Pulso del Periodismo

ARCHIVO

Pulso Picture

El otro periodismo cubano
Por Elise Ackerman

Apenas unos días antes que el presidente Clinton anunciara la disposición de los Estados Unidos de brindarle a Cuba una ayuda de 4,000 a 8,000 millones de dólares, luego de la caída de Castro, un representante de la seguridad del estado cubana se presentó en el deteriorado apartamento donde vive Raúl Rivero y donde radican las oficinas de la agencia independiente de noticias CubaPress. El agente venía a ordenarle al periodista de 51 años, que se presentara ante una comisión local de vecinos, para que respondiera a preguntas sobre su supuesta colaboración con los Estados Unidos para derrocar al gobierno cubano. Rivero se negó a asistir. Al siguiente día, cerca de 100 personas se amontonaron frente al edificio de apartamentos, para gritarle insultos y acusarlo de contrarrevolucionario, traidor y agente de la CIA.

En Cuba, esos linchamientos verbales son conocidos como "actos de repudio" y, generalmente, se dirigen contra disidentes. Pero Rivero no era un blanco común. Como presidente de CubaPress, había mostrado un claro distanciamiento de los grupos de oposición, a través de declaraciones públicas en las que insistía en que su objetivo era ofrecer una alternativa confiable a la prensa estrictamente controlada por el gobierno. Rivero, además, había dicho que no creía en la resistencia pacífica, sino en el ejercicio de un periodismo lo más apegado posible a la realidad. Ese, según él, era su aporte a la construcción de una sociedad civil en Cuba.

Las siguientes, son las acciones contrarrevolucionarias de Rivero: artículos sobre los daños ocasionados por el huracán Lili, reportes sobre el malestar popular ante la decisión del gobierno de confiscar equipos que utilizaban los vendedores callejeros de helado, y notas irónicas sobre los funerales de funcionarios comunistas.

"Esta no es una guarida de conspiradores; esta es una agencia de noticias", declaró Rivero en una entrevista que nos concedió en el otoño pasado, y en la que agregó que invitaba a cualquiera a visitarlo y a ver la oficina de CubaPress para comprobar sus palabras.

Escritores rebeldes, trabajando desde agencias improvisadas, los periodistas independientes como Rivero son modestos herederos de una tradición de periodismo revolucionario que ha ayudado a formar la historia de las Américas desde que Thomas Paine escribió "Sentido Común", donde transmitía un espíritu de apoyo a la revolución americana, y desde que José Martí, patriota, periodista y poeta cubano, llamó a sus compatriotas a unirse para lograr la independencia de España.

Apenas sin plumas ni lápices, salen a buscar las historias en bicicleta y toman sus notas en trozos de papel que consiguen con trabajo gracias a amigos, vecinos y familiares. Serían los Don Quijotes del periodismo moderno sino fuera porque resultan cada vez más efectivos. No producen periódicos ni revistas, al estilo tradicional. En su lugar, buscan información y la envían al extranjero para que pueda ser transmitida hacia Cuba a través de la radio o de Internet. También, con frecuencia, los artículos de estos periodistas independientes son publicados en los medios de prensa en español de Miami y de otras partes del mundo. Ellos tratan de llenar el vacío de información que deja la prensa oficial, investigando arrestos a miembros de la oposición y reportando de manera crítica las acciones de los gobiernos locales. Escriben cáusticos artículos de opinión, notas humorísticas y ocasionalmente conducen limitadas encuestas de opinión en la calle.

Mientras que la calidad de sus notas varía notablemente según los patrones del periodismo estadounidense, el hecho mismo de que actúan como periodistas sin censura dentro de Cuba, diciendo la verdad, ha comenzado a interesarle al pueblo. El gobierno enfrenta ahora, con preocupación, la posibilidad de que los periodistas independientes se conviertan en la catálisis de un verdadero cambio democrático.

Control ideológico

La estabilidad económica del gobierno cubano descansa en su control ideológico. Durante 38 años Castro ha ganado el apoyo del pueblo cubano explicándole el mundo en términos de la hostilidad del gobierno de los Estados Unidos y la avaricia de las corporaciones multinacionales. Nunca ha permitido una discusión sustancial sobre las deficiencias de su propio gobierno y ha aplastado cualquier tipo de debate acerca de formas alternativas de gobierno que podrían llevar a la isla a una mayor autisuficiencia económica y tecnológica.

En Cuba, la música salsa interpretada por Willy Chirino o Gloria Estefan es tabú. Los periódicos hispanos de Miami son "propaganda enemiga", y los cubanos son amenazados con la cárcel si se les descubre viendo la cinta del debate entre Jorge Mas Canosa, una de las figuras principales del exilio, y Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional. El debate, transmitido en todos los Estados Unidos y Latinoamérica, nunca se puso al aire en la isla.

Las severas restricciones sobre la información, son atribuidas parcialmente por el gobierno a la crisis económica. Desde 1990 el número de publicaciones cubanas disminuyó de 733 a 265, de estas la gran mayoría se dedican a temas técnicos o científicos. Existe solo un periódico nacional, de 8 páginas, y dos canales nacionales de televisión. (Un tercer canal, con programación reducida, pertenece a los gobiernos provinciales.) La imposibilidad de la prensa oficial de brindar una cobertura más amplia, ha contribuido a aumentar la curiosidad sobre las noticias que prepara la prensa independiente.

Aunque estos periodistas no están proponiendo grandes soluciones a los problemas económicos, y sociopolíticos de Cuba, sí están reflejando la realidad del país de una manera revolucionaria a los ojos del ciudadano promedio que ha crecido bajo la influencia de la prensa oficial.

Es probable que el periodismo libre no provoque la caída de Fidel Castro, pero lo cierto es que ya está sirviendo como un elemento que precipite el cambio. Desde la aparición de la prensa independiente, dos años atrás, el gobierno cubano ha tratado de encontrar una manera adecuada de responder a esta presencia, temiendo que un enfrentamiento violento podría provocar la condena internacional en momentos en que Cuba trata de reinsertarse en la economía mundial y tiene un interés especial en proteger su imagen en el extranjero. Hasta hace poco, el gobierno recurría fundamentalmente a métodos sicológicos de coerción: detenciones frecuentes, amenazas de enfrentar largos períodos de prisión, exilios forzados dentro de la propia isla, y llevar a las personas a una situación de empobrecimiento sistemático.

Estos métodos no dieron resultado. Desde mayo de 1995, se han multiplicado las agencias de prensa independiente. En lugar de una, hoy en día existen ocho. El número de reporteros independientes ha crecido de tan solo un puñado en La Habana, la capital de la isla, a varias decenas de periodistas a lo largo de todo el país. Sus esfuerzos han atraído el apoyo de grupos internacionales de defensa de la libertad de prensa, tales como el Comité para la Protección de los Periodistas, con sede en New York, y Periodistas Sin Fronteras, de París. El año pasado, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), una organización de más de 1,000 directores y editores de periódicos del hemisferio occidental, les otorgó a los periodistas independientes cubanos el Gran Premio a la Libertad de Prensa.

Ansias de cambio

Los periodistas independientes atribuyen el aumento del número de colaboradores al hecho de que existe una necesidad visceral de actuar como testigos de la realidad, luego de décadas de quietismo. "La sociedad cubana está hambrienta de conocer la verdad acerca de Cuba", afirma Rivera. "En este mismo momento, en nuestra sociedad existe una ansiedad porque se produzca un cambio, una transición, y esa ansiedad es algo que prácticamente uno puede alcanzar y tocar con la mano. No obstante, aunque nos parece increíble, hoy en día hay muchas más personas que se sienten obligadas a acercarse a nosotros y darnos información."

Rivero es un hombre corpulento, que fuma incesantemente, y que se ha convertido en uno de los miembros más destacados de la prensa independiente. Es, además, un reconocido poeta que durante casi 30 años trabajó en revistas y periódicos cubanos, y, durante un breve período fue corresponsal en Moscú de la agencia nacional de noticias. El suyo fue el primer grupo de estudiantes de periodismo graduados con el gobierno revolucionario, y durante los años setentas fue uno de los más influyentes funcionarios de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Sin embargo, poco a poco fue desilusionándose del sistema, y en 1989, renunció a su empleo.

Dos años después, Rivero fue uno de los 10 intelectuales que escribió una carta abierta a las autoridades cubanas en la que reclamaban cambios políticos, incluyendo elecciones directas a la Asamblea Nacional y el diálogo con el exilio. Junto con un puñado de colegas desafectos a la revolución, trató de formar una asociación de prensa independiente. Sin embargo, publicar un periódico clandestino no era solo ilegal, sino también logísticamente imposible debido al control del gobierno sobre cada aspecto de la vida diaria y, también, a la escasez de suministros básicos. La idea de operar una estación de radio o un canal de televisión piratas, era igualmente quimérica.

En su lugar, Rivero y sus colegas limitaron sus actividades a publicar artículos en periódicos extranjeros. Estas notas también eran leídas de tiempo en tiempo en Radio Martí, una emisora que transmite información para Cuba a través de frecuencias de AM y de onda corta, pero los periodistas no tenían contacto con la estación. Debido a lo sobrecargadas de las líneas telefónicas, las llamadas entre los Estados Unidos y Cuba literalmente tomaban horas. Esto cambió en 1994, cuando ambos países llegaron a un acuerdo que permitió una mejoría en las telecomunicaciones. A partir de noviembre de 1994, llamar a La Habana desde Miami se hizo tan fácil como comunicarse con West Palm Beach.

Cuando Rivero inició sus actividades, había solo una agencia de noticias independiente, que más bien parecía una oficina de prensa para disidentes que un servicio de noticias. El trabajo de esa agencia se concentraba, exclusivamente, en ofrecerle a la prensa internacional información sobre violaciones de los derechos humanos. Su fundador, Yndamiro Restano, estaba cumpliendo una condena de 10 años por "rebelión". "El mejoramiento de las telecomunicaciones coincidió con una campaña a favor de la liberación de Restano y de otros disidentes. Restano fue liberado en junio de 1995 a solicitud de la Danielle Miterrand, quien fue Primera Dama de Francia.

Ambas circunstancias motivaron a experiodistas, como Rivero, a abrir sus propias agencias, con el objetivo de concentrarse en la búsqueda tradicional de noticias. En un plazo de cuatro meses, cinco oficinas de prensa independiente comenzaron a funcionar en La Habana.

Colaboración desde afuera

Los periodistas empezaron enviar despachos diarios vía telefónica a Radio Martí y a radioemisoras de Miami. Sin máquinas de fax, computadoras, grabadoras ni máquinas de escribir, también dictaban sus artículos escritos a mano a colegas en los Estados Unidos y Puerto Rico, que más tarde los transcribían y trataban de venderlos a periódicos extranjeros. (Las notas de periodistas independientes han aparecido regularmente en El Nuevo Herald, la edición en español de The Miami Herald, de Miami, y en el Diario de las Américas, de la misma ciudad.)

Voluntarios en Miami y Europa crearon una página en Internet (http://www.cubanet.org) para los periodistas independientes cubanos, que se actualiza casi diariamente. Su organización, llamada CubaNet, envía los artículos por correo electrónico a una lista de suscriptores que en este momento son ya 700, incluyendo muchos en Cuba. (El acceso a Internet en la isla está limitado a instituciones oficiales y fundamentalmente es privilegio de personas que trabajan en el campo de las ciencias. Pero a menudo, aquellos que disponen de ese acceso distribuyen copias de los mensajes electrónicos entre sus amigos.)

Los esfuerzos internacionales no carecen de circunstancias irónicas. Uno de los representantes de la prensa independiente en el extranjero es Carlos Franqui, quien durante muchos años dirigió el diario más importante del gobierno cubano, luego del triunfo de Castro. Durante la revolución encabezada por Castro, Franqui publicó un periódico clandestino que apoyaba a las fuerzas alzadas contra el gobierno y, además, dirigió la emisora clandestina Radio Rebelde. Años después, desencantado con el gobierno de Castro, se unió a la comunidad exiliada en Puerto Rico.

Esos contactos internacionales han hecho que el gobierno acuse a la prensa independiente de colaborar con sus enemigos y, en particular, de recibir dinero del gobierno de los Estados Unidos. Las acusaciones molestan. Aunque aceptarían de buena gana trabajar para medios comerciales, específicamente se niegan a recibir cualquier tipo de pago de Radio Martí, debido a las connotaciones políticas que esto tendría. "Es una infamia contra la que constantemente tenemos que luchar", dice Rivero con evidente disgusto. "Hay miembros de la prensa independiente que se la pasan la mayor parte del mes sin dinero suficiente para comer".

Periodismo a mano

Con excepción de algunos pagos ocasionales que reciben de periódicos en el extranjero, los periodistas no reciben compensación monetaria por su trabajo. Sobreviven con la ayuda de sus familiares y amigos. Durante todo el año pasado recibieron ayuda de Reporteros sin Fronteras, que les envió 1.100 dólares mensuales para dividir entre todas las agencias de prensa independiente de la isla. Este año, sin embargo, ese dinero no ha vuelto a llegar, lo que significa que algunos de estos periodistas van a la cama con hambre.

En Cuba es el Estado quien ofrece las fuentes de empleo y, cuando un periodista renuncia a su trabajo, está privándose automáticamente de su sustento. Aunque el Estado ha legalizado más de 160 tipos de empleos privados, forzado por la crisis económica, el periodismo no está entre ellos. Los periodistas independientes tienen miedo de comprar artículos en el mercado negro –la principal fuente de productos de todo tipo– por temor a darle al gobierno una excusa para arrestarlos.

En la oficina de CubaPress, en una calle calurosa y estrecha de Centro Habana, Rivero bromea acerca de la falta de recursos, describiendo la agencia, jocosamente, como una "abstracción". En realidad, la oficina tiene solo una máquina de escribir antigua y una caja de cartón llena de files amarillos (el archivo de CubaPress), guardada en uno de los dormitorios. No tienen ningún efecto de oficina. A pesar de todo, Rivero muestra con orgullo pilas de artículos escritos a mano por los reporteros de la agencia.

"Creo que al principio el gobierno nos subestimó porque pensó que estábamos haciendo esto para conseguir una visa del gobierno americano y así dejar el país (como disidentes pidiendo asilo político)", afirma. "Un año y medio después, se dan cuenta de que estamos funcionando de manera profesional e imparcial, sin politizar las noticias y sin recibir dinero del gobierno de los Estados Unidos ni de ningún partido político, y se dan cuenta de que la mayoría de la prensa independiente, al menos en el caso de CubaPress, quiere continuar trabajando dentro de Cuba. Es por eso que han comenzado a temernos."

Los despachos de CubaPress cubren todos los temas, desde el paso de un huracán hasta violaciones de los derechos humanos. Poco a poco más y más personas están recurriendo a la prensa independiente para denunciar casos de corrupción o de injusticia. Un informe recibido gracias a una de esas fuentes, dio lugar a una historia que provocó muchos comentarios entre los habaneros. El Estado decidió intervenir las máquinas de helados que le había distribuido a vendedores callejeros. Para obtener los carros de helado, los vendedores tuvieron que pagar 2.000 pesos cubanos (una pequeña fortuna en un país donde el salario promedio mensual es de alrededor de 200 pesos.) La gente estaba enfurecida.

Rivero considera que el reportar ese tipo de incidentes no es ilegal, aunque la constitución cubana especifica que solo la prensa "oficial" tiene derecho a la libertad de expresión y que todos los medios de prensa son propiedad del estado. Por tanto, el código penal dispone que cada persona que pertenezca a una organización no registrada puede ser enviada a prisión por un período de uno a tres meses. Rivero esperaba evitar ese castigo intentando registrar oficialmente CubaPress, poco después de que la agencia fue constituida. En sus archivos guarda la solicitud original, con fecha del 3 de octubre de 1995. "Todavía no hemos recibido respuesta", indica.

¡No se acerquen!

Pero el gobierno cubano no ha ignorado la presencia de CubaPress o de otras agencias independientes. Los teléfonos de los periodistas son desconectados constantemente, lo que los obliga a inventar todo tipo de estrategias para llamar al extranjero. El gobierno, además, trata de que los periodistas extranjeros no tengan contactos con los reporteros independientes. En el otoño pasado, un periodista de El Nuevo Herald, de Miami, que visitó el apartamento de Rivero, fue detenido y más tarde expulsado del país.

Suzanne Bilello, en ese entonces miembro del Comité para la Protección de los Periodistas, con sede en New York, fue arrestada el 19 de junio pasado luego de pasar varios días en La Habana en reuniones con Rivero y otros periodistas independientes. Bilello fue interrogada durante tres horas. Sus libretas de apuntes, su libreta de teléfono, sus documentos personales y película fotográfica que llevaba consigo, le fueron confiscados y, se le exigió que abandonara el país al día siguiente. Un mes más tarde, a un periodista de Reporteros Sin Frontera, le negaron la entrada a la isla y lo obligaron a regresar en el siguiente avión con destino a París.

Según Reporteros Sin Fronteras, las autoridades cubanas realizaron 28 detenciones de periodistas entre enero y octubre de 1996. Rivero ha sido detenido dos veces desde que fundó la agencia. Olance Nogueras, un reportero investigativo que ha informado acerca de fallas en la construcción de la planta nuclear de Juraguá, en la provincia central de Cienfuegos, fue detenido en 16 oportunidades.

Las detenciones pueden durar entre unas cuantas horas hasta varios días. En febrero pasado, Rafael Solano, exjefe de Havana Press, estuvo detenido por 42 días. Cuando lo dejaron en libertad, como consecuencia de una protesta internacional, Solano reportó que le habían dado un ultimátum: enfrentar un juicio por "asociación con personas con intención de cometer un crimen" –una causa que ya tenía pendiente– o irse al exilio. Solano vive ahora en Madrid.

Los periodistas independientes han recibido amenazas de prisión por causas que van desde "descato" hasta "rebelión", "propaganda enemiga" y "divulgación de noticias falsas que amenazan la paz internacional". Aunque el gobierno aún no las ha cumplido, los periodistas dicen que el clima es cada vez más hostil. A finales de diciembre, la Asamblea Nacional aprobó la Ley de Reafirmación de la Dignidad y la Soberanía, también conocida como la ley "antídoto" contra la ley Helms-Burton, del gobierno de los Estados Unidos, que fortalece las sanciones económicas contra la isla. Sin embargo, los periodistas independientes le llaman la ley "mordaza" y afirman que está siendo utilizada para justificar los ataques contra el trabajo que ellos realizan.

Durante el acto de repudio que realizaron frente al apartamento de Rivero, el 10 de febrero de este año, un funcionario leyó en alta voz una parte de la ley, donde se establece que es ilegal proveer información al gobierno de los Estados Unidos o "colaborar" en los esfuerzos para poner en práctica la ley Helms-Burton. "La persona que vive aquí ha violado esta ley", declaró el funcionario. Escenas idénticas se representaron frente a las casas de otros cinco periodistas independientes.

Ana Luisa López Baeza, reportera de CubaPress, cree que en el acto de repudio que organizaron frente a su vivienda participaron tantas personas porque ella es una de las periodistas que más se escucha a través de Radio Martí. Además, durante muchos años escribió para la prensa oficial y fue una de las más fervorosas admiradoras del régimen. "Yo amaba la revolución cubana", confiesa. "Yo amaba a los líderes de la revolución. Yo amaba entrañablemente a Fidel Castro", admite.

Sus sentimientos comenzaron a cambiar a finales de los ochentas. En 1989 estuvo presente en el juicio contra Arnaldo Ochoa, el conocido general del Ejército acusado de corrupción y tráfico de drogas y más tarde fusilado. Como muchos cubanos, López Baeza se opuso a la ejecución y aún piensa que muy probablemente estuvo motivada porque Castro vio en Ochoa una amenaza política. La sentencia de Ochoa, además, vino acompañada de una advertencia para los periodistas independientes. En un discurso transmitido por televisión, Raúl Castro dio a entender que el arresto de Ochoa se debió en parte a sus puntos de vista a favor del glassnot, la política del entonces presidente soviético Mikhail Gorbachev a favor de propiciar una apertura en la prensa.

Después del juicio, López Baeza comenzó a sentirse cada vez más molesta en su trabajo en la prensa oficial. "En Cuba, los periodistas nunca pueden revelar nada que no sea aprobado por el Gobierno o por el Partido", afirma.

Irónicamente, las manifestaciones de repudio contra estos periodistas independientes coincidieron con la noticia de que la CNN había recibido un permiso del gobierno de los Estados Unidos para abrir la primera oficina de prensa estadounidense en la isla después de casi 30 años.

Una semana después del acto de repudio frente al apartamento de López Baeza, periodistas independientes de la ciudad de Santiago de Cuba, en el oriente de la isla, reportaron que dos de sus colegas habían sido detenidos. Desde inicios de este año las detenciones contra periodistas han sido muy frecuentes.

Recientemente, el vicepresidente de la Unión de Jóvenes Comunistas publicó un artículo en el diario Juventud Rebelde, de esa organización, en el que acusaba a la prensa independiente de contribuir con la campaña de desinformación más viciosa que se haya conocido en Cuba. La nota, titulada "Sin fronteras pero con principios", decía que los periodistas independientes estaban haciendo "contrarrevolución".

"Yo sé como funciona este gobierno", asegura Rivero luego de leer el artículo. "Creo que el gobierno ha determinado acabar con la prensa independiente". Rivero predice arrestos masivos en los próximos meses. "Están tomando estas medidas para que nadie se sorprenda", continúa, refiriéndose a la reciente ola de actos de repudio y de detenciones. "En el mismo momento en que esto se convierta en una información que gracias a repetirla y repetirla tanto se vuelva trivial y cotidiana, en ese momento ellos van a incinerarnos a todos", advirtió.

Si eso ocurre, Cuba estará apartándose de una de las pocas avenidas que le quedan para la transición pacífica hacia una sociedad más democrática y económicamente eficiente. Los norteamericanos que creen que los cubanos merecen el derecho a decidir el futuro de su país, perderán a valiosos aliados. Y los cubanos que buscan acabar con las injusticias cotidianas de un sistema que les niega el derecho a protestar, quedarán abandonados.

Nota de la Redacción: Recientemente, Lázaro Lazo y Olance Nogueras Rofes, dos destacados periodistas independientes, fueron detenidos por el gobierno y puestos frente a la disyuntiva de permanecer en prisión o salir inmediatamente del país. Ambos se encuentran ahora en el exilio, en los Estados Unidos.


(Elise Ackerman. Periodista estadounidense. Reportera de U.S. News & World Report.)

 

 

CENTRO INTERNACIONAL DE PRENSA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI - 2000