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En la telaraña de la justicia
Por Wilmer Pérez Regalado

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Un juez haciendo el amor en su despacho. Otro juez negociando a través de un celular con una banda de criminales en el presidio. Un tercero que vendió o se apropió de un lote de armas que eran pieza de convicción de varios juicios.

Esa es la realidad de la justicia hondureña que muy pocos se atreven a contar, a no ser unos tres o cuatro periodistas de San Pedro Sula –la segunda ciudad en importancia de Honduras– y en la capital, Tegucigalpa. Estos periodistas se erigen hoy como los defensores de una población indefensa ante la tupida maraña de corrupción que corroe el Poder Judicial, desde el más avispado escribiente de un juzgado hasta las altas esferas de la Corte Suprema de Justicia.

Aunque las autoridades lo niegan oficialmente, existe una presión directa e indirecta contra los medios de prensa y los periodistas hondureños que se atreven a denunciar los malos pasos y los escandalosos negocios que se incuban tras los muros de las prisiones o en las oficinas de algunos jueces que manejan procesos civiles y criminales.

Los mecanismos para callar a la prensa llegan regularmente por tres vías: la intimidación velada o abierta, el soborno o la entrega de favores y privilegios. Cuando no hay formas de detener las denuncias, se incoan juicios.

Arnulfo Aguilar y Serapio Umanzor, ambos periodistas del diario La Prensa, de San Pedro Sula; Luis Alfredo Martínez, hoy en la agencia ACAN (Agencia Centroamericana de Noticias), y Sandra Maribel Sánchez, de Radio América, son algunos de los comunicadores que tienen procesos pendientes en los tribunales hondureños.

En Honduras, la Ley de Emisión del Pensamiento supuestamente protege la libertad de información. Sin embargo, en la práctica es solo papel mojado: ni los propios medios de comunicación la respetan.

El artículo 2 de esta ley dice textualmente: "La libertad de expresión del pensamiento e información son inviolables. Este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y de transmitirlas y difundirlas por cualquier medio de expresión".

Se presume también que la ley fundamental, la Constitución de la República de Honduras, protege el derecho a informar. Dice el artículo 72: "Es libre la emisión del pensamiento por cualquier medio de difusión sin previa censura". La interpretación que se da a este artículo es que existe responsabilidad para los que abusen de este derecho, lo restrinjan o impidan su aplicación.

Arnulfo Aguilar, tal vez uno de los periodistas más perseguidos por el sistema judicial hondureño por denunciar y provocar la destitución de más de 60 funcionarios judiciales en tres administraciones, mantiene en estos momentos con un pie afuera y un juicio en la espalda al actual tribunal supremo por dos nombramientos irregulares sancionados por el Código Penal vigente.

En Honduras los nombramientos de jueces corresponden al pleno de la Corte Suprema de Justicia, pero en el último período de gobierno este cuerpo jurídico –en un hecho sin precedentes– ha delegado en su presidente, Oscar Armando Avila, la firma de los acuerdos de contratación y separación del personal del Poder Judicial.

lito.gif (23569 bytes)El año pasado, Aguilar pudo investigar que dos funcionarios, uno del Juzgado Primero de Letras de lo Criminal y otro de la Inspectoría de Juzgados y Tribunales de la costa norte, habían sido colocados ilegalmente en esos cargos.

Estas dos personas son Crescencio Rodríguez, que llegó a ser juez del mismo juzgado donde está procesado y goza de libertad bajo fianza por la comisión de dos delitos de orden público; y Jesman Madrid, quien había sido nombrado subinspector sin haber recibido el título como licenciado en Derecho, uno de los cuatro requisitos elementales para ocupar el delicado cargo.

Arnulfo Aguilar

A raíz de la investigación periodística sobre la pérdida de un juego de tarjetas de crédito, piezas de convicción contra un grupo de narcotraficantes polacos, Aguilar mantuvo una confrontación pública con la jueza Marta Merino, la que como epílogo del altercado abrió un juicio contra él por desacato o falta de respeto a la autoridad.

"El juicio en mi contra comenzó en agosto de 1998 por denunciar a una jueza, Marta Delia Merino, por la pérdida de varias tarjetas de crédito y posterior liberación de sus propietarios", dijo Arnulfo Aguilar. "Eran narcotraficantes extranjeros, de esos que casi no calientan las tarimas de las cárceles hondureñas".

El proceso no ha seguido su curso normal porque en los tribunales sampedranos lo han movido conforme a los intereses del Poder Judicial. Por esta razón, una barra de abogados considera que este juicio no tiene garantía de imparcialidad porque quien lo patrocina es el sistema que persigue e intimida al investigador.

El exmagistrado Saúl Muñoz Orellana, refiriéndose a la "cacería" contra Aguilar, dijo que "es lamentable que la justicia se utilice para reprimir a quienes vigilan por su correcta aplicación".

A criterio de este experimentado jurista, en Honduras "los jueces no temen tanto a la ley sino a la información periodística. Ellos son capaces de hacer y retorcer la ley, pero se contienen ante la presencia de la prensa".

Como efecto del escándalo de corrupción, insostenible para la Corte Suprema, la licenciada Merino –que había sido aplazada en su examen para obtener el título de abogada– finalmente fue reubicada como relatora de la Corte de Apelaciones de San Pedro Sula.

Merino ha sido cuestionada por varios casos que instruyó en su juzgado, incluyendo el de un empresario nicaragüense acusado de una estafa millonaria. El inversionista extranjero, identificado como Carlos Humberto Cantor González, a pesar de enfrentar dos procesos, fue liberado por Merino por uno de los delitos, pero ella extrañamente no notificó al penal que tenía otros cargos pendientes. Cantor González salió del presidio sampedrano en un carro con vidrios polarizados, abordó un helicóptero que lo esperaba en un punto de la ciudad y se largó de Honduras.

Pero quizá una de las destituciones que no olvida el presidente de la Corte, el abogado Avila Banegas, es la de su ex esposa Elizabeth Gatica, que fungió como jueza de Menores y que fue investigada profusamente por la prensa, especialmente por el reportero Aguilar, hasta que Gatica cayó del cargo.

Ella fue sometida a una pesquiza por denuncia de pagos irregulares a cambio de la liberación de adolescentes infrasctores. En 1997, la señora Sandra Green, la enfrentó públicamente en su despacho en presencia de los periodistas exigiéndole la devolución de una bicoca de lempiras por negarle la libertad de su hijo, detenido por delitos comunes.

Estas denuncias arrastran la aversión que demuestra Avila Banegas hacia los periodistas que critican el sistema de administración de la justicia.

El magistrado cree que el diario La Prensa ha desatado "una campaña de difamación sin precedentes contra la Corte Suprema en general y el presidente de la misma en particular".

En un campo pagado que apareció en los demás medios escritos (una carta al director de Nelson Fernández, director de La Prensa, la Corte Suprema niega que maneje el sistema judicial como a un feudo y sin ninguna ética.

La nota alega que la conducta de los magistrados es "bien intencionada y no la que tratan de imputarles desde su medio escrito, haciendo denotar extremos injuriosos en contra de la dignidad personal y profesional de los honorables miembros del Alto Tribunal".

Tierras en conflicto

El 11 de marzo de 1998, bajo el título de "Tierras en Conflicto", Serapio Umanzor, también periodista de La Prensa, publicó un reportaje sobre un conflicto de posesión de tierras en el municipio de San Manuel, situado a uno 20 kilómetros de San Pedro Sula.

La historia se refería a la venta de 13 manzanas de tierra, por parte del Ayuntamiento local, a Francisco Herrera Doninelli, diputado al Congreso Nacional, por la irrisoria suma de 5,000 lempiras. Una década atrás, el Instituto Nacional Agrario (INA), había negociado la misma propiedad con el señor Jorge Abufele por 300 mil lempiras, cuando el radio urbano de la ciudad no se había extendido.

Umanzor puso de manifiesto en su trabajo periodístico –y probó con documentos– que la familia Herrera Donineli utilizó sus influencias políticas para comprar la tierra subvaluada, a pesar de su alta plusvalía. Sabiendo lo anterior, y ante el intento de la alcaldía de recuperar los terrenos, los Herrera se apresuraron a vender el ejido a un grupo de cooperativistas.

Además, por ese tiempo uno de los miembros de la familia Herrera, Everton Herrera, era magistrado de la Corte de Apelaciones de San Pedro Sula. Abufele presume que este hecho influyó en la transacción.

Como resultado de la investigación, el periodista Umanzor tiene pendiente un proceso en el Juzgado Tercero de Letras de lo Criminal de San Pedro Sula por difamación y calumnias.

El comunicador estima que la acción se deriva de dos factores: primero, la diligencia de querer demostrar una verdad inexistente por parte de la familia Herrera en su contra; y segundo, la prestancia del Poder Judicial para reprimir a los periodistas y al medio que ha dado paso a las investigaciones.

En este caso, los jueces que instruyen la causa ordenaron una intervención de los libros contables, los archivos, bancos de información y exhibición de documentos al diario La Prensa. Asimismo, coercitivamente, han exigido a los ejecutivos del periódico testimonios para que revelen las fuentes que nutrieron el reportaje del periodista.

Ambos casos –el de Aguilar y Umanzor– fueron denunciados ante el directorio de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

La Prensa dijo el 8 de diciembre de 1998 en un editorial que "se sospecha que mediante influencias políticas, los jueces de San Pedro Sula han continuado las acciones procesales contra los periodistas, aparte que los magistrados, encabezados por Avila Banegas, han dado el visto bueno para que se reprima la libertad de investigación periodística y se persiga a todo aquel que esté opuesto a la corrupción desmedida del sistema judicial..."

El diario –el más influyente de Honduras– lamenta en el mismo artículo que el Colegio de Periodistas no se haya pronunciado sobre ambos casos.

De cualquier forma, la represión procesal contra la prensa ha minado en Honduras el impulso del nuevo periodismo por iniciar investigaciones de la misma índole, por temor a ser llevados a los tribunales y consecuentemente a la cárcel.

Lo cierto es que si los medios de difusión no cierran filas ante este ataque sistemático, la situación podría tornarse peligrosa y caótica en el próximo milenio contra el derecho de la ciudadanía de informarse de lo que hacen los funcionarios públicos.

 


Wilmer Pérez Regalado es periodista y analista independiente.

CENTRO INTERNACIONAL DE PRENSA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI - 2000