Etica y cobertura
de elecciones
Este es
el primero de una serie de artículos sobre la cobertura de elecciones,
escrito por Charles Green, director del Centro de Prensa Internacional
de la Universidad Internacional de la Florida. Green fue director
del Programa Latinoamericano de Periodismo (PROCEPER).
En 1960, cuando John F. Kennedy luchaba
por alcanzar la presidencia de los Estados Unidos yo era apenas
un joven reportero que estaba aprendiendo a cubrir
campañas electorales. Durante los últimos 38 años
han pasado por mis libretas de notas muchas campañas en muchos
países. Espero que aprendí casi siempre a fuerza de equivocarme
algunas cosas que ayudarán a los periodistas de
hoy a hacer el tipo de trabajo periodístico que los ciudadanos
merecen y esperan de una prensa libre en una democracia moderna.
Para mí hay tres
ideas básicas en la cobertura de campañas electorales. Estas
ideas son simples, pero ponerlas en práctica de una manera seria
y profesional, en medio del calor de una campaña presidencial,
no es tan fácil. Las tres ideas son:
- Mantener
la ética.
- Asumir
responsabilidad
- Involucrar
a los ciudadanos
En este primer artículo
quiero abordar el tema de la ética periodística en la cobertura
de campañas electorales. Para los periodistas no hay nada más
importante que la ética. Un periodista tiene una sola cosa verdaderamente
valiosa: su credibilidad. Un periodista que pone en peligro
esa credibilidad, a la larga no le es útil ni a la sociedad
ni a su profesión.
La credibilidad se
construye sobre muchas cosas. De ellas, una de las más importantes
es la percepción. Si las personas perciben que hemos perdido
la credibilidad, de hecho la hemos perdido. Por lo tanto, los
periodistas, igual que la esposa del César, debemos evitar incluso
que los demás tengan la percepción de que algo se está haciendo
mal.
Siempre nos excusamos
cuando violamos aquellos parámetros establecidos por periodistas
que a través de décadas han aprendido a golpes cuál debe ser
nuestro papel en la sociedad. Es preciso que nos demos cuenta
de que lo mismo ponemos nuestra credibilidad en peligro cuando
cometemos cualquier tipo de violación ética, ya sea pequeña
o grande. Un reportero que recibe dinero de un candidato o de
un partido es inservible para la sociedad, y, por lo tanto,
para sí mismo y para su medio de prensa.
El reportero que
acepta participar gratuitamente en un viaje de campaña de un
candidato, también está arriesgando innecesariamente su credibilidad.
Y lo mismo ocurre con el reportero que acepta una comida gratis
de un candidato, de un partido, o de un funcionario del gobierno.
Podremos decir que
no hay político que pueda comprarnos por el precio de una comida,
de una botella de vino o de un paseo en avión a la costa. Eso
probablemente sea cierto, pero ante los ojos del público, del
hombre de negocios que sentado a la mesa contigua ve que nuestro
entrevistado es quien paga la cuenta, hemos sido comprados.
Es fácil caer en
trampas éticas, trampas que a veces no son intencionales. En
la época en que trabajaba como ejecutivo de noticias de Associated
Press a menudo alertaba a mi personal, al igual que hoy
en día alerto a mis estudiantes, para evitar que su ego prevalezca
sobre los valores éticos. A todos nos gusta que nos halaguen
y es muy halagador que el presidente nos invite a la casa de
gobierno para tomar unas copas en privado o para compartir una
cena privada. Esas son invitaciones a las que probablemente
uno no se negaría, pero es preciso que usted se pregunte por
qué lo están invitando. Seguramente no es porque lo considere
un gran cuentista o un gran escritor, o porque necesite de su
consejo para dirigir el país. Simplemente es por la posición
que usted tiene como ejecutivo de noticias, reportero de temas
políticos o como un columnista que moldea la opinión pública.
Si en lugar de periodista usted fuera maestra de una escuela,
¿cree que el presidente lo invitaría?
Pienso que cada periódico,
revista o noticiero que se considere a sí mismo como profesional;
cada organización que verdaderamente esté interesada en el bienestar
del país en cualquier campaña, debe preparar un código de ética
para todos sus reporteros y editores. Este código debe ser de
cumplimiento obligatorio, especialmente para aquellos responsabilizados
en realizar la cobertura de las elecciones. Un reportero que
viole esos patrones de conducta debe enfrentar castigos severos,
incluso, la pérdida de su empleo.
Ya existen muchos
códigos de ética, por lo que no es necesario inventar uno nuevo.
Solo se necesita adaptarlo a sus circunstancias particulares.
Y los reporteros deben tomar parte de la discusión.
Es preciso que preparen
su cobertura con suficiente anticipación. Un código de ética
es simplemente parte de los preparativos. Cuando el entrenador
del equipo nacional de fútbol se ocupa de que los jugadores
practiquen todos los días, los está preparando para las situaciones
que enfrentarán cuando el juego verdadero comience. Cualquier
periodista con más de una semana de experiencia profesional
sabe que las decisiones difíciles son las que se tienen que
tomar en momentos difíciles. Y esas decisiones llegan cuando
uno está a punto de la hora de cierre, cuando uno tiene apenas
unos pocos minutos para poner en una balanza las consecuencias
de nuestras decisiones. La columna sobre ética que yo escribí
para la revista Pulso
del Periodismo se titula "La cuerda floja" justo
porque creo que los periodistas siempre estamos caminando por
una cuerda floja. Cuando el fallecido periodista costarricense
Guido Fernández, terminó de escribir un libro sobre ética, lo
tituló "Agonía a la hora del cierre",
porque en ese preciso momento es cuando uno tiene que tomar
las decisiones más difíciles.
He aquí un ejemplo
de lo que eso significa. Durante la campaña presidencial de
1996, en los Estados Unidos, Bob Dole tropezó y se cayó de una
plataforma durante una visita a California. La agencia de noticias
Reuters transmitió una
secuencia de cinco fotografías. Una mostraba a Dole en el piso.
El mensaje que ofrecía la foto era de dolor, fragilidad, herida,
debilidad, ira, angustia. Pero la quinta fotografía de la secuencia
mostraba a Dole levantando el puño después de levantarse, en
un mensaje de alivio, disgusto, pena, ira, humor y capacidad
de recuperación. ¿Qué foto publicar? Esa es una pregunta ética
que muchos editores enfrentan a la hora de cierre.
¿Es ético que un
individuo o una familia que posea un medio de prensa participe
activamente como candidato en una campaña presidencial? ¿Es
ético que un periodista se postule para un cargo en el gobierno?
Mi respuesta es usualmente la misma en ambos casos: No. Pero
esa es solo mi opinión personal. Hay quienes argumentan que
si esa persona o esa familia sabe apartar una cosa de otra,
no incurre entonces en ningún tipo de violación ética.
Pero esto último
casi nunca ocurre. Por lo general, a las organizaciones de prensa
se les ordena o se les manipula para que favorezcan la candidatura
de su propietario.
Por otra parte, no
pienso que ningún periodista en funciones debe postularse para
un cargo político. Si un periodista siente con tanta fuerza
el deseo de entrar en la política, debe renunciar. El solo hecho
de postularse va a afectar su credibilidad como periodista.
He visto a medios
de prensa sufrir consecuencias lamentables debido a que las
ambiciones políticas de sus dueños han sido mayores que el juicio
económico y periodístico de estos. Un diario cuyo propietario
es un candidato a la presidencia no puede pensar que no confrontará
problemas. Los votantes que favorezcan a los otros candidatos
no confiarán en la cobertura de campaña de dicho diario. Un
periódico en Centroamérica perdió alrededor del 70 por ciento
de su circulación cuando su dueño decidió postularse para presidente.
Los anunciantes que favorecían a los candidatos contrarios dejaron
de anunciarse en sus páginas. Cuando Violeta Chamorro dueña
de La Prensa , ganó la presidencia de Nicaragua, el periódico
tuvo que trabajar duro para redefinir su papel. ¿Debían ser
un periódico abiertamente pro-gobierno, aun a sabiendas de que
de esa manera unirían contra ellos a toda la oposición política
y periodística, o debían tratar a su presidenta de una manera
justa, pero crítica?
Después de decir
esto, debo aceptar que muchos dueños de periódicos y muchos
periodistas se han convertido en políticos y han tenido éxito.
Warren G. Harding,
el vigésimo noveno presidente de los Estados Unidos, fue un
editor de periódico que se convirtió en político. Albert
Gore, el actual vicepresidente, fue reportero de un diario
de Nashville antes de entrar en la política.
William
Randolph Hearst fue un agresivo dueño de periódicos que
fundó una
cadena
que aún existe 47 años después de su muerte. Además de haber
sido uno de los editores de periódicos más poderosos de la historia
de los Estados Unidos, Hearst también fue político. Fue miembro
de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos durante
dos períodos y se postuló, aunque sin éxito, para gobernador
del estado de Nueva York, al mismo tiempo que escribía columnas
regulares y dirigía los asuntos editoriales y de negocios de
sus periódicos.
Hearst fue también
quien desde sus periódicos lanzó arduas campañas a favor del
inicio de la guerra Hispano-Americana, y quien envió al artista
Fredrick Remington a Cuba para ilustrar las historias sobre
la guerra que él mismo estaba fomentando.
Desde Cuba, Remington
le envió este cable a Hearst: "No hay guerra. Solicito
regresar." Hearst le respondió con otro cable: "Por
favor, quédate. Encárgate de dibujar que yo me encargo de la
guerra."
Joseph Pulitzer,
quien estableció el premio periodístico que lleva su nombre
y que es el más prestigioso de su tipo en los Estados Unidos,
se postuló a un puesto en la legislatura estatal y ganó, al
mismo tiempo que trabajaba como reportero de un periódico de
St. Louis. Pulitzer consideró que podía tener más influencia
en los temas políticos desde afuera y, como dueño de un periódico
en la ciudad de Nueva York, organizó muchas cruzadas periodísticas.
Una de las más famosas fue recaudar dinero de los lectores para
construir el pedestal de la Estatua de la Libertad.
Pulitzer, y muchos
otros editores de todo el mundo, han respaldado a candidatos
durante distintas campañas por la presidencia. No hay nada incorrecto
en eso. Es algo que forma parte de la historia y de la tradición
de la prensa libre. Pero los periódicos buenos respaldan a los
candidatos en sus editoriales, nunca en sus historias noticiosas.
En estos tiempos, el respaldo que un medio de prensa le de a
un candidato en sus editoriales tiene muy poco impacto en los
votantes porque muchos lectores han perdido la confianza en
las coberturas de campaña en general.
Charles
Green, director del Centro de Prensa Internacional
de la Universidad Internacional de la Florida. Green fue director
del Programa Latinoamericano de Periodismo (PROCEPER).