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La Academia
Estrena Ortografía
por Fernando Díez
Losada
A don Víctor
García de la Concha, director de la Real Academia Española,
le cabe el mérito de haber inventado el turismo ortográfico
que, tal como van las cosas, amenaza con desbancar al turismo ecológico
y hasta al turismo sexual. Don Víctor anduvo recorriendo
-hace unos pocos meses- la mitad de nuestro continente predicando
las bondades de la nueva Ortografía de la RAE y tratando
de convencer a tirios y troyanos de que quien lleva ahora la batuta
en el concierto del idioma castellano es precisamente Hispanoamérica
[esa América hispana de Rubén, que tiene sangre indígena,
que reza a Jesucristo y que habla en español
]
Efectivamente, en su periplo ortográfico don Víctor
jura y perjura que en la concepción, gestación y parto
de la nueva edición de la Ortografía la Academia ha
tomado muy en cuenta los usos idiomáticos de los países
hispanoamericanos y de Filipinas [la RAE se ha empecinado en mantener,
contra viento y marea, al archipiélago filipino entre los
países castellanohablantes cuando la realidad es que se oye
más español en un congreso de ETA que en toda Manila].
Don Víctor, aparte del turismo, está desempeñando
brillantemente su papel de promotor del libro académico,
abriendo nuevos nichos de mercado, como dicen los estudiosos de
marketing. Pero don Víctor y yo sabemos muy bien que entre
las pocas concesiones de la RAE estará la opcionalidad de
las tildes de guión, Sión, truhán, rió,
frió, fió, pió, crió, fié, pié
(de piar), crié y algunas más por el estilo [en realidad,
ese acento no tiene razón de existir si consideramos que
los vocablos citados son monosilábicos; pero para el español
peninsular se trata de voces bisilábicas]. Nada del otro
jueves, aunque don Víctor continúe haciendo turismo
ortográfico y abriendo nuevos nichos de mercado.
Efectivamente no nos
equivocamos. Hace varios años comentábamos en un artículo
de PULSO cómo, extraña y paradójicamente, la
Academia tildaba el sustantivo guión -y, junto con él,
otros aparentes monosílabos: Sión, truhán,
pión, rió, frió, fió, pió, crió,
fié, pié, crié-. En aquella oportunidad escribimos,
entre otras cosas:
«La regla número
12 de Las nuevas normas de prosodia y ortografía, doctrina
académica puesta en vigor el 1° de enero de 1959, establece
que el encuentro de vocal... débil átona con fuerte
tónica forma siempre diptongo... Este es exactamente el caso
del vocablo guión: hay encuentro de vocal débil átona
(la i) con fuerte tónica (la o). Ergo (pura evidencia silogística),
en guión se da diptongo. Y, si hay diptongo, quiere decir
que la palabra guión es monosilábica, y los monosílabos
no se tildan (salvo los contados casos de acento diacrítico,
en cuyo sepelio guión no tiene vela). Entonces, ¿qué
diantres hace esa tilde sobre el vocablo guión?»
Pues bien, siempre pensé que el entuerto se "desfaría"
en la primera oportunidad de que dispusiera la Academia. Y, a mi
juicio, esa ocasión estaba, que ni pintada, en la nueva edición
de la Ortografía de la RAE [acabada de imprimir en octubre
de 1999], libro que el propio director de la Docta anduvo promocionando,
como acabamos de explicar, por toda América en una novedosa
suerte de turismo lingüístico.
Resulta que la Academia -en su flamante nueva edición- sigue
sosteniendo que se da diptongo cuando "se suceden una vocal
abierta (a, e, o) y una cerrada (i, u) o viceversa, siempre que
la cerrada no sea tónica", que es, precisamente, el
caso de guión y sus adláteres. Advierte, no obstante,
que algunas de estas combinaciones vocálicas pueden articularse
como hiatos, pero que, "a efectos de la acentuación
gráfica, se considerará siempre que se trata de diptongos".
¡Aleluya! Finalmente guion y compañeros mártires
han sido destronados y privados de su injusto nimbo acentual
Crasa candidez la mía.
Unas páginas -unas pocas páginas- más adelante
leo con incredulidad: "
es admisible el acento gráfico
si quien escribe percibe nítidamente el hiato y, en consecuencia,
considera bisílabas palabras como las mencionadas: fié,
huí, riáis, guión, Sión, etc."
(!!!)
O sea, tilde o no tilde. A gusto del consumidor. No peleemos. ¿Qué
buscan los académicos? ¿El Premio Nobel de la Paz?
Pero sigamos con la
nueva Ortografía académica. El que escribe este artículo,
fiel creyente del lema "limpia, fija y da esplendor" que
orna y honra el escudo real de la RAE, arremetió -hace ya
su buen tiempo- contra la intrusión en nuestro impoluto idioma
de la fórmula copulativo-disyuntiva y/o (y sus variantes
e/o, y/u), que, candorosamente, consideró un adefesio lingüístico.
En alguna ocasión escribió lo siguiente:
«Los anglófonos
comenzaron -hace ya sus buenos años- a utilizar la fórmula
and/or (y/o) en documentos jurídicos y comerciales (más
tarde se extendió a todo tipo de escritos). El invento pretende
combinar en forma compendiada expresiones copulativas y disyuntivas.
Como era de esperar, muchos hispanohablantes recibieron la idea
con el entusiasmo y arrobamiento que generan los productos de importación.
Independientemente de
que ese y/o resulte a la postre absolutamente pleonástico
o redundante (Se necesita secretaria que hable francés y/o
alemán es prácticamente lo mismo que Se necesita secretaria
que hable francés o alemán; piénselo un momento
y verá que así es), este tipo de fórmula cuasimatemática
ofende el genio del idioma y nos conduce directamente a un total
desbarajuste lingüístico.»
Pues bien, la nueva Ortografía de la RAE parece dar el visto
bueno a la mencionada fórmula y/o. Cuando explica el uso
de la barra (/) [slash para los anglófilos] dispone: "Colocada
entre dos palabras o entre una palabra y un morfema, puede indicar
también la existencia de dos o más opciones posibles
[
] Es el tipo de bromas y/o mentiras piadosas que Inés
no soportaba
"
Claro que el que no se consuela es porque no quiere. La Academia
-en la obra citada- advierte en referencia a lo dicho: "Fuera
de anuncios, circulares o algunos textos de tipo técnico,
se recomienda evitar este uso, especialmente en documentos personalizados".
O sea, se puede, pero se recomienda que no. Y de nuevo todos felices
y contentos
La RAE cada vez más cerca del Nobel de
la Paz.
Hace unos cuantos años
-cuando aún creíamos en cuentos de hadas- escribimos
lo siguiente: «Lamentablemente el autor de estas líneas
ignora quién fue el genio que inventó el signo que
se indica seguidamente (#) con la intención -se duda si sana
o aviesa- de suplantar la palabra número (es de suponer que
también los vocablos foráneos number, nombre, numero,
nummer...; pero eso ya no es problema nuestro).
La palabra castellana escrita -representación gráfica
de sonidos articulados que expresan una idea- está formada
por una o varias de las 27 letras o grafemas de nuestro alfabeto
(excepcionalmente el idioma acepta también el uso de las
cifras o signos aritméticos -romanos y arábigos-,
pero nada más). Entonces, ¿de dónde diantres
procede la idea de representar gráficamente el concepto número
por medio del extraño signo #?
Sabemos que los anglófonos -¡faltaría más!-
son los padres de la criatura. Al menos su diccionario Webster's
lo registra (the symbol [#] is often used with a definite numeral...),
y tienen todo el derecho de hacer de su capa un sayo. Pero, ya hablando
desde esta orilla, la de nuestra lengua, ¿cómo podría
justificarse -en un escrito formal y serio- sustituir un vocablo
por un símbolo exótico, por muy cómodo que
resulte y aunque lo recojan el teclado del computador o el del teléfono?
Para los perezosos o impacientes, la ortodoxia gramatical ofrece
formas abreviadas para el vocablo número (núm., nro.
y n.º ) sin necesidad de recurrir a entes insólitos,
importados -como Supermán, E.T., Alf de Melmak o Mi Marciano
Favorito- de alguna lejana galaxia semiológica.»
Hoy seguimos sin conocer al genio que inventó el símbolo
# y continuamos ignorando de dónde diantres procede la idea
de representar gráficamente el concepto número por
medio de ese extraño signo. Lo que sí sabemos, en
cambio, es que la RAE -previa consulta a las academias correspondientes
y asociadas- dio la más cordial bienvenida a # y lo ubicó
en la lista de símbolos no alfabetizables (sic) de su reciente
edición de la Ortografía.
Pero hablemos de esos
signos no alfabetizables. ¿Cómo se come eso? Vaya
usted a saber. Uno siempre había tenido la idea de que la
lengua escrita es un sistema semiológico cuyos signos básicos
son precisamente las 27 letras del alfabeto, los signos de puntuación
como elementos auxiliares y las cifras (romanas y arábigas),
que tradicionalmente pueden sustituir al vocablo numeral.
Pero no. Ahora, con un pie en el siglo XXI, el idioma español
abre generosamente sus puertas a toda suerte de ringorrangos otrora
extraños al idioma.
Para comenzar la lista de marras aparece -¡cómo no!-
la famosa a jugando a la comba: @. ¿Alguien puede explicarme,
por favor, qué relación puede haber entre un signo
lingüístico -alfabetizable o no- y este elemento informático
cuyo único objetivo es señalar la existencia de una
dirección electrónica?
Sigamos. ¿Sabe usted lo que es un ángstrom? No se
preocupe, tampoco yo lo sabía, pero lo averigüé:
es una unidad de longitud equivalente a una diezmillonésima
parte de un milímetro. Claro que si lo de ánstrong
le resulta raro, más insólito le parecerá esa
A con empírea aureola: Å, que representa a dicha microscópica
medida de longitud y que ocupa el segundo lugar de la lista de símbolos
no alfabetizables.
Y ya metidos en plena globalización del castellano, vemos
en la famosa lista un par de símbolos made in USA, con su
designación en inglés para que no haya dudas: ©,
copyright ('derechos de autor') y ®, registered trademark ('marca
registrada').
Y todo eso ¿qué tiene que ver con la ortografía
de la lengua española?
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