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La verdad que cubrió la prensa

Por Juan Luis Font

Pocos días después que la Comisión de la Verdad en Argentina entregó su informe, un equipo de periodistas del diario Página 12 inició el estudio del documento para intentar reconfirmar cada dato. De su investigación surgió una larga y prolija serie de reportajes que ahondaron aún más en los desmanes de la guerra. Se conocieron nuevos nombres, se revelaron nuevos casos de ultraje por parte de las fuerzas de seguridad.

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La policía antimotines guatemalteca reprime en 1992 una
manifestación de mujeres indígenas que exigían la
devolución de sus tierras en Cajolá, Quetzaltenango.

Once días después de la aparición del informe de la Comisión del Esclarecimiento Histórico de Guatemala (CEH), que investigó los vejámenes en contra de población civil durante 36 años de guerra, ningún diario guatemalteco ha procurado ir mucho más lejos.

Claro, se podrá argumentar, que en Argentina no se asesinó con un pedazo de cemento al obispo católico que presentó en público un informe previo de crímenes de guerra. Con los antecedentes de este asesinato irresuelto, cualquiera lo pensaría dos veces antes de lanzarse a ahondar en un tema tan espinoso.

Pero ese argumento apenas explica a medias el comportamiento de la prensa local que en su mayoría cubrió por dos días el contenido del informe y las discrepantes reacciones de los militares en retiro, y luego lo dejó descansar.

El diario de mayor circulación en el país, Prensa Libre, le dedicó al tema el 70 por ciento de su primera plana y el contenido de tres páginas interiores en la edición posterior a la entrega del documento. Desde su editorial elogió el trabajo de los comisionados. El segundo diario del país, Siglo Veintiuno, anunció en su titular principal que la CEH pedía al Presidente la depuración del Ejército, pero compartió su portada con una foto a gran tamaño del aparatoso accidente de un motorista de Arizona que llevaba la comida del presidente Clinton. En un breve editorial, Siglo Veintiuno rechazó la labor de los comisionados, a quienes atribuyó actitudes de procónsul.

El diario en el que trabajo, elPeriódico, dedicó su portada y las ocho páginas de la sección nacional a la cobertura del informe. Cinco días atrás, habíamos iniciado la cobertura con una serie diaria de una página de extensión en torno al método, las expectativas y los alcances del documento. Durante los días siguientes, hemos sintetizado algunos de los casos ilustrativos ocurridos durante la guerra.

ElPeriódico está preparando un informe sobre los nombres de los militares que actuaron al frente de las columnas responsables de masacrar poblaciones. En una semana, a partir de la fecha de publicación de este artículo, esperamos tener listos los nombres y apellidos de los dirigentes de la guerrilla en la época en que, según la Comisión de Esclarecimiento, se llevaron a cabo algunas de las 32 masacres que se le atribuyen a la exinsurgencia. Al ejército y a los grupos paramilitares se les endilgan 626.

Sin embargo, el trabajo que se refiere a la responsabilidad de los militares no es fruto de una investigación acuciosa nuestra. De no ser porque la organización National Security Archives, de Washington, nos proporcionó los datos de los documentos desclasificados de la CIA –del mismo modo que han hecho con El País de España o Jornada, de México–, jamás hubiéramos podido articular un tema semejante.

La escasez de reporteros dedicados al auténtico periodismo investigativo y las limitaciones de cuerpos de redacción muy pequeños, hacen prácticamente imposible para cualquier diario guatemalteco emprender proyectos tan ambiciosos como el de Página 12. Además, uno no ignora que entre el grupo de lectores para el que escribe se encuentran quienes, con gran poder de compra, se alegran de que haya acabado la guerra (al precio que fuere) y se alegran más de que la haya ganado el ejército y no la guerrilla.

En las páginas de opinión de los diarios, la polémica ha abundado. Una primera oleada de notas elogiosas ha dado paso a ciertas expresiones de inconformismo o incluso a señalamientos de parcialización de parte de los comisionados. Hay quien ha dicho que en el informe de la comisión primó "la poesía sobre la ciencia". Otros más han salido a defender el pasado calvinista del experto en derecho internacional, el alemán Christian Tomuschat, que presidió la comisión.

La polémica ha reabierto también la discusión de episodios como la matanza de 37 personas en la sede de la embajada de España en 1980. Testigos presenciales o familiares de las víctimas, han querido terciar para exponer sus propias versiones.

Casi todos en Guatemala esperábamos un informe mucho más tímido. Lo que se produjo, en cambio, fue una declaración contundente que señala prácticas de genocidio y un profundo racismo de parte del Estado, y que pide al Presidente la depuración del Ejército, la reparación de los daños a las víctimas y la exhumación de los cientos de cementerios clandestinos que aún se encuentran intactos en las montañas del país.

Pero ningún medio de prensa local ha tenido la vehemencia de los editorialistas de The New York Times; La Nación, de Costa Rica, o Clarín, de Argentina, para pedir que el presidente Arzú respalde y cumpla las recomendaciones de la Comisión. Y hay que ver que al gobierno le ha costado reaccionar ante el informe. Hoy, diez días después de conocerlo, aún no ofrece su respuesta y nadie sabe si aceptará o no investigar y depurar a los militares. Pero en una muestra de cordura, y del signo de los tiempos, ofreció enviar el mismo día en que hicieron público su informe, como embajadores a Chile y a España, a los dos guatemaltecos que participaron en la CEH.

 


(Juan Luis Font, director periodístico de elPeriódico, de Guatemala.)


CENTRO INTERNACIONAL DE PRENSA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI - 2000