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La
prensa y la crisis peruana
¿Cuánto
contribuyó la prensa al descubrimiento de las transgresiones
del régimen Fujimori-Montesinos en el Perú?
Una mirada a la historia de los últimos años
indica que muchas de las cosas que sorprenden ahora ya estaban
publicadas.
Por
Ricardo Uceda

Alberto
Fujimori
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Desde
1992, el año en que se hizo dictador al clausurar el
Congreso, la principal lucha de Fujimori no fue contra la
oposición, que pese a su denuedo nunca logró
hacerse de una mayoría popular que lo derrotara. Fue
contra la prensa independiente, un pequeño grupo de
medios y de periodistas que pudo revelar parte de lo que había
de repulsivo en su régimen, y contribuyó a cambiar
el ánimo social permisivo a su gobierno.
En vano
este sector fue ferozmente atacado por el Servicio de Inteligencia
Nacional (SIN), dirigido por Vladimiro Montesinos: los momentos
más impopulares de Fujimori no estuvieron originados
por movilizaciones, o paros, o derrotas parlamentarias. Fueron
investigaciones periodísticas. Simple y llanamente,
noticias.
El estallido
de la crisis, sin embargo, no se produjo por una investigación
periodística. La desencadenó el famoso video
en el que se ve a Montesinos sobornando a un parlamentario.
La gente ya sabía que Fujimori había corrompido
a congresistas -la prensa independiente había publicado
testimonios-, pero nadie lo había visto, y la devastadora
imagen de algún modo convenció a todos que no
solo eran ciertas las acusaciones anteriores, sino que había
mucho más. Y ahora, cuando Fujimori y Montesinos están
fuera de escena, el sistema judicial, libre de sometimientos,
vuelve la mirada hacia las denuncias desoídas que en
su momento hizo la prensa.
La primera,
en 1993, fue la investigación de la revista Sí
que demostró que nueve estudiantes y un profesor de
la universidad La Cantuta fueron asesinados por el Grupo Colina,
un escuadrón militar protegido por el gobierno. Aunque
el Ejército sacó los tanques a la calle, Fujimori
-quien luego del golpe de Estado de 1992 ya se había
"democratizado", haciendo elegir un congreso constituyente-
no pudo evitar que se iniciara un juicio a los culpables.
Canal
2 produjo la segunda gran denuncia, al revelar las torturas
que el Ejército infligió a una de sus agentes
de Inteligencia, Leonor La Rosa. Más tarde el diario
Liberación probó ingresos millonarios, evidentemente
ilícitos, de Vladimiro Montesinos. Luego vendría
la investigación del diario El Comercio y Canal N,
demostrando que la inscripción de Fujimori como candidato,
en las elecciones del 2000, se hizo con más de un millón
de firmas falsificadas.
En todos
estos casos -que no son todos- el gobierno atropelló
el orden establecido para que los crímenes no fueran
sancionados y la corrupción continuara. Para salvar
a los miembros del Grupo Colina dio una ley inconstitucional
que, sustrayéndolos de la justicia común, los
benefició con un juicio militar. Después los
amnistió, librándolos de cumplir sus leves penas.
Las torturas en el Ejército quedaron igualmente sin
castigo. Los ingresos de Montesinos jamás fueron investigados.
El Poder Judicial prefirió acusar a quienes denunciaron
la falsificación de firmas, y después archivó
el caso.
Tampoco
los organismos correspondientes investigaron las abrumadoras
denuncias sobre un fraude electoral en las elecciones de mayo
pasado. Incluso, luego de la tercera reelección, la
prensa demostró que una denuncia por tráfico
de armas a las FARC, hecha inicialmente por Montesinos y Fujimori,
en realidad encubría a los verdaderos culpables, vinculados
a ambos personajes. Una vez más, la justicia intervenida
lo ignoró.
Cuando
Fujimori, antes de su renuncia, se vio obligado a disponer
una investigación de Montesinos, el primer acto de
la procuraduría fue llamar a los periodistas de investigación
para pedirles una copia de sus publicaciones. Allí
estaba la materia prima de lo que el Estado tenía que
indagar. Dos semanas después la procuraduría
difundió un plan de trabajo que partía del hallazgo
de evidencias respecto de cuatro delitos cometidos por Montesinos:
narcotráfico, extorsión, fraude financiero y
corrupción de funcionarios. La mayoría de estas
pruebas provenían de las publicaciones periodísticas.
Obviamente
la investigación periodística sobre Montesinos
dista mucho de estar concluida, y sería más
exacto decir que se halla en la mitad del camino. Pero si
se hiciera un paralelo entre lo que publicó la prensa
sobre él y lo que ocurrió simultáneamente
en las instancias del Estado encargadas de sancionarlo, se
descubriría que el aparato judicial estuvo de su parte
en por lo menos doce eventos que la prensa documentó
o de los que dio precisas referencias.
La lista
comenzaría con su primera acusación, en 1975,
cuando era militar en activo. En vez de ser juzgado por lo
que realmente hizo -espiar para los Estados Unidos-se le sancionó
por desobediencia. Investigar a fondo hubiera significado
dejar mal a su negligente jefe, por entonces un encumbrado
general, a quien le robó documentación secreta.
Más tarde Montesinos tampoco fue investigado por apropiarse
de expedientes en el Ministerio Público, desde donde
operaba a voluntad en los años ochenta.
Precisamente
por este motivo fue buscado por Fujimori, cuando era candidato
presidencial, en 1990. Fujimori tenía un insalvable
problema de evasión tributaria, y Montesinos, luego
de tranquilizarlo, desapareció y volvió más
tarde con un bulto bajo el brazo. Era el expediente.
Así
comenzó la relación entre ambos personajes,
que ahora, bajo otras condiciones, volverán a ser investigados
por la prensa. Esta vez en compañía, aparentemente,
del liberado sistema judicial.
Ricardo
Uceda es el jefe de la unidad investigativa del diario El
Comercio de Lima.
(noviembre
del 2000)
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