blanco en realidad no son los
periodistas investigadores, sino la sociedad toda.
La realidad indica que en muchos países no existen
leyes que garanticen el acceso a la información. También se
dan casos en los que las leyes sí han sido sancionadas, pero
carecen de reglamentación.
En realidad, la cuestión se remite a una cuestión
de voluntad política. Todos los gobiernos saben que es imposible
garantizar la transparencia total de los actos públicos y por
consiguiente, no estarán dispuestos a entregar el material que
podría llevar al quiebre de una gestión.
“Todos tenemos un muerto en el armario”, me
dijo hace poco un político, convencido de que tanto oficialismo
como oposición, tienen cosas que esconder.
Un plan de acción
En un reciente encuentro de periodistas, que
tuvo lugar en El Salvador, escuché al periodista brasileño Rosental
Calmão Alves decir que los medios que fracasaban eran aquellos
que no tenían una estrategia de negocios definida, capaz de
posicionarlos en el público, convirtiéndolos en sus preferidos.
A las pocas horas, una idea me vino a la cabeza.
Si los dueños de medios necesitan un plan de negocios para que
sus productos triunfen, ¿a qué estrategia apelamos los periodistas
para hacer nuestro trabajo más eficiente? Cuando hablo de eficiencia
no me refiero a las condiciones curriculares, profesionales
y académicas de los periodistas, sino a aquellas herramientas
que hacen que nuestro trabajo luzca completo, capaz de poner
luz donde hay sombra. Y en periodismo de investigación, esas
herramientas, son los documentos. Sin ellos, podemos hacer poco
o nada.
Nos quejamos porque no tenemos leyes y porque
los funcionarios nos retacean información documental, pero ¿hacemos
algo para quebrar esa tendencia?
Necesitamos un “plan de acción"
Otra patología contagiosa parece dominarnos.
Es el síndrome de la queja estéril. Su principal síntoma es
ese pataleo al que apelamos los periodistas cuando observamos
los primeros signos del mal, aun cuando sabemos, de antemano,
que de esa forma no solucionaremos nada.
Necesitamos un plan de acción. Ponernos de acuerdo
en algunas cosas básicas. A la necesidad de hacer negocios de
los empresarios, debemos contraponer la necesidad de luchar
por nuestras armas de trabajo: la libertad y las pruebas documentales
de la corrupción.
¿En qué podría consistir un plan de acción para
reporteros investigadores?
1) En primer lugar, debemos dejar de quejarnos sólo en las mesas de café,
frente a nuestros colegas, y en los foros de periodismo. Es
cierto que nos sirve para desahogarnos, pero con eso sólo no
obtenemos nada. Lo primero que deberíamos hacer es denunciar
constantemente este tema en los medios en los que trabajamos.
Puede ser a través de pequeños artículos en los diarios en los
que trabajamos, o como editoriales de opinión en radio o TV.
Cada vez que se nos niega un documento, decirlo, y reclamar
públicamente.
2) Ocuparnos del tema tratando de establecer legislación comparada. La gente
debe saber qué nivel de acceso a la información tienen otras
personas en diferentes partes del mundo. Investigar y difundirlo.
3) Promover reuniones entre legisladores y periodistas. Los que tienen la
responsabilidad de legislar tienen que saber el problema que
nos afecta como comunidad.
4) Los periodistas debemos entrevistar a abogados, congresistas y personas
relacionadas con este tema. Tenemos que exigir que cada parte
responsable de que el problema no se solucione expida su opinión
sobre esto. Sus palabras quedarán registradas y al menos constituirá
un antecedente para las generaciones futuras.
5) Cuando solicitamos información, si no obtenemos resultados, debemos enviar
la petición por escrito. Si no nos contestan o si nos niegan
el dato, debemos decirlo. Si el pedido es relevante, podemos
solicitar un “habeas data” a través de la justicia o un recurso
de amparo. No descartar la vía judicial para pedir un documento.
Si el fallo es positivo, sentará un precedente jurídico que
ayudará a otros periodistas. Haga historia.
6) Ejercitar regularmente la costumbre de la petición. Pedir aunque no le
contesten, aunque sean datos que ya conocemos o que no nos interesan.
Lo importante es poner en funcionamiento el mecanismo y por
ende, el sistema.
Petición
Este plan de acción está incompleto. Necesitará
de la ayuda de todos mis colegas latinoamericanos. De todos
aquellos que aporten ideas para que las barreras del no acceso
a la información, sean finalmente rotas.
Aunque nuestras democracias son incipientes
y frágiles, vivimos en estados de derecho. Es un punto a nuestro
favor.
La batalla, recién está empezando.