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Excélsior,
historia de una revuelta incompleta
Por Raúl
Trejo Delarbre
Medio
año después de la sustitución de su director
general y de haber declarado su independencia respecto al
gobierno, el destino de Excélsior sigue siendo
incierto. El que durante varias décadas fuera el diario
más importante de México y uno de los principales
en América Latina padece una profunda crisis financiera
y no ha logrado renovar su oferta informativa ni editorial,
a pesar de los esfuerzos de sus trabajadores.
El 20 de octubre del año pasado la historia de Excélsior,
que llevaba casi un cuarto de siglo adherido al poder político,
experimentó un viraje drástico aunque aún
no se sabe si fue definitivo. Ese día los trabajadores
del diario expulsaron a los principales funcionarios editoriales
y administrativos y nombraron una nueva directiva.
Fundado en 1917, cuando todavía estaban presentes las
tensiones por la guerra de Revolución en México,
Excélsior se transformó en cooperativa
en 1932. Desde entonces fue propiedad de sus trabajadores.
A la asamblea de cooperativistas corresponde designar a las
autoridades del diario y conocer la situación financiera.
Ese régimen de propiedad permite que las ganancias
de la empresa se distribuyan entre todos pero tiene inconvenientes:
las asambleas no siempre son el mejor espacio para tomar decisiones
periodísticas o financieras.
La
expulsión de Scherer, hace 25 años
En julio de 1976 una asamblea de cooperativistas destituyó
al director de Excélsior, Julio Scherer García,
quizá el periodista más destacado en la segunda
mitad del siglo XX mexicano. Scherer y docenas de colegas
suyos que junto con él salieron del periódico
aseguraron que aquella asamblea había sido manipulada
por el gobierno para acabar con su gestión, durante
la cual había hecho de Excélsior el diario
más profesional de la prensa mexicana en aquella época.
Otra versión indica que ese periodista había
perdido la confianza de los cooperativistas porque, al hacer
un periódico menos adocenado a la voluntad del gobierno,
sus ingresos publicitarios habían caído significativamente.
En México todos los diarios y revistas dependen, en
diversos grados, de la publicidad pagada por el gobierno.
Para sustituir a Scherer los trabajadores de Excélsior,
manipulados o no, designaron a Regino Díaz Redondo.
A raíz de aquel episodio los periodistas que salieron
del diario fundaron nuevas y vigorosas publicaciones. Scherer
y sus más allegados crearon el semanario Proceso.
Otros, encabezados por Manuel Becerra Acosta, fundaron el
diario Unomásuno de donde varios se escindieron
más tarde para en 1984 crear La Jornada.
La escuela del Excélsior de los años
setenta se extendió e incluso, no desapareció
del todo en ese mismo diario. Aunque con altibajos, el periódico
mantuvo parte de la calidad que había logrado en la
administración anterior y, por mucho que les pesara
a quienes habían salido de él y a los muchos
lectores que simpatizaban con ellos, al menos durante 10 años
más Excélsior siguió siendo el
diario más importante de México.
Una de las claves de su éxito era la complacencia del
gobierno que no sólo patrocinaba generosamente cada
edición de Excélsior sino que lo favorecía
con informaciones exclusivas o privilegiando a sus periodistas.
Otra, era el profesionalismo que distinguió a muchos
de los reporteros y escritores de ese periódico. En
sus páginas tamaño diario, cuya diagramación
cambió poco en el transcurso de varias décadas,
había cabida para densos y extensos textos que no encontraban
espacio en el periodismo "light" y breve de publicaciones
más nuevas o en las dimensiones estrechas de los nuevos
periódicos tamaño tabloide.
Se
volvió un diario viejo en una sociedad que se renovaba
Excélsior siguió siendo el diario mexicano
de referencia pero se estancó en sus laureles. En los
años noventa, mientras se desarrollaba una prensa de
mayor búsqueda en forma y contenidos y en ocasiones
apoyada por grandes capitales, Excélsior mantenía,
en lo fundamental, las mismas características que lo
habían distinguido 20 años antes. Tenía
excelentes reporteros y en sus espacios de opinión
participaban analistas relevantes, pero se rezagaba respecto
a periódicos más dinámicos y mejor sintonizados
con los cambios que experimentaba la sociedad mexicana.
Los principios éticos no fueron la mejor virtud de
Excélsior en esa época. No puede decirse
que todos los que hacían el diario estuvieran supeditados
a intereses extraperiodísticos, pero sí que
algunos de sus directivos y reporteros ejercían un
tráfico de influencias que en ocasiones, lindaba con
la corrupción. En la década anterior no fue
un secreto que muchas de las notas que aparecían en
la columna política cotidiana de Excélsior
(llamada Frentes Políticos) eran pagadas,
igual que muchas informaciones que aparecían, en distintas
páginas, como si fuesen material investigado por los
reporteros. Esa ha sido y sigue siendo una práctica
de numerosos periódicos mexicanos que no le advierten
al lector cuándo una información es en realidad
material publicitario que se presenta como noticia. Excélsior
era de los diarios que más acudían y lo
sigue haciendo a ese recurso.
Excélsior se volvió un diario viejo en
una sociedad que comenzaba a modernizarse. El cambio político
que se extendió en México hizo poca mella en
las páginas de ese periódico. Tal incapacidad
para cambiar influyó para que desde mediados de la
década pasada el diario entrase en una aguda crisis
financiera. Hacia 1995 la empresa que edita el periódico
El Economista intentó comprar Excélsior
pero los trabajadores de la cooperativa se opusieron. En aquel
momento se habló de una transacción que podía
ascender a 250 millones de dólares. Además del
nombre y la tradición periodística que implica,
Excélsior tenía un considerable patrimonio
inmobiliario. El edificio principal del periódico ocupa
un enorme predio en la esquina de Reforma y Bucareli, uno
de los sitios más transitados de México y en
donde el terreno es más costoso.
Excélsior pudo resolver aquella crisis gracias
a un crédito bancario que le facilitó el gobierno.
Pero después de aquel intento cada año había
versiones sobre una posible venta. Cada vez que se reunía
la asamblea de cooperativistas negaba esas versiones y al
día siguiente la primera plana del diario proclamaba
que la empresa no cambiaría de manos. Sin embargo las
deudas crecían y los trabajadores comenzaron a preocuparse
realmente cuando advirtieron que había dificultades
para pagarles sus salarios. Aunque aseguraba que imprimía
más de 100 mil, los ejemplares diarios de Excélsior
no eran más de 35 mil (de los cuales quizá se
vendía apenas la mitad).
Se
enfrentó a Fox y perdió; entonces se apresuró
la venta
Maltrecho financieramente, en el plano político Excélsior
hizo una apuesta que lo devastó. Durante la campaña
previa a la elección presidencial del 2 de julio de
2000, el periódico apoyó abiertamente la candidatura
del PRI, el partido que había gobernado México
desde 1929. No fue solo una definición editorial: el
contenido informativo del periódico se volcó
a favor del candidato de ese partido, Francisco Labastida,
y las notas sobre la campaña de Vicente Fox eran relegadas.
Incluso el 7 de junio Excélsior destinó
sus ocho columnas a publicar como noticia parte del contenido
de un panfleto en donde se difamaba a Fox y se hacían
acusaciones no comprobadas sobre los fondos con los que sostenía
su campaña. El distanciamiento entre Excélsior
y ese candidato era evidente. Dos días después
de las elecciones el director del diario, Regino Díaz
Redondo, tuvo que publicar en primera plana un texto suyo
reconociendo que había estado en contra de Fox pero
que en adelante, no sería un periódico
de oposición ni de rencores.
La oposición, en realidad, Díaz Redondo la tenía
en su propia casa. La incertidumbre sobre el rumbo de Excélsior
era comentada dentro y fuera del periódico. La situación
financiera no permitía que los salarios de los trabajadores
se pagasen a tiempo y completos. Entonces Díaz Redondo
buscó un inversionista para ofrecerle el periódico.
Al parecer se contemplaron varias posibilidades. Durante meses
circularon los nombres de algunos de los empresarios mexicanos
más adinerados como posibles compradores de Excélsior.
En octubre Díaz Redondo llegó a un acuerdo con
Olegario Vázquez Raña, dueño de los hospitales
privados más grandes de México, de una docena
de aeropuertos y de otros negocios dentro y fuera del país.
No se ha revelado el monto que hubiera alcanzado esa transacción.
Olegario Vázquez (cuyo hermano Mario es propietario
de la Organización Editorial Mexicana, que reúne
a varias docenas de periódicos en todo México)
asegura que para formalizar la compra le puso como condición
a Díaz Redondo que fuese aprobada por la asamblea de
cooperativistas. Después de todo, el monto de la transacción
tendría que ser distribuido entre ellos. Como muestra
de su compromiso Olegario Vázquez hizo un depósito
de cien millones de dólares.
20
de octubre, inicio de una nueva e incierta etapa
Díaz Redondo citó a asamblea para
el 20 de octubre de 2000. Los rumores sobre la propuesta de
venta tenían incómodos a los cooperativistas
y muchos pensaron que Díaz Redondo se aprovecharía
de ellos para lograr una operación donde él
llevaría una ganancia muy alta. Esas versiones y la
desazón que causaba la posibilidad de perder el diario,
junto con agravios acumulados por varios años, condujeron
a una rebelión de los trabajadores de Excélsior.
A la asamblea asistieron 773 de los 916 miembros de la cooperativa.
En vez de discutir la venta, aprobaron por mayoría
la destitución de Díaz Redondo y otros 11 directivos,
todos miembros de la cooperativa. La reportera Patricia Guevara
fue electa como nueva directora general. Excélsior
recupera su independencia; no está en venta,
rezaba al día siguiente una destacada información
en la primera plana del periódico.
La decisión de los trabajadores de Excélsior
fue vista con simpatía en diversos segmentos de la
sociedad y la política mexicanas. Ello no ha bastado
para redimir al periódico de las contrariedades económicas
que ya padecía. Algunas empresas que no se anunciaban
en Excélsior comenzaron a hacerlo y otras aumentaron
sus inserciones pagadas. Sin embargo, con pocos recursos,
el diario no ha experimentado una renovación notable.
La mayor parte de sus reporteros y articulistas forman parte
de la plantilla que trabajó bajo la dirección
de Díaz Redondo. En marzo de 2001 Excélsior
celebró su 84 aniversario pero se mantienen dudas sobre
su destino. Muchos cooperativistas consideran que podrán
evitar que su empresa se hunda financieramente pero otros
evalúan la posibilidad de aliarse con un inversionista
o, de plano, la venta de la casa Excélsior.
Díaz Redondo y quienes fueron expulsados con él
aseguran que sus derechos legales fueron violentados y han
tramitado una reparación judicial. En respuesta, los
actuales directivos de Excélsior aseguran que
en octubre de 2000 Díaz Redondo ya había tramitado
la venta de bienes del diario, lo cual podía haber
sido ilegal porque esa operación no la había
aprobado la cooperativa.
Cada día que pasa y el diario aparece, los nuevos directivos
de Excélsior dan un paso adelante. La circulación
no ha mejorado sustancialmente pero, según dicen ellos
mismos, han logrado cobrar suficientes facturas para sufragar
los gastos del medio año que llevan a cargo de la empresa.
Las dificultades de fondo no se han resuelto. Se mantiene
una deuda fiscal por cerca de 40 millones de dólares
y toda la infraestructura del periódico requiere de
un remozamiento que sólo podría conseguirse
con una importante inyección de capital.
Medio año después de cambiar de director, los
cooperativistas de Excélsior aún dudan
entre mantenerse como dueños del periódico o
encontrar un socio en el cual puedan confiar. La revuelta
que protagonizaron el 20 de octubre aun dista de haber rendido
suficientes frutos.
Esa incertidumbre no les quita la esperanza sobre el destino
del periódico. Ellos no son los únicos satisfechos.
Entre quienes más festejaron la destitución
de Díaz Redondo se encuentran los periodistas que en
1976 fueron expulsados para ponerlo a él en su lugar.
Una de las primeras llamadas que Patricia Guevara recibió
después de haber sido designada fue de Julio Scherer,
su predecesor hace un cuarto de siglo.
Raúl
Trejo Delarbre es el director de la revista etcétera
en Ciudad México.
(14
de mayo del 2001)
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