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¿Continuará La Prensa de Panamá siendo modelo de buen periodismo?

Por John Virtue

Teniendo en cuenta la afición panameña al béisbol, quizás sea apropiado comparar lo que ha sucedido en el diario panameño La Prensa con la historia (apócrifa) del muchacho que se acercó a su héroe, Shoeless Joe Jackson, después del escándalo de corrupción de los "Medias Negras de Chicago" de 1919, y le dijo: "Dí que no es verdad, Joe".

Del mismo modo que Jackson era un héroe para el muchacho, el diario La Prensa ha sido un héroe para mí y para mis colegas en el Centro Internacional de Prensa en la Universidad Internacional de la Florida.

En innumerables talleres, La Prensa ha sido uno entre un puñado de periódicos -como El Norte y Reforma en México y La Nación en Costa Rica- que siempre exaltamos como modelos no sólo de excelencia periodística sino, además, de empresas exitosas.

Ahora ese papel de modelo ha quedado opacado con la elección el 31 de marzo de un nuevo presidente de la empresa, Ricardo Alberto Arias. En febrero, Arias persuadió a la junta directiva de no renovar el contrato de Gustavo Gorriti como director afiliado de La Prensa. Bajo la dirección de Gorriti, el diario había expuesto casos de corrupción en el gobierno del ex presidente Ernesto Pérez Balladares, del cual Arias fue canciller.

En 1997, Pérez Balladares trató -sin éxito- de expulsar a Gorriti, que es ciudadano peruano, del país.

Arias justificó el despido de Gorriti en una entrevista con el Miami Herald, explicando que su labor en La Prensa había terminado y que su interés ahora estaba en el Perú. Dijo además: "Es un periodista excelente, pero con mucha pasión que se refleja en su trabajo".

El despido de Gorriti coincidió con la mención de Arias de que estaba considerando la posibilidad de presentarse como candidato a la Presidencia por el Partido Revolucionario Democrático. Martín Torrijos, el hijo del dictador Omar Torrijos, había considerado a Arias como compañero de fórmula para las elecciones de 1999. Las aspiraciones de Arias despertaron temores en la redacción de que, como presidente de la empresa, pudiera usar el periódico para sus fines políticos. El asunto fue debatido en las páginas de opinión de La Prensa por ambos periodistas y lectores.

Arias le dijo al Miami Herald que sí tiene ambiciones políticas y que si existiera una posibilidad de llevarlas a cabo, se quedaría en la política. "En vez de eso, he elegido volver a La Prensa para ayudar a solucionar sus problemas". Pero esos problemas son mayormente las divisiones internas causadas por el despido de Gorriti y la selección de Arias como presidente, de acuerdo a fuentes dentro del periódico.

Para apaciguar a los que se le oponen en el periódico, Arias aseguró a la junta que lo eligió para reemplazar a la actual presidenta, Anabelle de Rubinoff, que La Prensa continuaría sus investigaciones de corrupción gubernamental.

"Esa misión requiere de un medio libre de personalismos y parcializaciones políticas o de cualquier otra índole. Mantendremos los principios y valores que orientaron la fundación de un periódico veraz, objetivo y abierto a todas las opiniones", afirmó.

Arias es hijo del ex presidente Ricardo Arias y fue uno de los fundadores de La Prensa en 1980. Fue vicepresidente de la empresa hasta 1994 cuando se incorporó al gabinete de Pérez Balladares.

La Prensa, que fue fundada para combatir la dictadura de Manuel Noriega, se diferencia de la mayoría de los periódicos en América Latina en que tiene más de 1.200 accionistas, ninguno de los cuales puede tener más de la mitad de un uno por ciento de las acciones. Se pensó que esta estructura evitaría que cualquier accionista usara el periódico para fines políticos. Los empleados también son accionistas.

Previamente Arias había obtenido los poderes de suficientes accionistas para asegurarse la elección a la presidencia de la empresa. La junta, sin embargo, no le concedió la autoridad de la cual disfrutaba su antecesor, nombrándolo presidente pero no editor general, posición que le hubiera permitido más influencia sobre la redacción.

La Prensa se ha destacado por exponer la corrupción en cualquier esfera. Tanto es así, que una de sus primeras investigaciones, cuando volvió a salir en 1990, después de la captura de Noriega por los militares estadounidenses, fue acerca de los propios medios panameños.

Gorriti dijo en su despedida al equipo de trabajo que "El combate contra la corrupción, que parasita y mutila el desarrollo de una nación, es, por supuesto, su principal desafío".

Gorriti se incorporó a La Prensa en 1996 luego de salir exilado del Perú, donde el gobierno del presidente Alberto Fujimori lo había hecho arrestar. Fue contratado por el entonces presidente de la empresa, Johnny Arias, primo de Ricardo Alberto. En la reciente junta de accionistas del 22 de marzo, Johnny Arias advirtió que la junta debe mantener la independencia del periódico.

Irónicamente, si Ricardo Alberto Arias sencillamente hubiese esperado, Gorriti probablemente hubiese renunciado para volver al Perú, ya que llevaba cinco años en La Prensa y Fujimori ya no está en el poder.

Hablando con Sala de Prensa, Gorriti dijo: "Aunque la maniobra estaba plagada de deficiencias de forma y de fondo, yo ya había tomado la determinación de no impedirla sino de canalizarla. Puede que él y sus acólitos hayan pensado que fue una exitosa acción de oportunidad, pero para mí fue cualquier cosa menos una sorpresa".

Roberto Eisenmann, Jr., otro de los fundadores de La Prensa, conoció a Gorriti en la universidad de Harvard en 1985 cuando ambos asistían como becados de la fundación Nieman. Eisenmann escribió en La Prensa: "La junta directiva debería haber aprendido ya que periodistas del calibre de Gustavo no escriben para un periódico, ni siquiera para un país, sino para un mayor universo". Añadió que Gorriti sale ganando de cualquier manera. "Pero Ricardo Alberto y la junta directiva pierden ganando", advirtió.

¿Seguirá siendo La Prensa un modelo para otros periódicos en América Latina, o terminará igual que otros periódicos como El Gráfico de Guatemala, que perdió credibilidad y cerró luego que fuera usado como un órgano político por su presidente, Jorge Carpio, cuando se postuló para la presidencia del país?

"Vamos a ver", Eisenmann le dijo a Pulso luego de la elección de Arias. "Tengo muchas esperanzas para el futuro. Pero Ricardo Alberto va a tener que olvidarse de sus ambiciones políticas".

"Dí que no es verdad, Ricardo Alberto".


John Virtue, subdirector del Centro Internacional de Prensa de la Universidad Internacional de la Florida, es el editor de Pulso del Periodismo.


(11 de abril del 2001)

Enlaces a sitios relacionados o mencionados en esta historia.

http://www.prensa.com

http://www.saladeprensa.org

http://www.reforma.com.mx

http://www.elnorte.com.mx

http://www.nacion.com

http://www.herald.com

CENTRO INTERNACIONAL DE PRENSA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI