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En busca de mayor seguridad para los corresponsales de guerra

Por Maria Helena Escalante

En noviembre del 2001, ocho reporteros fueron muertos en Afganistán en un lapso de tres semanas. En estos tiempos de un mundo en guerras, la integridad física del periodista se ve cada vez más comprometida. Su misión se confunde con la de un combatiente o la de un espía, cuando no se le toma simplemente como blanco fácil de agresiones físicas.

El periodista es ante todo un asalariado como cualquier otro, con responsabilidades familiares. La gran pregunta en estos casos es: ¿Cuáles son las medidas de protección que ofrecen los medios de comunicación a sus reporteros?

Para responder a ésta y otras inquietudes, la asociación francesa de defensa de la libertad de prensa en el mundo, Reporteros Sin Fronteras, (RSF) propuso recientemente un proyecto para la constitución de una "Carta de compromisos" sobre "la seguridad de los reporteros en zonas de conflicto", destinada por el momento sólo a los reporteros franceses.

Este documento, "con un valor más moral que jurídico", según lo admite Robert Menard, secretario general de RSF, trata de fijar ciertos compromisos básicos que deberán respetar, tanto los medios de comunicación como los propios periodistas , para garantizar la seguridad de los reporteros llamados a cumplir misiones peligrosas.

La garantía debe darse por igual a los periodistas asalariados (de planta) como a los colaboradores ocasionales llamados free lance en la jerga periodística.

Antecedentes lamentables
El 11 de noviembre del 2001 Johanne Sutton, colaboradora de Radio France Internacional (RFI), Pierre Billaud, de la radio RTL, de París, y Volker Handloik, del semanario alemán Stern, murieron en Afganistán a manos de los talibanes.

Según RSF, los reporteros fueron víctimas de una confusión pues "cometieron el error" de desplazarse en un tanque de guerra utilizado por las Fuerzas del Norte (de oposición).

El 19 de noviembre, María Grazia Cutuli, enviada especial del Corriere della Sera, así como Julio Fuentes, del diario español El Mundo, Azizullah Haidari, de la agencia Reuters y Harry Burton, de Reuters Video News, murieron también en Afganistán, a manos de bandas de atracadores cuyo fin, al parecer, era el de apoderarse de sus equipos de fotografía, televisión y de telecomunicaciones.

Según Robert Menard, el caso de María Grazia Cutili es el más revelador, pues la reportera fué enviada sin ningún seguro de vida, pese a que representaba a uno de los más grandes periódicos italianos.

Entre 1992 y 2001, 243 reporteros han muerto en zonas de conflicto. De ellos, 67 murieron accidentalmente (tiro de mortero, minas antipersonales o bombardeos), y 176 fueron asesinados pese su condición de periodistas acreditados.

Reporteros sin Fronteras pone de manifiesto otra forma de peligro que deben enfrentar los enviados especiales: "Los reporteros europeos o americanos suelen desplazarse con importantes sumas de dinero en efectivo por países generalmente afectados por la miseria. Esto los convierte en blancos fáciles de grupos de delincuencia común".

Los ocho principios
La Carta de seguridad para reporteros en zonas de conflicto establece ocho principios:

El primero, denominado de "compromiso", se refiere a la obligación —tanto de los medios como del periodista— de reducir de antemano todos los riesgos posibles: contar con una póliza de seguros, llevar equipos de comunicación adecuados, informarse de antemano sobre la historia, las costumbres y el contexto del lugar a donde se va a cumplir el reportaje.

Un segundo denominado de "plein gré" o acto volutario. Consiste en permitir que sólo los propios periodistas se ofrezcan como voluntarios para cubrir misiones peligrosas. La jefatura de redacción no debe imponer esta selección. "El periodista debe poder hacer uso de su derecho a rechazar una misión, si considera que puede poner en peligro su vida" dice RSF. Esta actitud no debe ser considerada como “falta profesional”.

Un tercero es el relativo a las aptitudes y a la experiencia profesional para evitar los riesgos que corren ciertos inexpertos que van en busca de la celebridad. El texto propone que sólo periodistas experimentados —aquellos que hayan cubierto uno o varios conflictos— estén en condiciones de participar.

"Además" —según la propuesta de RSF— "sería pertinente que el periodista que va por primera vez a zonas de guerra lo haga acompañado de un reportero con mayor experiencia".

El cuarto principio se refiere a la buena preparación física de los reporteros, quienes deben contar con conocimientos básicos en materia de primeros auxilios. "La manera de reaccionar frente a los peligros que se presentan y la forma como se debe proceder para limitar los riesgos suponen una preparación regular. Todo periodista llamado a trabajar en un medio hostil deberá seguir un tipo específico de preparación y eventualmente un entrenamiento físico". En este punto se aconseja la preparación sobre reconocimiento de minas antipersonales.

El quinto principio se refiere a los equipos de protección y de comunicación: "El enviado especial debe en lo posible estar dotado de un material de seguridad fiable, chalecos anti-balas, cascos, vehículos blindados… así como de un buen equipo de localización y de supervivencia".

El sexto principio, dedicado al seguro de vida, es el que le da razón de ser a esta propuesta de Reporteros sin Fronteras. "Se deben fijar pólizas de seguros que cubran riesgos de enfermedad, expatriación, invalidez y muerte. Los poderes públicos y los medios de comunicación tienen la responsabilidad de hacer que este tipo de seguro sea incluido como una cláusula normal en los contratos de trabajo individuales y en las convenciones colectivas".

El séptimo se refiere al apoyo sicológico: "Los enviados especiales deben contar con una asistencia sicológica, antes y después de haber realizado sus reportajes en zonas de peligro. Es necesario disminuir en ellos las secuelas que pueden dejar los acontecimientos ligados a un conflicto armado".

El octavo y último principio, formula recomendaciones sobre la condición de neutrales que se les debe reconocer a los periodistas: "Los medios de comunicación y sus representantes son observadores neutros. El porte de armas de fuego les está prohibido en el curso de sus misiones, según el Articulo 79 del Protocolo I Adicional de la Convención de Ginebra de 1949, adoptada en 1975 y que estipula lo siguiente: 'los periodistas estarán protegidos como tales a condición de no incitar a ningún acto que pueda poner en peligro su estatuto de personas civiles' ".

La proposición de Reporteros sin Fronteras será sometida en febrero a consideración de los responsables de televisión, radio y prensa escrita en Francia, así como a representantes de la UNESCO, el Consejo Europeo, el Comité Internacional de la Cruz Roja, el Ministerio de Relaciones Exteriores y el de Defensa.

También se someterá al estudio de juristas, médicos, compañías de seguros y, por supuesto, de los propios enviados especiales con experiencia en conflictos ocurridos en Europa del Este, Asia, África, Oriente Próximo o en América Latina.


Maria Helena Escalante, es una periodista colombiana, que reside en Paris.


(10 de enero del 2002)

Reporteros sin fronteras http://www.rsf.fr

 

 

CENTRO INTERNACIONAL DE PRENSA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI