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Acuerdo por la Discreción:
mea culpa de los periodistas colombianos
Por Oscar Domínguez G.

Vista en el diccionario de la Real Academia, la voz discreción se parece a ella misma. No dice mucho sobre su vitalidad. En su primera acepción, esa biografía de las palabras que es un diccionario nos cuenta que discreción es "sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar". La tercera acepción la hermana con voces como reserva, prudencia, circunspección. Pero cuando las palabras se salen del libro, empiezan a vivir intensamente otras vidas. Por ejemplo, en la semántica del exprimer ministro de Israel, Shimon Peres, una especie de Gandhi con corbata, la pacífica voz discreción "es de rigor en todo inicio de diálogo". A su lado, Peres coloca otro ingrediente que hace trascendente la negociación de un proceso de paz: el secreto.

Este doble consejo de un negociador de la paz en el medio oriente es algo que no se debe echar en saco roto. En Colombia, la Academia y el Periodismo, decidieron casar las voces "acuerdo" y "discreción" en un esfuerzo por hacer un aporte sustancial a un proceso de paz lento, esquivo, que ha dejado millares de muertos y que apenas empieza a dar señales de vida cuando grupos como las FARC –la guerrilla más antigua– se han sentado a manteles con el gobierno, y el ELN y el EPl buscan sus propios espacios en medio de los escombros.

"Acuerdo por la Discreción" es el decálogo de apenas seis puntos en los que se han comprometido sin excepción los medios de comunicación colombianos para poner sus puntos sobre las íes de la paz. La larga marcha entre la teoría y la práctica ya se ha iniciado.

El acuerdo es una especie de valiente mea culpa de los periodistas que han reconocido implícitamente en ese lacónico documento los vicios en que han incurrido a lo largo del cruento proceso. Más que de poner a funcionar el espejo retrovisor de la recriminación, los reporteros han decidido recobrar el tiempo perdido y hacer su aporte a la causa de la paz.

La experiencia parece no tener antecedentes en otros países. No hay un manual escrito. Les corresponderá a ellos redactarlo desde su propia óptica, en la fatiga diaria de la información sobre la guerra que ocupa el grueso de la información principal.

Su majestad el público, de una u otra forma, ha hecho sentir su descontento con la manera como se informa sobre la confrontación y ha lanzado un S.O.S. angustiado que canalizó la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Sabana. Ese centro de altos estudios tuvo el poder de convocatoria suficiente para sentar en la mesa del diálogo a los directores de una treintena de medios de radio, prensa y televisión y con los cuales se definió el compromiso.

Este acuerdo tiene un antecedente insólito en la reunión con directores de medios que hace varios meses convocaron los comandantes de las FARC en la llamada Zona de Distensión, una región de algo más de 42 mil kilómetros donde no hay presencia de la fuerza pública, para que la negociación pueda llegar a convertirse en una realidad.

En esa ocasión, las partes se gritaron verdades y concluyeron que se hacía imperioso mejorar la calidad de la información sobre la guerra. Ese diálogo finalmente no llegó a ninguna parte, pese a la buena voluntad expresada en los cambuches de los rebeldes. La síntesis de lo que expresó la guerrilla entonces, quedó plasmada en un reciente pronunciamiento de Raúl Reyes, quien se ha perfilado como el número uno de los negociadores por parte de las FARC: "Se sufre en la avalancha de desinformación y mentiras de los grandes medios de comunicación que intentan manipular la opinión pública en defensa de los intereses de los propietarios, de los explotadores. Además, incitan a la violencia contra el pueblo y atizan la hoguera de la guerra sucia".

Y Joaquín Gómez, otro de los integrantes de la cúpula de las FARC, no se paró en pelos y acusó a los directores de medios de obligar a sus reporteros desplazados a la zona de distensión a producir noticias todos los días, así sea sacándolas de la nada.

Por supuesto, hubo la consabida y vehemente respuesta de la parte periodística, pero al final las cosas parecieron quedar en tablas.

De allí la importancia del Acuerdo por la Discreción al que se ha llegado después de intensas deliberaciones entre periodistas y la convocante Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de la Sabana.

Su decano, César Mauricio Velásquez, un reportero que ha trasladado a la cátedra su experiencia periodística, dijo que se trata "de un proceso educativo y pedagógico, no es una campaña. En el acuerdo están comprometidos el público y la sociedad civil".

Aunque está claro en el acuerdo, no sobra decir que las partes en conflicto no han tenido nada que ver, al menos directamente, en este proceso, que tampoco se ha hecho a sus espaldas sino retomando toda suerte de experiencias.

Velásquez amplió para Pulso del Periodismo el meollo de este compromiso que ha sido recibido con una mezcla de expectativa y de escepticismo por una opinión pública que no logra encontrar su norte en materia de información sobre la guerra.

Pulso: De dónde surgió la propuesta de desarrollar un acuerdo de esta naturaleza?

César Mauricio Velásquez: La iniciativa nació en la academia, en la Facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. Por espacio de un mes, profesores y directores de las empresas informativas, trabajaron en el texto final de este Acuerdo. Nueve borradores fueron discutidos.

P.: La guerrilla sostiene que la prensa tergiversa y manipula el proceso. ¿En qué forma este acuerdo permite una información que responda al interés de la ciudadanía?

C.M.V.: El acuerdo propone que cada medio elabore, en pocas semanas, un código ético, normas específicas o estándares profesionales que ayuden a mejorar la calidad de las informaciones sobre hechos violentos. Según el acuerdo, el punto de partida para la elaboración de esos códigos o normas será bajo los criterios profesionales de responsabilidad, calidad, exactitud, veracidad y equilibrio.

Pulso: La universidad, que usualmente carece medios masivos de comunicación, ¿ qué papel desempeña en este proceso?

C.M.V.: La Universidad hace parte de la sociedad civil y como institución la representa. Es la academia, despojada de intereses políticos, comerciales y de otro tipo, la única que puede hacer un seguimiento al compromiso que los medios de comunicación hicieron con la sociedad. El papel independiente, transparente y limpio de intereses, le permite (a la Universidad) ser el llamado a hacer cumplir el acuerdo.

P.: ¿Qué ha sido lo más difícil en el empeño de hacer coincidir a los periodistas en este especie de acuerdo sobre lo fundamental?

C.M.V.: El temor de muchos al pensar, equívocamente, que el acuerdo puede ser censura.

P.: ¿Algunos medios ya tienen un esquema definido sobre la forma como llevarán dicho acuerdo a la práctica?

C.M.V.: Sí. De hecho, hemos tenido conocimiento de varios directores de medios y periodistas de que al momento de trabajar las noticias ya piensan en lo que se firmó.

P.: ¿Cómo se contribuye a la paz, al respeto a la vida y a la búsqueda del bien común con un entendimiento como éste?

C.M.V.: Son los periodistas de los noticieros de televisión y de radio, de los periódicos y de las revistas, quienes con su actuar profesional pueden contribuir al logro de la paz, al respeto de la vida y a la búsqueda del bien común. Un acuerdo como este hace que los medios de comunicación no le hagan el juego a los violentos y, de esa manera, establecen criterios de responsabilidad que los excluye del conflicto armado. Es así como los periodistas le dicen no a los violentos que los tratan de utilizar como estrategia de guerra. Esto redunda en una información más veraz, transparente y responsable en beneficio de la comunidad. 

P.: En alguna forma, ¿la discreción implica que se retiren los micrófonos de la mesa de negociaciones para no generar falsas expectativas?

C.M.V.: No que se retiren los micrófonos, que se utilicen de manera responsable en beneficio de un proceso, sin generar falsas expectativas. Una cosa es informar, otra informar mal generando falsas expectativas o anticipando errores.

P.: ¿Es saludable para el proceso que las partes negociadores se pronuncien a través de comunicados, como se ha definido en principio, si se tiene en cuenta que tales pronunciamientos a veces no arrojan suficiente claridad y más bien pueden generar dudas?

C.M.V.: El Acuerdo por la Discreción está hecho para que los medios de comunicación divulguen la información sobre hechos de violencia de manera más profesional y responsable, no está hecho ni firmado por los actores de la negociación. No es un acuerdo por la discreción de la fuente informativa sino de los medios y los periodistas, y sobre cómo difunden y tratan la información.

P.: Se habla de cubrimiento veraz, responsable y equilibrado. ¿Quién define en cada medio el alcance de cada una de estas expresiones?

C.M.V.: Cada medio es el llamado a definir sus propios códigos de ética y a hacerlos públicos. La universidad ayudará a quienes lo necesiten, pero es cada medio en su interior, el que logrará definir su código.

P.: ¿No se podría generar una especie de anarquía a la hora de que cada director o cada medio entren a definir lo que entienden por veracidad, responsabilidad y equilibrio?

C.M.V.: No. Como cada código será de conocimiento general, será el público quien juzgue el actuar del medio y cada director deberá responder entonces a la comunidad, que al final decide si enciende o apaga el radio o el televisor, o si compra o no el periódico o revista. Además, la verdad es la verdad. No admite grados. La responsabilidad es con el público y cuando se falte a ella el público podrá reclamar.

P.: ¿No es más práctico definir reglas mínimas que obliguen a todos, que permitir que cada uno establezca sus propias reglas del juego?

C.M.V.: Imponer reglas mínimas ya es censura.

P.: Se habla de fijar criterios claros sobre las transmisiones en directo. ¿Se puede entender en estos casos, con base en las experiencias, que sería preferible suspender dichas transmisiones y pasar imágenes editadas o más reposadas de las liberaciones?

C.M.V.: No podemos ir en contra de la tecnología, pero debemos tener criterios sobre cómo manejarla. Significa que debemos ser más ecuánimes y menos sensacionalistas. No decir lo que no sabemos, no especular. Para esto no es necesario dejar de hacer transmisiones en directo. Significa poner frente al micrófono y de la cámara no a cualquier periodista, sino al mejor preparado.

P.: ¿Se establece alguna forma de llamado de atención para quienes violen este acuerdo? ¿Alguna comisión especial velará por el cumplimiento del acuerdo para evitar que este se quede en buenas intenciones?

C.M.V.: La universidad ha fundado un Observatorio de Medios con el único propósito de hacer un seguimiento al acuerdo y a quienes lo firmaron. El Observarorio de Medios de la Universidad de la Sabana estará compuesto por 100 personas entre estudiantes, académicos, profesores, expertos en medios de comunicación y ligas de televidentes, radio-oyentes y lectores. Este Observatorio de Medios, emitirá, al menos 2 veces por mes, conceptos públicos –no juicios– sobre la forma como los medios de comunicación vienen cumpliendo el compromiso. Esta instancia (el Observatorio) no fungirá como juez, pero si generará y orientará a la opinión.

P.: La manipulación de la información se puede dar tanto del lado de la guerrilla como del gobierno o de sus fuerzas armadas. ¿Hay herramientas para evitar dicha manipulación?

C.M.V.: Está claro que parte del espíritu del acuerdo es no hacerle el juego a ningún actor que intervenga en el conflicto armado. Bajo ese precepto, se debe trabajar en la definición de criterios internos.

P.: Concretamente, ¿qué imágenes y fotografías se evitarán?

C.M.V.: Las que el punto número cinco del acuerdo dice, y sobre las que cada medio debe fijar criterios claros.

P.: ¿No se pensó en suspender definitivamente tales imágenes como aporte al proceso?

C.M.V.: Eso lo definirá cada medio.

P.: Llevar hasta los hogares los horrores de la guerra, ¿no es hacerle juego a los violentos?

C.M.V.: Estamos totalmente de acuerdo, por eso nació el acuerdo.

P.: ¿Qué significa que se respetará el pluralismo ideológico, doctrinario y político?

C.M.V.: Que los medios de comunicación respetarán credos, ideologías, tendencias políticas, doctrinas, formas de pensar, niveles de intelectualidad, niveles socio-económicos... Que los medios serán responsables, abiertos y respetuosos.

P.: Se habla de utilizar expresiones que contribuyan a la convivencia. Pero cuando esas expresiones las utilicen los actores del conflicto, ¿qué actitud asumirán los medios? ¿Las editarán?

C.M.V.: Está en el criterio de cada medio... Lo importante es no hacerles el juego, evitar la utilización de expresiones que los actores del conflicto han acuñado.

P.: ¿Cuál es la fórmula para evitar que los medios incurran en el llamado síndrome de la "chiva" (afán por la noticia exclusiva)?

C.M.V.: La responsabilidad es esa fórmula, y también cumplir con lo que dice el texto del acuerdo en el numeral 2: "No presentaremos rumores como si fueran hechos. La exactitud, que implica ponerlos en contexto, debe primar sobre la rapidez."

P.: ¿Cuándo empieza a operar el acuerdo?

C.M.V.: Ya comenzó. Desde el mismo instante que los directores de los medios de comunicación firmaron.

 

Los medios se comprometen
Texto del Acuerdo por la Discreción

"Conscientes de la responsabilidad social de nuestro oficio, los profesionales de los Medios de Comunicación de Colombia nos comprometemos con este Acuerdo por la Discreción, porque queremos contribuir al logro de la paz, al respeto de la vida y a la búsqueda del bien común.

1.- El cubrimiento informativo de actos violentos –ataques contra las poblaciones, masacres, secuestros y combates entre los bandos– será veraz, responsable y equilibrado. Para cumplir con este propósito, cada medio definirá normas de actuación profesional que fomenten el periodismo de calidad y beneficien a su público.

2.- No presentaremos rumores como si fueran hechos. La exactitud que implica ponerlos en contexto, debe primar sobre la rapidez.

3.- Fijaremos criterios claros sobre las transmisiones en directo con el fin de mejorar la calidad de la información y evitar que el medio sea manipulado por los violentos.

4.- Por razones éticas y de responsabilidad social no presionaremos periodísticamente a los familiares de las víctimas de hechos violentos.

5.- Estableceremos criterios para evitar la difusión y publicación de imágenes y fotografías que puedan generar repulsión en el público, contagio con la violencia o indiferencia ante ésta.

6.- Respetaremos y fomentaremos el pluralismo ideológico, doctrinario y político. Utilizaremos expresiones que contribuyan la convivencia entre los colombianos. Preferimos perder una noticia antes que una vida".

(Oscar Domínguez es director de la Agencia Colombiana de Noticias, Colprensa. Ha sido reportero de asuntos políticos en prensa, radio y televisión. Sus columnas se publican en varios periódicos colombianos.)

(12 de noviembre de 1999

 

 

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