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Por Carlos Lauria
En total son 25 los periodistas independientes
que en la actualidad languidecen en las
cárceles cubanas. La mayoría
fue arrestada durante la masiva embestida
del gobierno de Fidel Castro contra la disidencia
en marzo del 2003, cuando la atención
del mundo se concentraba en la guerra de
Irak.
Si bien Amnistía Internacional consideró
que los 75 disidentes arrestados hace más
de tres años son prisioneros de conciencia
encarcelados por expresar pacíficamente
sus ideas y opiniones, el gobierno cubano
se empecina en acusarlos de ser "mercenarios"
al servicio del gobierno de Estados Unidos.
Pero las autoridades de la isla no han presentado
evidencia alguna de que se trate de espías
estadounidenses y en cambio si existen elementos
suficientes para afirmar que los periodistas
presos desempeñaban una tarea encuadrada
en los parámetros del ejercicio legítimo
de la libertad de expresión consagrado
en las normas internacionales en materia
de derechos humanos.
Los periodistas arrestados fueron sometidos
a juicios sumarísimos, a puerta cerrada
y no tuvieron acceso a sus abogados. Fueron
luego sentenciados a penas de entre 14 y
27 años de prisión.
Desde entonces algunos de los periodistas
más prominentes fueron liberados
por razones de salud y varios abandonaron
Cuba para vivir en el exilio como tantos
otros disidentes que se atreven a denunciar
en público los atropellos del régimen
cubano.
Los periodistas presos, dos de ellos sin
condena firme, han denunciado el maltrato
al que son sometidos, las condiciones sanitarias
deficientes y una atención médica
inadecuada.
Muchos de ellos han incurrido en prolongadas
huelgas de hambre como método para
manifestar su disconformidad. Los familiares,
en tanto, sufren presiones psicológicas
y acoso de las autoridades.
Cuba figura segunda en la lista de países
con mayor número de periodistas encarcelados,
solo detrás de China. La comunidad
internacional, y en particular importantes
países latinoamericanos, no ha sido
consecuente en reclamar el respeto a los
derechos humanos y la libertad de expresión
en la isla.
A esta altura resulta imprescindible reconocer
que el hostigamiento de la prensa independiente
en represalia por su labor informativa,
viola las normas más básicas
del derecho internacional.
Carlos Lauria es Coordinador del programa
de las Américas del Comité
para la Protección de los Periodistas,
en Nueva York. Este artículo fue
publicado originalmente en El Diario La
Prensa de Nueva York.
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