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Las
Provincias también existen
Una aproximación
a las entrañas
del periodismo alejado de las capitales
Por Sandra
Crucianelli
Introducción
Una historia
para contar
Hace
casi tres décadas, una muchacha de apenas 14 años,
caminaba todos los días sin apuro alguno, las 20 cuadras
que separaban su humilde casa de la biblioteca del pueblo
en que vivía. Una vez instalada en el lugar, su misión
consistía en tomar cualquiera de los desgastados libros
que los estantes exhibían, para luego, con una paciencia
que quién sabe de dónde sacaba, mecanografiar
un párrafo al azar. De vez en cuando, plasmaba en el
papel algunos escritos que su imaginación le dictaba.
La Olivetti en la que aprendió a teclear parecía
esperar diariamente por esos dedos, débiles y torpes.
Si tal cosa no hubiera ocurrido en aquel tiempo, la vieja
máquina se hubiera oxidado mucho antes de terminar
tristemente olvidada en la venta de una chatarra.
El poblado en el que vivía la muchacha era pequeño.
Lo habitaban no más de 5.000 almas y distaba unos 25
kilómetros de la ciudad cabecera de su partido, en
el interior de la provincia. Ella solo quería ser dos
cosas en la vida: médica y escritora. Rara mezcla.
Habiendo nacido en el seno de una familia sin recursos y en
el que los hábitos de lectura no eran frecuentes, tal
destino parecía un imposible. Pero a pesar de su acotada
realidad, jamás fue consciente de que estaba, en ese
escenario, condenada a la nada.
Si soñar era gratuito, ella se imaginaba salvando vidas
en algún hospital y, al mismo tiempo, escribiendo una
exitosa novela capaz de llevarla a la fama o la fortuna.
Pero la muchacha era testaruda. Quiso ingresar a la universidad,
a estudiar cualquier cosa que se pareciera en algo a la inalcanzable
medicina, esa que se estudiaba en la Capital y a la que accedían
solo quienes pertenecían a familias acomodadas.
Para colmo, eran tiempos de militares en el gobierno. Debe
ser por eso que ni siquiera le planteó a sus padres
la posibilidad de abandonar el terruño. Su padre, aunque
hubiera tenido todo el oro del mundo, jamás se lo hubiera
permitido.
En su casa no había dinero para libros, ni siquiera
para el transporte, así que tuvo que buscarse un trabajo
si quería atravesar el portal universitario.
El corresponsal del diario citadino en el pueblo había
muerto y así, la vacante generada. Todavía recuerda
el empujón que le dio su madre al bajar del colectivo
que la llevó a la ciudad, para reclamar por ese puesto.
La muchacha se las arreglaba bastante bien para escribir.
Y pudo mostrar al jefe de personal del diario, que la miraba
de reojo a sus 17 años, varios de sus poemas,
que conservaba en una suerte de libro hecho a
mano, en hojas escolares, mecanografiados en la Olivetti de
la biblioteca y encuadernados a puro hilo y aguja.
Su poesía era malísima. Pero quién sabe
por qué, a pesar de lo escaso de su edad, y quizá
porque no se presentó ningún otro interesado,
la tomaron para el puesto y se convirtió la corresponsal
del pueblo.
De esa forma, alternaba sus estudios superiores en bioquímica
con la redacción de improvisadas crónicas pueblerinas.
Un día la llamaron de la ciudad. El jefe de la redacción
bajó sus lentes hasta el tabique nasal, le inspeccionó
la ropa cosida por su madre que llevaba puesta y le dijo que
tenía potencial.
La muchacha ingresó a la redacción a los 6 meses
de iniciada su labor en la corresponsalía con la categoría
de aspirante. Se la pasaba ejerciendo el oficio más
aburrido del mundo: mecanografiar gacetillas y cartas del
lector.
Con el paso del tiempo, empezó a prestar atención
a lo que escribían sus colegas, los que cubrían
los vaivenes de la política, la economía o el
crimen. Y empezó a blasfemar contra su jefe, a quien
apodaban el monstruo. Ella quería escribir
sobre otras cosas, pero siendo mujer y joven, en una sala
de redacción poblada de machos, los reclamos le trajeron
más amarguras que satisfacciones. No se dio por vencida
y sin que nadie se lo asignara, comenzó a redactar
pequeñas historias que de vez en cuando, salían
publicadas.
Sin embargo, tuvo un golpe de suerte, porque al hijo de la
dueña del diario le gustaron sus escritos. Y empezó
a encomendarle notas más importantes.
De esa forma, la provinciana no logró convertirse ni
en bioquímica, ni en médica ni en escritora.
En su historia hubo unos pocos que la alentaron pero otros
muchos que le pusieron piedras en el camino, pero como seguía
siendo testaruda, no iba a bajar los brazos. Se enamoró
del periodismo y desde las entrañas de su provincia
se propuso escribir sobre cosas que valieran la pena.
Con el paso de los años, tuvo oportunidades de migrar
hacia la Capital del país, pero las rechazó,
aunque las ofertas habían sido tentadoras en materia
de dinero. Pensó que si todos los periodistas provincianos
se alejaban de su tierra natal apenas alcanzado el mínimo
conocimiento en la materia, el destino de los medios regionales
sería tener siempre entre sus filas a una legión
de novatos.
La muchacha se convirtió en mujer. Su historia debe
ser parecida a la de muchos otros que todavía permanecen,
que se quedan y no se van. Que no nacieron sabiendo que se
iban a convertir en periodistas, pero que hoy lo son, sintiendo
que el destino les tenía reservada una sorpresa, encarnada
en la maravillosa misión de informar.
¿Todo
sigue igual o peor?
Hace 9
años, un equipo integrado por 6 expertos pertenecientes
al Programa Latinoamericano de Periodismo que patrocinaba
la Universidad Internacional de La Florida, evaluó
la situación del periodismo y su enseñanza en
cinco países: Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú
y Venezuela.
El trabajo, publicado a través de un texto que difundió
la Escuela de Periodismo y Medios de Comunicación de
esa universidad, consistió en entrevistar a 461 reporteros
ejecutivos y académicos de los citados países,
de los cuales 328 respondieron a un cuestionario a través
del que se evaluó las condiciones del ejercicio de
la profesión. 318 de ellos eran periodistas.
La novedad del estudio radicó en que no se concentró
en las capitales sino que abarcó a profesionales de
18 ciudades, por lo que la realidad de las provincias no estuvo
ausente y por el contrario, cobró un importante protagonismo.
Las conclusiones del estudio, difundidas en 1995, alertaron
sobre el principal problema: Con pocas excepciones, se afirmaba
que los medios no examinaban los abusos y los errores del
gobierno. Ligados al poder a través de publicidad oficial,
la censura y autocensura fueron relatadas como prácticas
corrientes. El perro guardián no se mostraba vigilante,
sino más bien mirando a sus costados de mala gana,
cuando no perezoso o desinteresado.
Los reporteros también se manifestaron carentes de
capacitación y de herramientas especialmente orientadas
al reportaje investigativo. Ellos mismos reconocieron no saber
investigar.
Otras realidades no fueron pasadas por alto: La enseñanza
del periodismo fue muy criticada, las prácticas poco
éticas en los periodistas se justificaron por los bajos
salarios y se reconoció que hacía falta más
educación que llegara a las provincias, ya que buena
parte de esta oferta en capacitación se concentraba
en las capitales.
Han pasado nueve años desde entonces. El escenario
de la noticia en cada uno de estos países ha sufrido
algunas transformaciones.
¿Cambió la realidad del periodismo en las provincias
o sigue siendo la misma?
¿Las condiciones mejoraron o la situación es
peor?
Escuchando
en Piura
El Knight
Center de la Universidad de Texas organizó el año
pasado año un Seminario Internacional sobre Periodismo
de Investigación en Piura, Perú, cuyo público
estuvo conformado, básicamente, por periodistas de
provincias.
En ese foro, al cual tuve la ocasión de asistir en
calidad de instructora, se expusieron las dificultades que
los periodistas provincianos tienen a la hora de ejercer su
profesión y, en especial, de producir reportajes de
investigación.
Me impresionó la sensación de lejanía
y soledad que manifestaron algunos, por las escasas posibilidades
que tenían de acceder a cursos de capacitación.
Aunque nadie trazó la división entre provincias
y capitales, la línea flotaba en el aire.
Problemas de falta de independencia, de censura y autocensura,
de escaso acceso a documentos públicos, de excesiva
cobertura de fuentes oficiales, de carencia de recursos técnicos
y humanos, de ausencia de liderazgos en los mandos intermedios
de la sala de redacción y existencia de riesgos físicos
o legales en el ejercicio del periodismo, fueron algunos de
los obstáculos que se citaron como frecuentes.
Y aunque los periodistas que viven en las capitales atraviesan
por idénticas dificultades, hay varias de ellas que
en las provincias se agudizan.
Mientras volaba de regreso a mi país, pensé
que de alguna forma, sería bueno que muchas de aquellas
impresiones quedaran registradas. El asunto era cómo
llegar el mayor número de reporteros posible.
Una semana más tarde, y gracias a las bondades de la
Internet y el correo electrónico, comencé a
hacer circular a través de varias redes virtuales de
periodistas y portales, una planilla con preguntas dirigidas
a periodistas de provincia.
El estudio, claro, no tiene pretensiones de cientificidad.
No es una encuesta, ni siquiera un sondeo. Está tremendamente
sesgado por el hecho de que sólo pudieron expresarse
aquellos que utilizan el correo electrónico o que tuvieron
acceso a la Web y encontraron el formulario, (o lo que es
lo mismo, una aguja en un pajar), y finalmente, por el hecho
de que su envío era voluntario.
El violar la ley básica de la estadística inferencial,
la llamada Ley de la Aleatoriedad, impide a este
ensayo cualquier generalización sobre el tema. Para
haber alcanzado ese logro habría que haberle dado a
cada periodista de provincia que habita en los países
de habla hispana, la misma posibilidad de ser parte de la
muestra. Y en razón de que tal realidad es prácticamente
imposible o al menos improbable de alcanzar-, la única
aspiración del trabajo consistió en aproximar
esta recolección de opiniones y casos, a la realidad.
Es solamente eso, una aproximación.
Tienes
un email
Planillas con respuestas relacionadas con el ejercicio de
la profesión provenientes de periodistas de provincia
originarios de Perú, Colombia, Ecuador, Uruguay, Panamá,
Honduras, El Salvador, Nicaragua, Paraguay, Bolivia, Chile,
Costa Rica y Argentina llegaron a mi correo electrónico
entre los meses de abril y agosto del año en curso.
En total fueron 166 y su distribución por países
no respeta la densidad mediática de cada país,
hecho que acentúa aún más el sesgo inicial
del estudio, pero que nada resta a su ambición de acercarse
a una realidad que, lejos de las capitales, es vivida en carne
propia por los protagonistas de estas historias.
La tabla ilustra la composición de la muestra
País
Cantidad respuestas
Perú
18
Argentina
17
Uruguay
16
Bolivia
15
Colombia
14
Chile
13
Honduras
13
Ecuador
12
El Salvador
11
Paraguay
11
Nicaragua
9
Panamá
9
Costa Rica
8
En promedio,
para la suma total de las planillas, el 57 % correspondió
a respuestas de mujeres y el 43 % de varones.
No se puede comparar, científicamente hablando, la
muestra tomada en 1995 para los países andinos con
la analizada en este ensayo. Aunque esta última incluye
a cuatro de los cinco países estudiados en aquel entonces,
el abordaje de los entrevistados, el tamaño muestral
y la forma en que se distribuyeron los cuestionarios hacen
imposible cualquier comparación.
Cualitativamente hablando, es otra historia.
Los problemas siguen siendo los mismos que los apuntados hace
9 años, a los que se agregan otros datos que merecen
reflexión.
Voces
de Provincia: Las Respuestas
A las
siguientes preguntas los periodistas que enviaron las planillas
respondieron según se detalla:
1)¿Como
periodista de provincia, cree que su capacidad de crecimiento
profesional está en desventaja respecto a la de sus
colegas que trabajan en la capital de su país?
Si: 77
%
No: 23 %
2)Analice
ventajas y desventajas de ejercer periodismo en las provincias.
Ventajas:
Conocer profundamente la realidad local. Tener fuentes muy
aceitadas. Manejo más completo de varios temas al mismo
tiempo. Mayor compromiso con la audiencia. Mayor acceso a
información. Mayor probabilidad de cambiar realidades.
Mayor creatividad al tener que compensar escasos recursos.
Desventajas: Menor cantidad de medios. Empresas muy ligadas
al gobierno. Autocensura. Censura. Bajos salarios. Inseguridad.
Amenazas. Falta de oportunidades laborales. Falta de oportunidades
para capacitarse. Falta de acceso a documentos. Sin sueldos,
periodistas obligados a vender publicidad lo cual se reconoció
como poco ético.
3)¿Tiene
intenciones de ejercer el periodismo en la Capital de su país
o fuera de su país?
No: 78
%
Si: 22 %
4)¿Qué
tipo de ayuda cree que necesita recibir para mejorar su capacidad
como profesional? (Por tratarse de pregunta abierta y poder
brindar más de una respuesta, la suma no da 100 %)
Mayor
compromiso de los dueños de medios: 89 %
Cursos de capacitación en las provincias: 83 %
Disponibilidad a Internet: 72 %
Libros, materiales de lectura: 64 %
5)¿Cuáles
serían para usted los incentivos que lo harían
crecer como profesional?
Mejor
salario: 93 %
Oportunidades e incentivos laborales (ascensos, viajes, becas):
81 %
Cubrir un hecho importante: 44 %
6)¿Quiénes
deberían ocuparse de su crecimiento profesional? (Igualmente,
al ser pregunta abierta, varios dieron más de una respuesta
por lo que la suma no da 100 %)
Yo mismo:
84 %
Dueños de medios: 77 %
ONGs: 35 %
Universidades: 15 %
7)¿Cuál
es su actitud personal respecto a su capacitación como
periodista? (Se podía marcar más de una opción,
por eso la suma no da 100 %)
a)Concurro
a cuanto curso o seminario de capacitación pueda: 58
%
b)Concurro solo a aquellos cursos que me interesan: 79 %
c)Casi no concurro a cursos debido a limitaciones económicas
(cuando debo pagar por ellos): 62 %
d)Casi no me entero de los cursos disponibles: 76%
e)No puedo asistir a cursos porque la empresa en la que trabajo
no me otorga los permisos necesarios: 54 %
f)Compro libros sobre periodismo toda vez que pueda, aunque
ello represente un esfuerzo económico: 35 %
g)Me gustaría comprar libros sobre periodismo, pero
tengo limitaciones económicas: 74 %
h)Tengo acceso a Internet en mi casa: 31 %
i)Busco en la Internet sitios o lecturas relacionadas con
periodismo: 48 %
j) Conozco los sitios web que ofrecen recursos para periodistas:
29%
k)Estudio o estudié inglés 39 %
l)Tomaría, tomo o he tomado cursos sobre programas
informáticos que sean de utilidad para mi profesión.
48 %
m)Tomaría cursos de capacitación a distancia,
usando la Internet: 62 %
8)¿Está
informado sobre las oportunidades de becas de estudio que
se ofrecen a periodistas?
No: 68
%
Sí: 32 %
9)¿Le
interesaría ganar una beca de estudios fuera de su
país? ¿Cree que estaría en condiciones
de obtenerla?
No: 71
%
Si: 29 %
(El 94 % de quienes respondieron que sí cree que estaría
en desventaja respecto de sus colegas de capitales. El resto
opinó que los méritos profesionales son independientes
del lugar)
10)¿Le
interesaría postular para un premio internacional en
reconocimiento a su trabajo? ¿Cree que estaría
en condiciones de obtenerlo?
Si: 85
%
No: 15 %
( El 79 % de quienes respondieron que sí, manifestó
no sentirse en igualdad de condiciones para obtenerlo respecto
de sus colegas de capitales debido a los alcances temáticos
de las historias que cubren)
11)¿Qué
reportaje le gustaría escribir o producir pero considera
que no podrá realizar por su condición de reportero
de provincia?
Grandes
temas nacionales, corrupción, narcotráfico:
82 %
Temas internacionales: 53 %
Cubrir una guerra: 39 %
Contaminación Ambiental: 37 %
Temas sociales de alcance nacional (pobreza, Sida, Cárceles,
Trabajo Infantil, etc.): 32 %
12)¿Qué
sentimientos experimenta respecto de la profesión y
el lugar donde vive? ¿Se siente feliz, solo, distante,
abandonado o cómo? (por tratarse se pregunta semi-abierta,
se podía indicar más de una respuesta, por eso
la suma no da 100 %)
Feliz:
79 %
Solo: 88 %
Satisfecho / orgulloso: 63 %
Realizado: 32 %
Infeliz: 19 %
Fracasado: 11 %
Decepcionado: 5 %
13)¿Conoce
algún caso de periodista de provincia que haya trascendido
por su trabajo sin la necesidad de trabajar en una Capital
o fuera de su país?
No: 92
%
Si: 8 %
Cuando
Provincia se escribe con sangre
Desde finales de la década del 90, las constantes investigaciones
del Comité de Protección de Periodistas (Washington,
USA), - a las que se suman las del proyecto Impunidad de la
SIP - vienen demostrado que en América Latina los periodistas
de provincia encaran mayores riesgos.
Marylene Smeets, del CPP, informaba en un reporte del año
2001 que antes se tomaba usualmente como blanco a los periodistas
destacados de las grandes ciudades. Pero esa realidad parece
haber cambiado.
Los periodistas de provincia son víctimas del
grueso de los asesinatos y la violencia. En el creciente conflicto
civil en Colombia, tres periodistas asesinados en el 2001,
en represalia por su labor, provenían todos de la provincia,
como lo eran los tres muertos por su trabajo en 2000,
citó en su informe.
Para Smeets, el crecimiento de las organizaciones de libertad
de prensa populares y locales, -las cuales han colocado en
primer plano las amenazas a los periodistas de provincia-,
pueden explicar en parte esos hallazgos. Pero se atribuye
ampliamente a las protestas verbales contra los asesinatos
de periodistas bien conocidos, la disminución de la
violencia en las grandes ciudades.
Julio César Londaño, nacido en Palmira, Valle
del Cauca, relataba hace unos años que en las ciudades
pequeñas se siguen imponiendo los caciques y sus bien
aceitadas maquinarias.
La razón de este rezago estriba en la fragilidad
del periodismo de provincia. En los pueblos y en las ciudades
de menos de 500 mil habitantes el periodista es prácticamente
un empleado más de la Alcaldía, que es la principal
fuente de noticias y el único anunciador. Así,
amordazada con un mendrugo, se neutraliza en provincia a la
prensa, el veedor natural y de mayor impacto en una democracia,
sostuvo.
Un rastreo informático en portales de organizaciones
periodísticas latinoamericanas da cuenta de una situación
que preocupa y duele.
Víctor Hugo de León, desde Guatemala, habló
de sangre, amenazas y crímenes contra periodistas de
provincia, que son objeto de ataques constantes.
Idénticos relatos nos anotician de sucesos similares
en Venezuela, aunque otros países no escapan al método
del miedo para silenciar a la prensa.
Por citar otro ejemplo, en el interior de Argentina, concretamente
en la provincia de Tucumán, los periodistas saben que
tienen nulas posibilidades de controlar al gobierno a través
de su trabajo periodístico. Y el que se atreve, es
corrido de su sección o despedido sin consideración
alguna, que no es sino otra forma de violencia, la laboral.
Hace menos de dos años, se le escuchó decir
a Jon Lee Anderson que hay buenas historias que no pueden
ser contadas, sobre todo en las provincias, donde reconoció
que las amenazas son mayores. Anderson expuso en un taller
de la FNPI en Cartagena de Indias, Colombia, y recomendó
a los periodistas que igualmente escriban esas historias.
Algún día van a salir a la luz, incluso
por salud mental hay que escribirlas. El silencio hace daño
Cuando Provincia se escribe con esperanza
La otra cara de la moneda es más alentadora. La licenciada
Evelyn Patricia Gutiérrez Soto, escribió para
la Revista Latina de Comuniación Social, que el periodismo
rural recoge lo cotidiano, lo autóctono y singular
de la región, esas historias que las grandes ciudades
descuidan.
Jesús Ramírez Cuevas, de México, por
ejemplo, reportó el año pasado que distintos
medios regionales han ganado prestigio e independencia tomando
distancia del oficialismo.
Gerardo Reyes, uno de los mejores periodistas investigadores
que ha dado América Latina, ha dicho hace poco durante
una entrevista radial en su país, Colombia, que el
periodismo regional es muy bueno y sin embargo vive marginado
por los medios capitalinos.
Daría la impresión de que ciertos cambios se
están produciendo.
Periodistas de Provincia de Perú se unieron virtualmente
en el 2004 a través de una red en la que discuten acerca
de sus problemas e impulsan su propia capacitación.
Lo mismo está ocurriendo en otras regiones del continente.
Hace varios años, era bastante difícil encontrar
a un periodista de provincia trascender. Hoy los vemos ganando
premios importantes, participando de cursos a la distancia
y queriendo abrirse paso entre los demás.
Conclusiones
Aunque
el 77 % de los periodistas relevados considera que trabajar
en una provincia es una desventaja (dato esperable), el hecho
de que el 78 % no haya manifestado su intención de
abandonar la provincia aparece como un dato que merece atención.
No ocurre lo mismo con el hecho de encontrar que el 83 % requiere
la presencia de cursos fuera de las capitales, es decir se
sigue pidiendo que estas acciones se tomen de manera más
descentralizada, capaz de equiparar la sobreoferta educativa
que se produce en las capitales.
El 72 % apareció reclamando las bondades de la Internet.
No solo en materia de acceso (terminales en las salas de redacción,
llegada de señales de banda ancha o vía cable),
sino también conocimiento para manejar el recurso.
Se ha citado como una desventaja la falta de acceso a información,
dato conocido, pero también se mencionó como
ventaja un mayor acceso a documentos. Aunque no se puede generalizar,
es probable que se den ambos fenómenos. Que en las
ciudades pequeñas, generalmente por filtración,
resulte más fácil obtener documentos públicos,
al mismo tiempo que es más difícil obtener documentos
del gobierno regional o de oficinas públicas centralizadas
en la Capital por la vía de la petición.
El resultado sorpresa lo constituyeron las respuestas a la
pregunta referida a quién cree que debería ocuparse
en primer lugar del crecimiento profesional del reportero.
El hecho de que el 84 % respondiera yo mismo,
estaría marcando una variable de cambio, un dato de
la realidad que antes no se observaba por cuanto, si bien
los reporteros continuamos exigiendo a los dueños de
medios ese compromiso, quedó en evidencia la noción
que debemos asumir un compromiso mayor respecto al propio
aprendizaje.
No me
siento feliz, me siento solo
El análisis
de las planillas revela un alto porcentaje (76%) de reporteros
que no están informados acerca de oportunidades educativas
disponibles. El mercadeo de esta oferta parece tener dificultades
para llegar a las provincias. Esto podría contribuir
al aislamiento y explicar por qué el 88 % manifestó
experimentar soledad.
De la lectura detallada de los cuestionarios hay una sola
frase que despierta angustia: No me siento feliz, me
siento solo.
No conozco los rostros de quienes manifestaron estos sentimientos,
pero solo bastan esas siete palabras para imaginarlos, tal
vez porque alguna vez quien esto escribe se sintió
del mismo modo.
¿Puede un periodista estar condenado a peor destino
que el de no encontrar felicidad en lo que hace (aunque sea
de vez en cuando) y al mismo tiempo saborear la amargura de
la soledad?
Es como si uno supiera que otros tienen mayores probabilidades
de probar el dulzor de la miel a kilómetros de distancia,
sabiendo que aunque existan abejas en donde uno vive, nunca
se llegará a encontrar un panal. ¿O será
que no se lo busca lo suficiente?
Alguna vez me sentí infeliz y sola. Pero era muy testadura.
Un día, hace muchos años, decidí que
vivir en la provincia no iba a transformarse en mi peor realidad
ni en mi condena.
Como muchos otros, no quise encandilarme con las luces de
la Capital. Mi elección fue quedarme para ejercer simplemente
el derecho al pataleo. Cosa que me produce ahora una enorme
felicidad y gracias a esa tecnología maravillosa llamada
Internet, la soledad quedó en el olvido.
Quisiera que este humilde texto se convierta en un homenaje
a todos los trabajadores de la prensa que, desde pequeños
pueblos, ciudades remotas, en medio de selvas o montañas
o a la vera de los océanos, dedican sus esfuerzos cotidianos
a informar sobre lo que sucede en sus comunidades. A aquellos
que luchan a brazo partido contra la obsecuencia de los medios.
A los que les ponen el pecho a las balas. A los que están
dispuestos a aprender cada día más. A los que
no se dejan vencer por las desventajas y no se resignan a
caer en el lodo de mediocridad. A los que tienen que seguir
escribiendo en viejas Olivetti o caminar kilómetros
para llegar a la redacción.
No me preocupan tanto los que reciben dineros para silenciar
sus plumas o los desaforados sensacionalistas que también
circulan por allí. Esos no quedarán en el sano
recuerdo de nadie.
Tuve contacto con muchos de los primeros a través de
los cuestionarios que dieron base a este texto, pero también
de manera personal, por medio de la docencia. Las opiniones
de este último grupo no han quedado registradas en
ningún lado. Solo fragmentos de sus rostros y ecos
de sus palabras en mi memoria. A veces los armo como un rompecabezas
y el resultado es siempre el mismo.
Lamento comprobar que sigue habiendo poco periodismo investigativo
en las provincias. Las condiciones aún siguen sin darse.
Al margen de la falta de independencia de los grupos mediáticos,
generalmente familiares, y la falta de entrenamiento, hay
otros problemas asociados. Espero no se molesten mis colegas
residentes en capitales, pero siento que es más difícil
examinar al gobierno en un pueblo o ciudad pequeña
que en una gran ciudad. En estas últimas el periodista
se confunde entre millones. Y hasta es probable que después
de su crónica, nunca más vuelva a verle la cara
al funcionario que investigó. En la provincia la cosa
cambia. Nos encontramos con ellos a diario, a la vuelta de
la esquina, en el supermercado, en el colegio de nuestros
hijos o en la plaza a la que los llevamos a jugar.
Una vez me tocó investigar a un científico a
quien tuve como profesor en la universidad. Lo peor fue cuando
un día el turno le tocó a un amigo. Habrá
pensado, si me conoce ¿cómo puede hacerme esto?
Pero hay que tragar saliva y mirar para adelante. Uno va perdiendo
afectos y aplausos en el camino, pero gana otros diferentes.
Este tipo de periodismo representa una oportunidad, la del
perro guardián, no la del perro faldero. Aunque haya
que patalear y librar luchas internas, vale la pena ejercerlo
o al menos intentarlo.
Muchos periodistas provincianos me conocen y saben que no
es imposible. El mayor capital es que nuestras audiencias
nos sienten al alcance de su mano y si el trabajo se hace
con honestidad intelectual (ya que la perfección solo
es atributo de Dios y la independencia absoluta no existe),
entonces nuestras comunidades localizan en cada uno de nosotros
a referentes sociales, cotidianos, no seres inalcanzables
ni estrellas del mundo mediático.
Saben que pueden encontrarnos todas las mañanas en
el mismo sitio, en la misma redacción o gastando las
suelas de los zapatos por las mismas calles... dispuestos
a escuchar cualquier historia digna de ser contada.
Y hasta pueden tener suerte, conocer buena gente en medio
de la ruta que les dé oportunidades y encontrarse un
día, escribiendo un artículo similar a este.
La muchacha que aprendió a mecanografiar con cuatro
dedos en la Olivetti de la biblioteca de su pueblo, la misma
que quería ser médica y escritora, pero terminó
siendo periodista, era yo.
(23 de agosto del 2005)
Sandra
Crucianelli es reportera investigadora y docente para varias
organizaciones internacionales. Ha ganado varios premios fuera
de su país, como un premio de la SIP y una beca de
la Fundación Reuters. Comenzó a ejercer periodismo
en 1979, a los 17 años, en el diario de su ciudad,
Bahía Blanca, Argentina. Todavía reside allí,
ahora trabajando como conductora del informativo de Canal
7, donde en 1997 fundó una unidad de periodismo de
investigación.
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