Indignación
y extrañeza fue lo que imperó en la mayoría de los lectores
del periódico La Nación, de Costa Rica, la mañana del
pasado 22 de octubre. ¿El motivo? Descubrir que las 12 primeras
páginas destinadas a información nacional e interés general
fueron utilizadas para dar cabida a un fallo condenatorio dictado
por el Tribunal Penal del Segundo Circuito Judicial de San José
en contra de este medio de comunicación.
Los
114 folios de la extensa sentencia no tienen antecedentes en
la historia de este país conocido mundialmente por su democracia
y por la libertad de expresión de la que gozan sus ciudadanos.
¿Pero cuál fue el pecado? Simplemente ejercer un derecho de
todo periodista: darles a conocer a los ciudadanos el resultado
de una investigación sobre el uso indebido de recursos públicos.
En
1997, dos periodistas de La Nación investigaron e informaron
a los lectores sobre el uso de armas oficiales y de un automóvil
gubernamental por parte de un exfuncionario público. Pese a
que el artículo fue respaldado por una investigación seria,
ambos periodistas y el director del diario fueron acusados de
supuestos delitos de calumnia y difamación. Aunque finalmente
resultaron absueltos de ambos cargos, se les condenó por injuria,
un delito que el querellante ni siquiera había planteado. Además,
se exigió la publicación de la sentencia en las 12 primeras
páginas del periódico.
El
22 de octubre, en una carta a los lectores, Eduardo Ulibarri,
director de La Nación, manifestó algunos puntos de vista
importantes para quienes ejercemos el periodismo: “Con esta
sentencia se ha cometido un grave error; peor todavía, se ha
causado un severo daño al periodismo y al ejercicio democrático
en el país. En lo personal (sentimiento que comparto con mis
colegas Moya y Guevara) me causa gran pesadumbre enfrentar una
condena penal por ejercer mi profesión con honestidad y sentido
de responsabilidad. Que así sea en un país libre resulta un
trágico contrasentido, una ineludible señal de alarma. Pero
lo que más me preocupa, y sobre lo que deseo que usted reflexione,
son los efectos que todo esto tendrá para el país y para su
condición como sociedad abierta, compuesta de ciudadanos bien
informados y libres de sus actos, pensamientos y expresiones.”
“También
me preocupa, al igual que a muchos otros colegas responsables,
que, al contrario de tantas democracias, todavía nuestra legislación
ubique en el campo del delito penal temas que, como las opiniones
y expresiones, pertenecen al ámbito civil y, más aún, al constitucional,
por referirse a derechos individuales y ciudadanos básicos.”
“Esta
sentencia desmesurada la hemos cumplido, pero bajo la protesta
a la que nuestra condición de ciudadanos libres nos da derecho.
La única esperanza es que sirva como una llamada de atención
para usted y muchas otras personas, y que surja un movimiento
de opinión vigoroso a favor del ejercicio libre de la información
y la crítica. Nunca debemos olvidar, como alguna vez dijo Thomas
Jefferson, que “el precio de la libertad es la vigilancia eterna”.
La
Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que en el propio mes
de octubre se había reunido en Houston, Texas, para celebrar
su asamblea anual, envió una carta de protesta y mostró preocupación
por el singular precedente para la libertad de prensa que estableció
la sentencia en mención.
Políticos
y periodistas de otros medios también demostraron su solidaridad
con La Nación. Daniel Gallardo, jefe de la facción legislativa
del Partido Liberación Nacional (PLN), manifestó que “impulsará
una comisión mixta, formada por diputados, periodistas y representantes
de los medios de comunicación, para buscar acuerdos de consenso
sobre los cambios que se requieren para modernizar las leyes
de prensa”. Por su parte Eliseo Vargas, jefe de la bancada del
Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) dijo: “La prensa es parte
del control en todos los ámbitos de la vida nacional. Entre
más amplia sea la posibilidad de que exista ese control en el
quehacer nacional, más se fundamenta la libertad de prensa”.
La
Defensora de los Habitantes, Sandra Piszk, comentó que “los
costarricenses tienen derecho absoluto de conocer las acciones
de los funcionarios públicos, además de que es un principio
que éstos rindan cuentas y que la prensa informe. La Defensoría
propugna por todo lo que
significa transparencia y rendición de cuentas”.
Colegas
de diferentes medios también mostraron preocupación por las
consecuencias que este fallo puede traer. Marielos Gutiérrez,
directora de Noticias Monumental; William Gómez, director del
diario Extra; Greivin Moya, jefe de información de Hechos,
Canal 4, coincidieron en que este tipo de precedentes daña la
imagen del país ante el mundo y que sienta un precedente de
temor cuando un periodista trate de denunciar situaciones similares.
Finalmente,
Enrique Villalobos, presidente del Colegio de Periodistas manifestó:
“Con este fallo, esta vez se vio afectado un medio escrito serio
y de trayectoria. La Nación por ser un medio fuerte,
pudo salir adelante con el pago de la sentencia pero qué hubiera
pasado si esto le ocurre a otro periódico más pequeño. El impacto
económico sería catastrófico.” Villalobos también comentó que
debería replantearse en la ley si en delitos contra el honor
se debe publicar toda la sentencia.