Vista en el diccionario de la Real Academia,
la voz discreción se parece a ella misma. No dice mucho sobre
su vitalidad. En su primera acepción, esa biografía de las palabras
que es un diccionario nos cuenta que discreción es "sensatez
para formar juicio y tacto para hablar u obrar". La tercera
acepción la hermana con voces como reserva, prudencia, circunspección.
Pero cuando las palabras se salen del libro, empiezan a vivir
intensamente otras vidas. Por ejemplo, en la semántica del exprimer
ministro de Israel, Shimon Peres, una especie de Gandhi con
corbata, la pacífica voz discreción "es de rigor en todo
inicio de diálogo". A su lado, Peres coloca otro ingrediente
que hace trascendente la negociación de un proceso de paz: el
secreto.
Este doble consejo de un negociador de la paz
en el medio oriente es algo que no se debe echar en saco roto.
En Colombia, la Academia y el Periodismo, decidieron casar las
voces "acuerdo" y "discreción" en un esfuerzo
por hacer un aporte sustancial a un proceso de paz lento, esquivo,
que ha dejado millares de muertos y que apenas empieza a dar
señales de vida cuando grupos como las FARC –la guerrilla más
antigua– se han sentado a manteles con el gobierno, y el ELN
y el EPl buscan sus propios espacios en medio de los escombros.
"Acuerdo por la Discreción" es el
decálogo de apenas seis puntos en los que se han comprometido
sin excepción los medios de comunicación colombianos para poner
sus puntos sobre las íes de la paz. La larga marcha entre la
teoría y la práctica ya se ha iniciado.
El acuerdo es una especie de valiente mea culpa
de los periodistas que han reconocido implícitamente en ese
lacónico documento los vicios en que han incurrido a lo largo
del cruento proceso. Más que de poner a funcionar el espejo
retrovisor de la recriminación, los reporteros han decidido
recobrar el tiempo perdido y hacer su aporte a la causa de la
paz.
La experiencia parece no tener antecedentes
en otros países. No hay un manual escrito. Les corresponderá
a ellos redactarlo desde su propia óptica, en la fatiga diaria
de la información sobre la guerra que ocupa el grueso de la
información principal.
Su majestad el público, de una u otra forma,
ha hecho sentir su descontento con la manera como se informa
sobre la confrontación y ha lanzado un S.O.S. angustiado que
canalizó la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de
la Universidad Sabana. Ese centro de altos estudios tuvo el
poder de convocatoria suficiente para sentar en la mesa del
diálogo a los directores de una treintena de medios de radio,
prensa y televisión y con los cuales se definió el compromiso.
Este acuerdo tiene un antecedente insólito en
la reunión con directores de medios que hace varios meses convocaron
los comandantes de las FARC en la llamada Zona de Distensión,
una región de algo más de 42 mil kilómetros donde no hay presencia
de la fuerza pública, para que la negociación pueda llegar a
convertirse en una realidad.
En esa ocasión, las partes se gritaron verdades
y concluyeron que se hacía imperioso mejorar la calidad de la
información sobre la guerra. Ese diálogo finalmente no llegó
a ninguna parte, pese a la buena voluntad expresada en los cambuches
de los rebeldes. La síntesis de lo que expresó la guerrilla
entonces, quedó plasmada en un reciente pronunciamiento de Raúl
Reyes, quien se ha perfilado como el número uno de los negociadores
por parte de las FARC: "Se sufre en la avalancha de desinformación
y mentiras de los grandes medios de comunicación que intentan
manipular la opinión pública en defensa de los intereses de
los propietarios, de los explotadores. Además, incitan a la
violencia contra el pueblo y atizan la hoguera de la guerra
sucia".
Y Joaquín Gómez, otro de los integrantes de
la cúpula de las FARC, no se paró en pelos y acusó a los directores
de medios de obligar a sus reporteros desplazados a la zona
de distensión a producir noticias todos los días, así sea sacándolas
de la nada.
Por supuesto, hubo la consabida y vehemente
respuesta de la parte periodística, pero al final las cosas
parecieron quedar en tablas.
De allí la importancia del Acuerdo por la Discreción
al que se ha llegado después de intensas deliberaciones entre
periodistas y la convocante Facultad de Periodismo y Comunicación
Social de la Universidad de la Sabana.
Su decano, César Mauricio Velásquez, un reportero
que ha trasladado a la cátedra su experiencia periodística,
dijo que se trata "de un proceso educativo y pedagógico,
no es una campaña. En el acuerdo están comprometidos el público
y la sociedad civil".
Aunque está claro en el acuerdo, no sobra decir
que las partes en conflicto no han tenido nada que ver, al menos
directamente, en este proceso, que tampoco se ha hecho a sus
espaldas sino retomando toda suerte de experiencias.
Velásquez amplió para Pulso del Periodismo
el meollo de este compromiso que ha sido recibido con una mezcla
de expectativa y de escepticismo por una opinión pública que
no logra encontrar su norte en materia de información sobre
la guerra.
Pulso:
De dónde surgió la propuesta de desarrollar un acuerdo
de esta naturaleza?
César Mauricio Velásquez: La iniciativa nació en la academia, en la Facultad de Comunicación Social
y Periodismo de la Universidad de La Sabana. Por espacio de
un mes, profesores y directores de las empresas informativas,
trabajaron en el texto final de este Acuerdo. Nueve borradores
fueron discutidos.
P.: La
guerrilla sostiene que la prensa tergiversa y manipula el proceso.
¿En qué forma este acuerdo permite una información que responda
al interés de la ciudadanía?
C.M.V.: El
acuerdo propone que cada medio elabore, en pocas semanas, un
código ético, normas específicas o estándares profesionales
que ayuden a mejorar la calidad de las informaciones sobre hechos
violentos. Según el acuerdo, el punto de partida para la elaboración
de esos códigos o normas será bajo los criterios profesionales
de responsabilidad, calidad, exactitud, veracidad y equilibrio.
Pulso: La
universidad, que usualmente carece medios masivos de comunicación,
¿ qué papel desempeña en este proceso?
C.M.V.: La
Universidad hace parte de la sociedad civil y como institución
la representa. Es la academia, despojada de intereses políticos,
comerciales y de otro tipo, la única que puede hacer un seguimiento
al compromiso que los medios de comunicación hicieron con la
sociedad. El papel independiente, transparente y limpio de intereses,
le permite (a la Universidad) ser el llamado a hacer cumplir
el acuerdo.
P.: ¿Qué
ha sido lo más difícil en el empeño de hacer coincidir a los
periodistas en este especie de acuerdo sobre lo fundamental?
C.M.V.: El
temor de muchos al pensar, equívocamente, que el acuerdo puede
ser censura.
P.: ¿Algunos
medios ya tienen un esquema definido sobre la forma como llevarán
dicho acuerdo a la práctica?
C.M.V.: Sí.
De hecho, hemos tenido conocimiento de varios directores de
medios y periodistas de que al momento de trabajar las noticias
ya piensan en lo que se firmó.
P.: ¿Cómo
se contribuye a la paz, al respeto a la vida y a la búsqueda
del bien común con un entendimiento como éste?
C.M.V.: Son
los periodistas de los noticieros de televisión y de radio,
de los periódicos y de las revistas, quienes con su actuar profesional
pueden contribuir al logro de la paz, al respeto de la vida
y a la búsqueda del bien común. Un acuerdo como este hace que
los medios de comunicación no le hagan el juego a los violentos
y, de esa manera, establecen criterios de responsabilidad que
los excluye del conflicto armado. Es así como los periodistas
le dicen no a los violentos que los tratan de utilizar como
estrategia de guerra. Esto redunda en una información más veraz,
transparente y responsable en beneficio de la comunidad.
P.: En
alguna forma, ¿la discreción implica que se retiren los micrófonos
de la mesa de negociaciones para no generar falsas expectativas?
C.M.V.: No
que se retiren los micrófonos, que se utilicen de manera responsable
en beneficio de un proceso, sin generar falsas expectativas.
Una cosa es informar, otra informar mal generando falsas expectativas
o anticipando errores.
P.: ¿Es
saludable para el proceso que las partes negociadores se pronuncien
a través de comunicados, como se ha definido en principio, si
se tiene en cuenta que tales pronunciamientos a veces no arrojan
suficiente claridad y más bien pueden generar dudas?
C.M.V.: El
Acuerdo por la Discreción está hecho para que los medios de
comunicación divulguen la información sobre hechos de violencia
de manera más profesional y responsable, no está hecho ni firmado
por los actores de la negociación. No es un acuerdo por la discreción
de la fuente informativa sino de los medios y los periodistas,
y sobre cómo difunden y tratan la información.
P.: Se
habla de cubrimiento veraz, responsable y equilibrado. ¿Quién
define en cada medio el alcance de cada una de estas expresiones?
C.M.V.: Cada
medio es el llamado a definir sus propios códigos de ética y
a hacerlos públicos. La universidad ayudará a quienes lo necesiten,
pero es cada medio en su interior, el que logrará definir su
código.
P.: ¿No
se podría generar una especie de anarquía a la hora de que cada
director o cada medio entren a definir lo que entienden por
veracidad, responsabilidad y equilibrio?
C.M.V.: No.
Como cada código será de conocimiento general, será el público
quien juzgue el actuar del medio y cada director deberá responder
entonces a la comunidad, que al final decide si enciende o apaga
el radio o el televisor, o si compra o no el periódico o revista.
Además, la verdad es la verdad. No admite grados. La responsabilidad
es con el público y cuando se falte a ella el público podrá
reclamar.
P.: ¿No
es más práctico definir reglas mínimas que obliguen a todos,
que permitir que cada uno establezca sus propias reglas del
juego?
C.M.V.: Imponer
reglas mínimas ya es censura.
P.: Se
habla de fijar criterios claros sobre las transmisiones en directo.
¿Se puede entender en estos casos, con base en las experiencias,
que sería preferible suspender dichas transmisiones y pasar
imágenes editadas o más reposadas de las liberaciones?
C.M.V.: No
podemos ir en contra de la tecnología, pero debemos tener criterios
sobre cómo manejarla. Significa que debemos ser más ecuánimes
y menos sensacionalistas. No decir lo que no sabemos, no especular.
Para esto no es necesario dejar de hacer transmisiones en directo.
Significa poner frente al micrófono y de la cámara no a cualquier
periodista, sino al mejor preparado.
P.: ¿Se
establece alguna forma de llamado de atención para quienes violen
este acuerdo? ¿Alguna comisión especial velará por el cumplimiento
del acuerdo para evitar que este se quede en buenas intenciones?
C.M.V.: La
universidad ha fundado un Observatorio de Medios con el único
propósito de hacer un seguimiento al acuerdo y a quienes lo
firmaron. El Observarorio de Medios de la Universidad de la
Sabana estará compuesto por 100 personas entre estudiantes,
académicos, profesores, expertos en medios de comunicación y
ligas de televidentes, radio-oyentes y lectores. Este Observatorio
de Medios, emitirá, al menos 2 veces por mes, conceptos públicos
–no juicios– sobre la forma como los medios de comunicación
vienen cumpliendo el compromiso. Esta instancia (el Observatorio)
no fungirá como juez, pero si generará y orientará a la opinión.
P.: La
manipulación de la información se puede dar tanto del lado de
la guerrilla como del gobierno o de sus fuerzas armadas. ¿Hay
herramientas para evitar dicha manipulación?
C.M.V.: Está
claro que parte del espíritu del acuerdo es no hacerle el juego
a ningún actor que intervenga en el conflicto armado. Bajo ese
precepto, se debe trabajar en la definición de criterios internos.
P.: Concretamente,
¿qué imágenes y fotografías se evitarán?
C.M.V.: Las
que el punto número cinco del acuerdo dice, y sobre las que
cada medio debe fijar criterios claros.
P.: ¿No
se pensó en suspender definitivamente tales imágenes como aporte
al proceso?
C.M.V.:
Eso lo definirá cada medio.
P.: Llevar
hasta los hogares los horrores de la guerra, ¿no es hacerle
juego a los violentos?
C.M.V.: Estamos
totalmente de acuerdo, por eso nació el acuerdo.
P.: ¿Qué
significa que se respetará el pluralismo ideológico, doctrinario
y político?
C.M.V.: Que
los medios de comunicación respetarán credos, ideologías, tendencias
políticas, doctrinas, formas de pensar, niveles de intelectualidad,
niveles socio-económicos... Que los medios serán responsables,
abiertos y respetuosos.
P.: Se
habla de utilizar expresiones que contribuyan a la convivencia.
Pero cuando esas expresiones las utilicen los actores del conflicto,
¿qué actitud asumirán los medios? ¿Las editarán?
C.M.V.: Está
en el criterio de cada medio... Lo importante es no hacerles
el juego, evitar la utilización de expresiones que los actores
del conflicto han acuñado.
P.: ¿Cuál
es la fórmula para evitar que los medios incurran en el llamado
síndrome de la "chiva" (afán por la noticia exclusiva)?
C.M.V.: La
responsabilidad es esa fórmula, y también cumplir con lo que
dice el texto del acuerdo en el numeral 2: "No presentaremos
rumores como si fueran hechos. La exactitud, que implica ponerlos
en contexto, debe primar sobre la rapidez."
P.: ¿Cuándo
empieza a operar el acuerdo?
C.M.V.: Ya
comenzó. Desde el mismo instante que los directores de los medios
de comunicación firmaron.