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Las Provincias también existen

Una aproximación a las entrañas
del periodismo alejado de las capitales

Por Sandra Crucianelli


Introducción

Una historia para contar

Hace casi tres décadas, una muchacha de apenas 14 años, caminaba todos los días sin apuro alguno, las 20 cuadras que separaban su humilde casa de la biblioteca del pueblo en que vivía. Una vez instalada en el lugar, su misión consistía en tomar cualquiera de los desgastados libros que los estantes exhibían, para luego, con una paciencia que quién sabe de dónde sacaba, mecanografiar un párrafo al azar. De vez en cuando, plasmaba en el papel algunos escritos que su imaginación le dictaba.
La Olivetti en la que aprendió a teclear parecía esperar diariamente por esos dedos, débiles y torpes. Si tal cosa no hubiera ocurrido en aquel tiempo, la vieja máquina se hubiera oxidado mucho antes de terminar tristemente olvidada en la venta de una chatarra.
El poblado en el que vivía la muchacha era pequeño. Lo habitaban no más de 5.000 almas y distaba unos 25 kilómetros de la ciudad cabecera de su partido, en el interior de la provincia. Ella solo quería ser dos cosas en la vida: médica y escritora. Rara mezcla.
Habiendo nacido en el seno de una familia sin recursos y en el que los hábitos de lectura no eran frecuentes, tal destino parecía un imposible. Pero a pesar de su acotada realidad, jamás fue consciente de que estaba, en ese escenario, condenada a la nada.
Si soñar era gratuito, ella se imaginaba salvando vidas en algún hospital y, al mismo tiempo, escribiendo una exitosa novela capaz de llevarla a la fama o la fortuna.
Pero la muchacha era testaruda. Quiso ingresar a la universidad, a estudiar cualquier cosa que se pareciera en algo a la inalcanzable medicina, esa que se estudiaba en la Capital y a la que accedían solo quienes pertenecían a familias acomodadas.
Para colmo, eran tiempos de militares en el gobierno. Debe ser por eso que ni siquiera le planteó a sus padres la posibilidad de abandonar el terruño. Su padre, aunque hubiera tenido todo el oro del mundo, jamás se lo hubiera permitido.
En su casa no había dinero para libros, ni siquiera para el transporte, así que tuvo que buscarse un trabajo si quería atravesar el portal universitario.
El corresponsal del diario citadino en el pueblo había muerto y así, la vacante generada. Todavía recuerda el empujón que le dio su madre al bajar del colectivo que la llevó a la ciudad, para reclamar por ese puesto.
La muchacha se las arreglaba bastante bien para escribir. Y pudo mostrar al jefe de personal del diario, que la miraba de reojo a sus 17 años, varios de sus “poemas”, que conservaba en una suerte de “libro” hecho a mano, en hojas escolares, mecanografiados en la Olivetti de la biblioteca y encuadernados a puro hilo y aguja.
Su poesía era malísima. Pero quién sabe por qué, a pesar de lo escaso de su edad, y quizá porque no se presentó ningún otro interesado, la tomaron para el puesto y se convirtió “la corresponsal” del pueblo.
De esa forma, alternaba sus estudios superiores en bioquímica con la redacción de improvisadas crónicas pueblerinas.
Un día la llamaron de la ciudad. El jefe de la redacción bajó sus lentes hasta el tabique nasal, le inspeccionó la ropa cosida por su madre que llevaba puesta y le dijo que tenía potencial.
La muchacha ingresó a la redacción a los 6 meses de iniciada su labor en la corresponsalía con la categoría de aspirante. Se la pasaba ejerciendo el oficio más aburrido del mundo: mecanografiar gacetillas y cartas del lector.
Con el paso del tiempo, empezó a prestar atención a lo que escribían sus colegas, los que cubrían los vaivenes de la política, la economía o el crimen. Y empezó a blasfemar contra su jefe, a quien apodaban “el monstruo”. Ella quería escribir sobre otras cosas, pero siendo mujer y joven, en una sala de redacción poblada de machos, los reclamos le trajeron más amarguras que satisfacciones. No se dio por vencida y sin que nadie se lo asignara, comenzó a redactar pequeñas historias que de vez en cuando, salían publicadas.
Sin embargo, tuvo un golpe de suerte, porque al hijo de la dueña del diario le gustaron sus escritos. Y empezó a encomendarle notas “más importantes”.
De esa forma, la provinciana no logró convertirse ni en bioquímica, ni en médica ni en escritora. En su historia hubo unos pocos que la alentaron pero otros muchos que le pusieron piedras en el camino, pero como seguía siendo testaruda, no iba a bajar los brazos. Se enamoró del periodismo y desde las entrañas de su provincia se propuso escribir sobre cosas que valieran la pena.
Con el paso de los años, tuvo oportunidades de migrar hacia la Capital del país, pero las rechazó, aunque las ofertas habían sido tentadoras en materia de dinero. Pensó que si todos los periodistas provincianos se alejaban de su tierra natal apenas alcanzado el mínimo conocimiento en la materia, el destino de los medios regionales sería tener siempre entre sus filas a una legión de novatos.
La muchacha se convirtió en mujer. Su historia debe ser parecida a la de muchos otros que todavía permanecen, que se quedan y no se van. Que no nacieron sabiendo que se iban a convertir en periodistas, pero que hoy lo son, sintiendo que el destino les tenía reservada una sorpresa, encarnada en la maravillosa misión de informar.

¿Todo sigue igual o peor?

Hace 9 años, un equipo integrado por 6 expertos pertenecientes al Programa Latinoamericano de Periodismo que patrocinaba la Universidad Internacional de La Florida, evaluó la situación del periodismo y su enseñanza en cinco países: Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.
El trabajo, publicado a través de un texto que difundió la Escuela de Periodismo y Medios de Comunicación de esa universidad, consistió en entrevistar a 461 reporteros ejecutivos y académicos de los citados países, de los cuales 328 respondieron a un cuestionario a través del que se evaluó las condiciones del ejercicio de la profesión. 318 de ellos eran periodistas.
La novedad del estudio radicó en que no se concentró en las capitales sino que abarcó a profesionales de 18 ciudades, por lo que la realidad de las provincias no estuvo ausente y por el contrario, cobró un importante protagonismo.
Las conclusiones del estudio, difundidas en 1995, alertaron sobre el principal problema: Con pocas excepciones, se afirmaba que los medios no examinaban los abusos y los errores del gobierno. Ligados al poder a través de publicidad oficial, la censura y autocensura fueron relatadas como prácticas corrientes. El perro guardián no se mostraba vigilante, sino más bien mirando a sus costados de mala gana, cuando no perezoso o desinteresado.
Los reporteros también se manifestaron carentes de capacitación y de herramientas especialmente orientadas al reportaje investigativo. Ellos mismos reconocieron no saber investigar.
Otras realidades no fueron pasadas por alto: La enseñanza del periodismo fue muy criticada, las prácticas poco éticas en los periodistas se justificaron por los bajos salarios y se reconoció que hacía falta más educación que llegara a las provincias, ya que buena parte de esta oferta en capacitación se concentraba en las capitales.
Han pasado nueve años desde entonces. El escenario de la noticia en cada uno de estos países ha sufrido algunas transformaciones.
¿Cambió la realidad del periodismo en las provincias o sigue siendo la misma?
¿Las condiciones mejoraron o la situación es peor?

Escuchando en Piura

El Knight Center de la Universidad de Texas organizó el año pasado año un Seminario Internacional sobre Periodismo de Investigación en Piura, Perú, cuyo público estuvo conformado, básicamente, por periodistas de provincias.
En ese foro, al cual tuve la ocasión de asistir en calidad de instructora, se expusieron las dificultades que los periodistas provincianos tienen a la hora de ejercer su profesión y, en especial, de producir reportajes de investigación.
Me impresionó la sensación de lejanía y soledad que manifestaron algunos, por las escasas posibilidades que tenían de acceder a cursos de capacitación. Aunque nadie trazó la división entre provincias y capitales, la línea flotaba en el aire.
Problemas de falta de independencia, de censura y autocensura, de escaso acceso a documentos públicos, de excesiva cobertura de fuentes oficiales, de carencia de recursos técnicos y humanos, de ausencia de liderazgos en los mandos intermedios de la sala de redacción y existencia de riesgos físicos o legales en el ejercicio del periodismo, fueron algunos de los obstáculos que se citaron como frecuentes.
Y aunque los periodistas que viven en las capitales atraviesan por idénticas dificultades, hay varias de ellas que en las provincias se agudizan.
Mientras volaba de regreso a mi país, pensé que de alguna forma, sería bueno que muchas de aquellas impresiones quedaran registradas. El asunto era cómo llegar el mayor número de reporteros posible.
Una semana más tarde, y gracias a las bondades de la Internet y el correo electrónico, comencé a hacer circular a través de varias redes virtuales de periodistas y portales, una planilla con preguntas dirigidas a periodistas de provincia.
El estudio, claro, no tiene pretensiones de cientificidad. No es una encuesta, ni siquiera un sondeo. Está tremendamente sesgado por el hecho de que sólo pudieron expresarse aquellos que utilizan el correo electrónico o que tuvieron acceso a la Web y encontraron el formulario, (o lo que es lo mismo, una aguja en un pajar), y finalmente, por el hecho de que su envío era voluntario.
El violar la ley básica de la estadística inferencial, la llamada “Ley de la Aleatoriedad”, impide a este ensayo cualquier generalización sobre el tema. Para haber alcanzado ese logro habría que haberle dado a cada periodista de provincia que habita en los países de habla hispana, la misma posibilidad de ser parte de la muestra. Y en razón de que tal realidad es prácticamente imposible –o al menos improbable de alcanzar-, la única aspiración del trabajo consistió en aproximar esta recolección de opiniones y casos, a la realidad.
Es solamente eso, una aproximación.

Tienes un email
Planillas con respuestas relacionadas con el ejercicio de la profesión provenientes de periodistas de provincia originarios de Perú, Colombia, Ecuador, Uruguay, Panamá, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Paraguay, Bolivia, Chile, Costa Rica y Argentina llegaron a mi correo electrónico entre los meses de abril y agosto del año en curso.
En total fueron 166 y su distribución por países no respeta la densidad mediática de cada país, hecho que acentúa aún más el sesgo inicial del estudio, pero que nada resta a su ambición de acercarse a una realidad que, lejos de las capitales, es vivida en carne propia por los protagonistas de estas historias.
La tabla ilustra la composición de la muestra

País
Cantidad respuestas
Perú
18
Argentina
17
Uruguay
16
Bolivia
15
Colombia
14
Chile
13
Honduras
13
Ecuador
12
El Salvador
11
Paraguay
11
Nicaragua
9
Panamá
9
Costa Rica
8

En promedio, para la suma total de las planillas, el 57 % correspondió a respuestas de mujeres y el 43 % de varones.
No se puede comparar, científicamente hablando, la muestra tomada en 1995 para los países andinos con la analizada en este ensayo. Aunque esta última incluye a cuatro de los cinco países estudiados en aquel entonces, el abordaje de los entrevistados, el tamaño muestral y la forma en que se distribuyeron los cuestionarios hacen imposible cualquier comparación.
Cualitativamente hablando, es otra historia.
Los problemas siguen siendo los mismos que los apuntados hace 9 años, a los que se agregan otros datos que merecen reflexión.

Voces de Provincia: Las Respuestas

A las siguientes preguntas los periodistas que enviaron las planillas respondieron según se detalla:

1)¿Como periodista de provincia, cree que su capacidad de crecimiento profesional está en desventaja respecto a la de sus colegas que trabajan en la capital de su país?

Si: 77 %
No: 23 %

2)Analice ventajas y desventajas de ejercer periodismo en las provincias.

Ventajas: Conocer profundamente la realidad local. Tener fuentes muy aceitadas. Manejo más completo de varios temas al mismo tiempo. Mayor compromiso con la audiencia. Mayor acceso a información. Mayor probabilidad de cambiar realidades. Mayor creatividad al tener que compensar escasos recursos.
Desventajas: Menor cantidad de medios. Empresas muy ligadas al gobierno. Autocensura. Censura. Bajos salarios. Inseguridad. Amenazas. Falta de oportunidades laborales. Falta de oportunidades para capacitarse. Falta de acceso a documentos. Sin sueldos, periodistas obligados a vender publicidad lo cual se reconoció como poco ético.

3)¿Tiene intenciones de ejercer el periodismo en la Capital de su país o fuera de su país?

No: 78 %
Si: 22 %

4)¿Qué tipo de ayuda cree que necesita recibir para mejorar su capacidad como profesional? (Por tratarse de pregunta abierta y poder brindar más de una respuesta, la suma no da 100 %)

Mayor compromiso de los dueños de medios: 89 %
Cursos de capacitación en las provincias: 83 %
Disponibilidad a Internet: 72 %
Libros, materiales de lectura: 64 %

5)¿Cuáles serían para usted los incentivos que lo harían crecer como profesional?

Mejor salario: 93 %
Oportunidades e incentivos laborales (ascensos, viajes, becas): 81 %
Cubrir un hecho importante: 44 %

6)¿Quiénes deberían ocuparse de su crecimiento profesional? (Igualmente, al ser pregunta abierta, varios dieron más de una respuesta por lo que la suma no da 100 %)

Yo mismo: 84 %
Dueños de medios: 77 %
ONGs: 35 %
Universidades: 15 %

7)¿Cuál es su actitud personal respecto a su capacitación como periodista? (Se podía marcar más de una opción, por eso la suma no da 100 %)

a)Concurro a cuanto curso o seminario de capacitación pueda: 58 %
b)Concurro solo a aquellos cursos que me interesan: 79 %
c)Casi no concurro a cursos debido a limitaciones económicas (cuando debo pagar por ellos): 62 %
d)Casi no me entero de los cursos disponibles: 76%
e)No puedo asistir a cursos porque la empresa en la que trabajo no me otorga los permisos necesarios: 54 %
f)Compro libros sobre periodismo toda vez que pueda, aunque ello represente un esfuerzo económico: 35 %
g)Me gustaría comprar libros sobre periodismo, pero tengo limitaciones económicas: 74 %
h)Tengo acceso a Internet en mi casa: 31 %
i)Busco en la Internet sitios o lecturas relacionadas con periodismo: 48 %
j) Conozco los sitios web que ofrecen recursos para periodistas: 29%
k)Estudio o estudié inglés 39 %
l)Tomaría, tomo o he tomado cursos sobre programas informáticos que sean de utilidad para mi profesión. 48 %
m)Tomaría cursos de capacitación a distancia, usando la Internet: 62 %

8)¿Está informado sobre las oportunidades de becas de estudio que se ofrecen a periodistas?

No: 68 %
Sí: 32 %

9)¿Le interesaría ganar una beca de estudios fuera de su país? ¿Cree que estaría en condiciones de obtenerla?

No: 71 %
Si: 29 %
(El 94 % de quienes respondieron que sí cree que estaría en desventaja respecto de sus colegas de capitales. El resto opinó que los méritos profesionales son independientes del lugar)

10)¿Le interesaría postular para un premio internacional en reconocimiento a su trabajo? ¿Cree que estaría en condiciones de obtenerlo?

Si: 85 %
No: 15 %
( El 79 % de quienes respondieron que sí, manifestó no sentirse en igualdad de condiciones para obtenerlo respecto de sus colegas de capitales debido a los alcances temáticos de las historias que cubren)

11)¿Qué reportaje le gustaría escribir o producir pero considera que no podrá realizar por su condición de reportero de provincia?

Grandes temas nacionales, corrupción, narcotráfico: 82 %
Temas internacionales: 53 %
Cubrir una guerra: 39 %
Contaminación Ambiental: 37 %
Temas sociales de alcance nacional (pobreza, Sida, Cárceles, Trabajo Infantil, etc.): 32 %

12)¿Qué sentimientos experimenta respecto de la profesión y el lugar donde vive? ¿Se siente feliz, solo, distante, abandonado o cómo? (por tratarse se pregunta semi-abierta, se podía indicar más de una respuesta, por eso la suma no da 100 %)

Feliz: 79 %
Solo: 88 %
Satisfecho / orgulloso: 63 %
Realizado: 32 %
Infeliz: 19 %
Fracasado: 11 %
Decepcionado: 5 %

13)¿Conoce algún caso de periodista de provincia que haya trascendido por su trabajo sin la necesidad de trabajar en una Capital o fuera de su país?

No: 92 %
Si: 8 %

Cuando Provincia se escribe con sangre
Desde finales de la década del 90, las constantes investigaciones del Comité de Protección de Periodistas (Washington, USA), - a las que se suman las del proyecto Impunidad de la SIP - vienen demostrado que en América Latina los periodistas de provincia encaran mayores riesgos.
Marylene Smeets, del CPP, informaba en un reporte del año 2001 que antes se tomaba usualmente como blanco a los periodistas destacados de las grandes ciudades. Pero esa realidad parece haber cambiado.
“Los periodistas de provincia son víctimas del grueso de los asesinatos y la violencia. En el creciente conflicto civil en Colombia, tres periodistas asesinados en el 2001, en represalia por su labor, provenían todos de la provincia, como lo eran los tres muertos por su trabajo en 2000”, citó en su informe.
Para Smeets, el crecimiento de las organizaciones de libertad de prensa populares y locales, -las cuales han colocado en primer plano las amenazas a los periodistas de provincia-, pueden explicar en parte esos hallazgos. Pero se atribuye ampliamente a las protestas verbales contra los asesinatos de periodistas bien conocidos, la disminución de la violencia en las grandes ciudades.
Julio César Londaño, nacido en Palmira, Valle del Cauca, relataba hace unos años que en las ciudades pequeñas se siguen imponiendo los caciques y sus bien aceitadas maquinarias.
“La razón de este rezago estriba en la fragilidad del periodismo de provincia. En los pueblos y en las ciudades de menos de 500 mil habitantes el periodista es prácticamente un empleado más de la Alcaldía, que es la principal fuente de noticias y el único anunciador. Así, amordazada con un mendrugo, se neutraliza en provincia a la prensa, el veedor natural y de mayor impacto en una democracia”, sostuvo.
Un rastreo informático en portales de organizaciones periodísticas latinoamericanas da cuenta de una situación que preocupa y duele.
Víctor Hugo de León, desde Guatemala, habló de sangre, amenazas y crímenes contra periodistas de provincia, que son objeto de ataques constantes.
Idénticos relatos nos anotician de sucesos similares en Venezuela, aunque otros países no escapan al método del miedo para silenciar a la prensa.
Por citar otro ejemplo, en el interior de Argentina, concretamente en la provincia de Tucumán, los periodistas saben que tienen nulas posibilidades de controlar al gobierno a través de su trabajo periodístico. Y el que se atreve, es corrido de su sección o despedido sin consideración alguna, que no es sino otra forma de violencia, la laboral.
Hace menos de dos años, se le escuchó decir a Jon Lee Anderson que hay buenas historias que no pueden ser contadas, sobre todo en las provincias, donde reconoció que las amenazas son mayores. Anderson expuso en un taller de la FNPI en Cartagena de Indias, Colombia, y recomendó a los periodistas que igualmente escriban esas historias.
“Algún día van a salir a la luz, incluso por salud mental hay que escribirlas. El silencio hace daño”
Cuando Provincia se escribe con esperanza
La otra cara de la moneda es más alentadora. La licenciada Evelyn Patricia Gutiérrez Soto, escribió para la Revista Latina de Comuniación Social, que el periodismo rural recoge lo cotidiano, lo autóctono y singular de la región, esas historias que las grandes ciudades descuidan.
Jesús Ramírez Cuevas, de México, por ejemplo, reportó el año pasado que distintos medios regionales han ganado prestigio e independencia tomando distancia del oficialismo.
Gerardo Reyes, uno de los mejores periodistas investigadores que ha dado América Latina, ha dicho hace poco durante una entrevista radial en su país, Colombia, que el periodismo regional es muy bueno y sin embargo vive marginado por los medios capitalinos.
Daría la impresión de que ciertos cambios se están produciendo.
Periodistas de Provincia de Perú se unieron virtualmente en el 2004 a través de una red en la que discuten acerca de sus problemas e impulsan su propia capacitación. Lo mismo está ocurriendo en otras regiones del continente.
Hace varios años, era bastante difícil encontrar a un periodista de provincia trascender. Hoy los vemos ganando premios importantes, participando de cursos a la distancia y queriendo abrirse paso entre los demás.

Conclusiones

Aunque el 77 % de los periodistas relevados considera que trabajar en una provincia es una desventaja (dato esperable), el hecho de que el 78 % no haya manifestado su intención de abandonar la provincia aparece como un dato que merece atención.
No ocurre lo mismo con el hecho de encontrar que el 83 % requiere la presencia de cursos fuera de las capitales, es decir se sigue pidiendo que estas acciones se tomen de manera más descentralizada, capaz de equiparar la sobreoferta educativa que se produce en las capitales.
El 72 % apareció reclamando las bondades de la Internet. No solo en materia de acceso (terminales en las salas de redacción, llegada de señales de banda ancha o vía cable), sino también conocimiento para manejar el recurso.
Se ha citado como una desventaja la falta de acceso a información, dato conocido, pero también se mencionó como ventaja un mayor acceso a documentos. Aunque no se puede generalizar, es probable que se den ambos fenómenos. Que en las ciudades pequeñas, generalmente por filtración, resulte más fácil obtener documentos públicos, al mismo tiempo que es más difícil obtener documentos del gobierno regional o de oficinas públicas centralizadas en la Capital por la vía de la petición.
El resultado sorpresa lo constituyeron las respuestas a la pregunta referida a quién cree que debería ocuparse en primer lugar del crecimiento profesional del reportero. El hecho de que el 84 % respondiera “yo mismo”, estaría marcando una variable de cambio, un dato de la realidad que antes no se observaba por cuanto, si bien los reporteros continuamos exigiendo a los dueños de medios ese compromiso, quedó en evidencia la noción que debemos asumir un compromiso mayor respecto al propio aprendizaje.

No me siento feliz, me siento solo

El análisis de las planillas revela un alto porcentaje (76%) de reporteros que no están informados acerca de oportunidades educativas disponibles. El mercadeo de esta oferta parece tener dificultades para llegar a las provincias. Esto podría contribuir al aislamiento y explicar por qué el 88 % manifestó experimentar soledad.
De la lectura detallada de los cuestionarios hay una sola frase que despierta angustia: “No me siento feliz, me siento solo”.
No conozco los rostros de quienes manifestaron estos sentimientos, pero solo bastan esas siete palabras para imaginarlos, tal vez porque alguna vez quien esto escribe se sintió del mismo modo.
¿Puede un periodista estar condenado a peor destino que el de no encontrar felicidad en lo que hace (aunque sea de vez en cuando) y al mismo tiempo saborear la amargura de la soledad?
Es como si uno supiera que otros tienen mayores probabilidades de probar el dulzor de la miel a kilómetros de distancia, sabiendo que aunque existan abejas en donde uno vive, nunca se llegará a encontrar un panal. ¿O será que no se lo busca lo suficiente?
Alguna vez me sentí infeliz y sola. Pero era muy testadura. Un día, hace muchos años, decidí que vivir en la provincia no iba a transformarse en mi peor realidad ni en mi condena.
Como muchos otros, no quise encandilarme con las luces de la Capital. Mi elección fue quedarme para ejercer simplemente el derecho al pataleo. Cosa que me produce ahora una enorme felicidad y gracias a esa tecnología maravillosa llamada Internet, la soledad quedó en el olvido.
Quisiera que este humilde texto se convierta en un homenaje a todos los trabajadores de la prensa que, desde pequeños pueblos, ciudades remotas, en medio de selvas o montañas o a la vera de los océanos, dedican sus esfuerzos cotidianos a informar sobre lo que sucede en sus comunidades. A aquellos que luchan a brazo partido contra la obsecuencia de los medios. A los que les ponen el pecho a las balas. A los que están dispuestos a aprender cada día más. A los que no se dejan vencer por las desventajas y no se resignan a caer en el lodo de mediocridad. A los que tienen que seguir escribiendo en viejas Olivetti o caminar kilómetros para llegar a la redacción.
No me preocupan tanto los que reciben dineros para silenciar sus plumas o los desaforados sensacionalistas que también circulan por allí. Esos no quedarán en el sano recuerdo de nadie.
Tuve contacto con muchos de los primeros a través de los cuestionarios que dieron base a este texto, pero también de manera personal, por medio de la docencia. Las opiniones de este último grupo no han quedado registradas en ningún lado. Solo fragmentos de sus rostros y ecos de sus palabras en mi memoria. A veces los armo como un rompecabezas y el resultado es siempre el mismo.
Lamento comprobar que sigue habiendo poco periodismo investigativo en las provincias. Las condiciones aún siguen sin darse. Al margen de la falta de independencia de los grupos mediáticos, generalmente familiares, y la falta de entrenamiento, hay otros problemas asociados. Espero no se molesten mis colegas residentes en capitales, pero siento que es más difícil examinar al gobierno en un pueblo o ciudad pequeña que en una gran ciudad. En estas últimas el periodista se confunde entre millones. Y hasta es probable que después de su crónica, nunca más vuelva a verle la cara al funcionario que investigó. En la provincia la cosa cambia. Nos encontramos con ellos a diario, a la vuelta de la esquina, en el supermercado, en el colegio de nuestros hijos o en la plaza a la que los llevamos a jugar.
Una vez me tocó investigar a un científico a quien tuve como profesor en la universidad. Lo peor fue cuando un día el turno le tocó a un amigo. Habrá pensado, si me conoce ¿cómo puede hacerme esto? Pero hay que tragar saliva y mirar para adelante. Uno va perdiendo afectos y aplausos en el camino, pero gana otros diferentes.
Este tipo de periodismo representa una oportunidad, la del perro guardián, no la del perro faldero. Aunque haya que patalear y librar luchas internas, vale la pena ejercerlo o al menos intentarlo.
Muchos periodistas provincianos me conocen y saben que no es imposible. El mayor capital es que nuestras audiencias nos sienten al alcance de su mano y si el trabajo se hace con honestidad intelectual (ya que la perfección solo es atributo de Dios y la independencia absoluta no existe), entonces nuestras comunidades localizan en cada uno de nosotros a referentes sociales, cotidianos, no seres inalcanzables ni estrellas del mundo mediático.
Saben que pueden encontrarnos todas las mañanas en el mismo sitio, en la misma redacción o gastando las suelas de los zapatos por las mismas calles... dispuestos a escuchar cualquier historia digna de ser contada.
Y hasta pueden tener suerte, conocer buena gente en medio de la ruta que les dé oportunidades y encontrarse un día, escribiendo un artículo similar a este.
La muchacha que aprendió a mecanografiar con cuatro dedos en la Olivetti de la biblioteca de su pueblo, la misma que quería ser médica y escritora, pero terminó siendo periodista, era yo.


(23 de agosto del 2005)


Sandra Crucianelli es reportera investigadora y docente para varias organizaciones internacionales. Ha ganado varios premios fuera de su país, como un premio de la SIP y una beca de la Fundación Reuters. Comenzó a ejercer periodismo en 1979, a los 17 años, en el diario de su ciudad, Bahía Blanca, Argentina. Todavía reside allí, ahora trabajando como conductora del informativo de Canal 7, donde en 1997 fundó una unidad de periodismo de investigación.

 

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UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI