Las
verdades de Javier Darío Restrepo
Por
Oscar Domínguez G.
Javier Darío Restrepo tiene respuestas
para todas las preguntas sobre el oficio periodístico. Ejerce
un periodismo de manos limpias que a más de un colega suyo
nos provoca envidia de la buena. Al periodismo le ha dado
estatus como reportero y como estudioso. Por cierto, que
reivindicó su condición de reportero cuando le adjudicaron
el Premio de Periodismo Simón Bolívar –uno de los más importantes
que se otorgan en Colombia– por su vida y obra al pie de
las cuartillas.
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Javier
Darío Restrepo
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Desde el diario El Tiempo, de Bogotá,
Colombia, ejerce una docencia dominical de la que se benefician
por iguales lectores y periodistas. Es crítico y duro con
los periodistas. Ha rechazado la dirección de varios medios
de prensa porque se siente más a gusto ejerciendo la magistratura
periodística. Es demasiado franco para tenerlo como subalterno.
La tarde que lo entrevisté estaba reciente
un agarrón suyo con la oficina de prensa de la Casa de Nariño,
la sede presidencial. Y como el escritor Honorato de Balzac,
gran crítico del periodismo, andaba “cumpliendo” 200 años
de nacimiento, el diálogo arrancó por allí.
Pulso
del Periodismo: Balzac dijo que si el periodismo no
existiera no habría necesidad de inventarlo. ¿Tenía razón,
o realmente los periodistas somos tan importantes?
Javier
Darío Restrepo: En realidad, si el periodismo se mira
como un cuarto poder es prescindible y ahí tiene razón Balzac.
Con esa penetración que él tenía de las realidades sociales,
él entendía que el periodismo como poder no se justifica.
En cambio, el periodismo como servicio es irremplazable.
Esa es justamente la reflexión que se está haciendo el periodismo
de nuestro tiempo, porque cada vez está entendiendo con
mayor claridad que como poder no puede subsistir. Como poder
ha sido pésimo, y ha resultado aliado a los otros poderes.
Ahora
la evolución que está dando el periodismo es muy interesante,
partiendo de hechos tan prosaicos como el de que tiene que
vender su producto y para venderlo tiene que garantizarle
a la gente que es digno de confianza y de credibilidad,
y éstas no se fundan sino es en una actitud de servicio
y en un servicio comprobado para la sociedad. Los periódicos
los compra la gente, lo hace no ya por simple curiosidad
sino buscando allí algo útil que le sirva. Eso entre nosotros
esta comenzando a suceder y se lo están planteando más seriamente
periódicos grandes en el resto del mundo y de allí está
saliendo la preocupación por un periodismo de servicio y
como tal indispensable para la sociedad.
P.:
¿Qué trabas hay en ese camino?
J.D.R.:
Creo que una de las trabas que se están notando más son
las dependencias que tienen los distintos medios de comunicación.
Hay una cadena de dependencias que se inicia en la preocupación
y el culto por la tecnología. En muchos medios se ha creado
la idea de que si yo tengo tecnología de punta, yo vendo
más fácilmente mi producto porque la gente, alucinada por
el brillo de la tecnología, va a buscar aquello. El problema
es que para tener la mejor y la última de las tecnologías,
necesitas hacer grandes piruetas financieras. Y en esas
piruetas resultas ensartado en las dependencias del banco
o del grupo financiero que te presta.
Si
el medio no remplaza su pasión por la tecnología con imaginación
y sobre todo con consagración a lo que es su función fundamental,
acaba dependiendo de eso. De ahí aparece lo que en nuestros
países, y particularmente en Colombia, se ha llamado la
censura sutil, que proviene primero de aquellos que están
abasteciendo de elementos financieros a los medios.
También
resulta que el medio, consciente de que ese tren de gastos
y de dependencias no se logra mantener solo con el combustible
que da la venta y la publicidad del solo medio, crea otras
empresas alrededor. El hecho es que todas van exigiendo
más dinero para mantenerse y a medida que esto crece van
creciendo también las dependencias financieras del medio.
Creo
que uno de los grandes problemas que están enfrentando ahora
los grandes medios de América Latina es nacido de la corporativización,
porque se han perdido de vista lo que fueron los ideales
iniciales. Uno recuerda a Pulitzer hablando de medios que
fueran autosuficientes. Pero para que un medio lo sea,
no es cuestión de multiplicar los ingresos sino de convivir
con la austeridad. Los periodistas estamos condenados a
ser austeros para poder ser independientes. Y gran parte
de las dependencias y de las censuras sutiles que existen
son censuras que nosotros mismos nos hemos impuesto por
el crecimiento de las dependencias financieras.
P.:
¿Al hablar de las dependencias estás aludiendo a las
limitantes que podría tener la libertad de expresión?
J.D.R.:
Libertad de expresión, como lo dice la misma palabra, es
que tú puedas expresarte sin que encuentres límites ni externos,
ni internos. Los externos son supremamente conocidos: viene
a ser toda esa cosa tan vulgar de la amenaza, del asesinato,
de llegar militares con tijeras en las manos a cortar el
editorial o las noticias y demás. Es la parte vulgar de
la censura. Hay una parte más pudorosa de la censura que
es esa que pone trabas legales, pero no dirigidas expresamente
a la prensa, sino indirectamente, como lo que acabamos de
sortear aquí en Colombia, que en una reforma del código
penal ya querían incluir una traba legal consistente en
que si tú revelas alguna parte de un expediente estás próximo
a un carcelazo.
Recuerda
el estatuto anticorrupción donde hay un artículo en el que
a tí te prohiben utilizar cualquier información que tenga
que ver con procesos que estén en marcha contra algún funcionario
oficial. Entonces es paradójico: si la primera arma de combate
contra la corrupción es la información, aquí, en un estatuto
anticorrupción se veda la información sobre los corruptos.
Luego
se quiere someter al periodista a las mismas leyes de cualquier
abogado, y tú sabes que las pruebas que ofrece un abogado,
no son las mismas pruebas que ofrece un periodista. Este
llega en el momento en que se ha cometido el hecho y comienza
como cualquier ciudadano a observar las cosas. Y es a partir
de esa observación del periodista, que no es ninguna prueba
judicial, como comienzan las investigaciones judiciales.
El periodista da la materia prima para esa investigación.
Pues bien: todo eso se lo quería taponar mediante una pirueta
legal.
Hay
otra limitación: los juegos de los contratos en televisión
y eso fue particularmente evidente en el gobierno de (Ernesto)
Samper y ahora están apareciendo las orejas de la misma
estrategia cuando se busca desde el gobierno que desaparezca
la Comisión Nacional de Televisión, para que el gobierno
sea quien maneje la televisión, maneje la radio, todos los
medios.
P.:
Ese rótulo de profesión-peligro que tiene el periodismo
y que en Colombia se expresa muy fuertemente, ¿qué otras
expresiones a tu juicio tiene en este momento?
J.D.R.:
Justamente es una discusión que he sostenido con algunas
personas, algunos de organizaciones internacionales, que
se niegan a mirar un aspecto de restricción de la libertad
de expresión: la situación laboral de los periodistas, particularmente
de los que están trabajando en la televisión, en los canales
privados.
Pensar
en un periodista, y allí hay unos profesionales muy respetables,
que está trabajando siempre bajo la amenaza del desempleo,
dentro de una situación en que tiene que trabajar incluidos
los fines de semana sin que eso represente una mejora en
la paga. Pero si no trabaja, eso representa la posibilidad
de que lo reemplacen y quede desempleado.
Cuando
yo sumo los distintos casos de gente que está informando
a través de la televisión y que está en esas condiciones,
me encuentro un periodista que no tiene libertad para informar
porque siempre tiene pendiente sobre su cuello esa espada
del desempleo y de la mala paga. Pero si a eso le agrego
que el 80 por ciento de los colombianos explican que la
principal información que reciben es a través de la televisión,
entonces eso qué me da por resultado: una población que
está siendo informada por gente que no es libre, que no
puede producir una información libre. Eso da una señal muy
preocupante de deterioro de la democracia, porque si la
democracia solo se logra con ciudadanos bien informados,
el 80 por ciento de los colombianos se están informando
a través de la televisión, y la información de la televisión
no es una información libre.
P.:
Y, ¿cuál es el papel de los medios impresos, que deben atender
al 20 por ciento restante?
J.D.R.:
Sin ser ideal, la prensa impresa está cumpliendo su tarea
con mucho mayor decoro. Hay más oportunidad de análisis,
hay cierta independencia y sobre todo hay una cierta tradición
de pasión por el oficio.
En
el periodismo impreso tú nunca has visto que se haya generalizado
una buena paga. El periodista de cualquier diario, de cualquier
revista, tiene una paga modesta y allí no hay esa terrible
competencia por los grandes salarios que observas en la
radio y en la televisión. Además, encuentras allí más capacidad
de reflexión, y el embrujo de la palabra escrita que tiene
su propia fuerza, te obliga a reflexionar, a estudiar, a
confrontar fuentes.
En
la televisión esa prisa endemoniada que tiene el reportero
le hace casi imposible que pueda hacer una confrontación
de fuentes y una búsqueda sosegada de la verdad de los hechos.
Esa, en cambio, sí la tienes en el medio impreso.
Y
luego en los medios impresos tú observas que hay un cambio
en el sentido de que allí la gente se está sintiendo más
obligada a profundizar y a especializarse en los temas.
Cada vez nota uno más en los medios impresos que están contratando
gente que es especialista en esos temas y que la pone a
trabajar en ellos. Y otra circunstancia que yo observo
como muy positiva es el trabajo en equipo.
Yo
pienso que el medio impreso sí está dando una mejor información,
más fiable para lo que se necesita actualmente en el país.
P.:
Y esta situación que describes para la prensa colombiana,
¿es exclusiva nuestra o se podría generalizar con respecto
a los demás países de América Latina?
J.D.R:
Tengo la impresión de que eso se está generalizando,
que somos parte de esa ola de fin de milenio en la que las
cosas están cambiando. Más aún, pienso que la misma televisión
tiene un futuro no del todo claro para el próximo milenio.
Si miras la importancia creciente que va teniendo todo lo
que es la informática, todo lo que es la navegación por
la cibernética, te vas a dar cuenta de cómo ya la gente
va subestimando la televisión y va buscando información
a través de Internet y de todos estos medios que nos están
ofreciendo los computadores, de modo que para ellos el futuro
no está garantizado. Y para los mismos medios impresos tampoco
está garantizado el futuro, si no es a través de una información
de servicio. Cada vez la gente va encontrando más utilidad
en un medio pequeño, tecnológicamente atrasado pero independiente
y que interprete las distintas comunidades. La gente cada
vez va necesitando más que le hablen sobre su vecino y no
que le hablen sobre los otros continentes.
P.:
Tocas el tema de la ética, me gustaría que profundizarás
más. Desde la perspectiva del periodismo, ¿somos los periodistas
más o menos éticos en estos tiempos?
J.D.R.:
En periodismo está ocurriendo lo mismo que está sucediendo
a nivel mundial, hay una conciencia que se ha ido haciendo
muy clara: vivimos en un planeta en erupción en el que se
está imponiendo una especie de ética de sobrevivientes.
Cuando
te hablo de ética de sobrevivientes, me refiero a aquel
pacto de superviviencia que se hace, y que necesita como
base que se respeten ciertas normas. Los que sobreviven
en una balsa, así sean los más anárquicos de corazón y
de espíritu, tienen que someterse a ciertas reglas porque
de lo contrario saben que naufragan. El mundo está en una
situación parecida. Es una especie de balsa en la que sabemos
que para sobrevivir tenemos que acatar ciertas normas,
y es lo que se llama actualmente la ética civil, que no
está basada en principio religioso alguno, sino que está
fundada en una necesidad reconocida por todos: si no aceptamos
esas normas nos perjudicamos todos.
De
la misma manera está sucediendo en periodismo. En periodismo
cada vez es más claro: o dices la verdad y tienes pruebas
para sustentarla o se friega tu medio. La gente tiene derecho
a que le digan la verdad y con exactitud. Incluso hoy se
habla de exactitud científica en el periodista. Al lado
de esa exigencia, va creciendo la conciencia de que el periodista
tiene que ser independiente. Fíjate la forma vehemente como
los lectores le exigen a un periódico como El Tiempo.
Dicen: "Ustedes son los dueños del periódico, pero
nosotros somos los dueños de la información, por consiguiente,
ustedes no tienen por qué utilizar la información para promover
sus negocios."
P.:
Nosotros hablamos mucho de libertad de expresión entendida
desde los periodistas hacia fuera, pero el lector, el oyente,
el televidente también tiene derecho a ejercer una libertad
de expresión. Sin embargo, parece que no hay la suficiente
libertad para que la gente se exprese...
J.D.R.:
Sí, no hay los canales suficientes, pero sí se están
abriendo cada vez más canales. Tú escuchas por la mañana
las dos grandes cadenas RCN y Caracol y notas un cambio.
Antes, ellos dejaban hacia las nueve y media lo que era
la voz de los oyentes y allí echaban cuatro o cinco cartas.
Ahora desde cuando comienza la emisión de noticias, van
intercalando la voz de los oyentes.
En lo que se refiere a periódicos, este
año han aparecido dos novedades. El
Espectador, además de las cartas diarias que publica
semanalmente, tiene toda una página en la que publica una
cantidad muy grande de cartas. El Tiempo, además de las cartas de las
páginas cuarta y quinta, ha dedicado un día para que la
página quinta no tenga columnistas sino que sean los lectores.
Además de eso, la sección Motor (dedicada a los automóviles)
tiene su página de cartas, al igual que la sección de computadores,
la sección de tierra y ganado, la económica. Desde luego,
el Defensor del Lector tiene su página de cartas, lo cual
muestra cómo ha ido creciendo la conciencia por parte de
los medios de que tienen que abrirle espacios a los lectores.
Eso en cambio, no lo encuentras en televisión
donde no hay una participación así abierta de los televidentes,
salvo uno que otro programa que abre los teléfonos al aire,
pero eso es más bien una excepción. Los programas informativos
no tienen ese tipo de doble línea con sus televidentes.
P.:
Los medios han empezado a competir con un intruso en el
ciberespacio que es Internet. ¿En qué medida Internet influirá
en el futuro de los medios?
J.D.R.:
Si los medios no se preocupan por ganar una credibilidad
y por prestar un servicio que pueda competir con la credibilidad
y con el servicio de Internet, muy fácilmente van a ser
remplazados, al menos en parte, por la información de Internet.
P.:
¿Consideras que los gobiernos siguen atentando contra
la libertad de expresión a través de organismos creados
para que solo se conozca la verdad oficial?
J.D.R.:
Creo que es una condición propia del poder gubernamental
la de dar una información que nunca podrá ser una información
completa. El ejercicio del poder crea unas ciertas limitaciones
de conocimiento y de percepción de la realidad. La cuestión
no está tanto en ellos sino en los medios independientes
y lo trágico sería que llegara un momento que estos medios
independientes por ahorrarse costos y por ahorrarse esfuerzos,
asintieran pasivamente a toda la información que les llega
desde el poder. Ese día estaría seriamente amenazada la
democracia. porque sería una información desde el poder
y casi se puede afirmar como axioma que información que
se da desde el poder es una información incompleta. No digo
que falsa pero sí es incompleta. Si el señor presidente
está en gira, la mejor información es la que reproduce lo
que el presidente dijo y el programa de actividades del
presidente. Si te sales de eso, y entras a interpretar lo
que representó la gira presidencial, lo que representaron
los distintos detalles de los actos en que él estuvo, el
tono, los énfasis que se hicieron en los distintos discursos,
primero, los informadores oficiales piensan que estás en
la oposición, cuando lo que estás haciendo únicamente es
interpretando los hechos y esa tarea es la propia de los
medios independientes. La ciudadanía necesita esa ayuda...
Decía Pitigrilli que uno conoce a un personaje cuando lo
ve bajar las escaleras. Hay que mirarlos bajar las escaleras,
no mirarlos solo en la cumbre, hay que mirarlos como seres
humanos, que transitoriamente están en el poder y a veces
tienen que agarrarse de él para no caer. Todo eso tiene
que hacerlo el periodista. Un periodismo oficial es un periodismo
incompleto y es un periodismo cegatón que obliga a la sociedad
a caminar con bordón. Lo que hace el periodismo independiente
es darle elementos a la sociedad para que camine con sus
propios pies.
P.:
A manera de síntesis, ¿dirías que la libertad de expresión
en Colombia y en América atraviesa por un buen o un mal
momento?
J.D.R.:
En América atraviesa un mal momento. En un congreso
que se hizo en la cumbre de las América en Santiago de Chile,
donde nos reunimos periodistas de todo el continente, era
impresionante el panorama en todos los países. No creo que
haya un buen momento para la prensa en el continente, como
no lo hay en Colombia, donde hay muchas limitaciones. Ahora:
a mí no me asombra eso. Me asombraría un periodismo que
aceptara eso pasivamente. Al fin y al cabo, la libertad
es algo que se tiene que estar conquistando todos los días,
no es algo que se nos da hecho y cuanta mayor conciencia
hay de la necesidad de libertad, hay mayor visión de los
obstáculos que se le oponen. Decir en este momento que hay
libertad de prensa en América, o en Colombia, sería preocupante
porque eso significaría que ha descendido la sensibilidad
del periodista a las exigencias ilimitadas que tiene la
libertad.