|
Periodistas
paraguayos al borde de un ataque de nervios
Por Benjamín Fernández
Bogado
A 16 años
del cambio político que puso fin a una de las dictaduras
mas largas del continente hasta esa época, el periodismo
paraguayo queda puesto bajo el escrutinio público y
los resultados no pueden ser más que los esperados,
menos, para un sector del periodismo local que con una visión
endogámica creía ingenuamente que la corrupción
del Paraguay era un patrimonio del sector público y
no de sectores empresariales privados y periodísticos.
Primero
vino la encuesta publicada por la Universidad Internacional
de la Florida a finales del año pasado que sirvió
como disparador para un debate que terminó siendo abordado
muy epidérmicamente. Algunos cuestionaron la calidad
de la muestra, otros el sesgo de las preguntas y hubo quienes
dijeron que qué se creía un extranjero
para juzgarnos. En todos los casos la reacción
ha sido típicamente adolescente como los años
que tiene la transición paraguaya.
Siempre
a los 16 uno termina culpando a los padres, maestros, sociedad
o quién fuera, sin asumir la cuota de responsabilidad
sobre el hecho. Eso pasa con una parte de la prensa paraguaya
que se vio fuertemente sacudida hace un par de semanas con
la revelación del periodista de ABC Color, Dávalos
Alfaro, que cubría las noticias del sector de obras
públicas y comunicaciones del gobierno y que en una
conversación con su fuente resulta grabado contando
la supuesta corrupción de otros colegas. La grabación,
difundida por medios radiales, generó tal reacción
que muchos se vieron compelidos a acciones judiciales o a
renuncias de medios donde la exposición cotidiana a
través de los teléfonos, radio mensajes o correos
de Internet ponían en serio riesgo al programa y consiguientemente
al medio radial que representaban.
Cabe sin
embargo reflexionar en torno a la calidad del periodismo paraguayo
en la larga transición política. Medios cuestionados
por su cercanía con el poder, víctimas de una
economía depresiva que hizo caer sus ingresos en mas
del 80% en los últimos cinco años y en donde
la mayor empresa del país , el Estado, se convirtió
no solo en referencia informativa sino también en agente
generador de ingresos para los medios y para varios periodistas
que realizan la doble labor de informar y de comunicar institucionalmente
los sucesos de ciertas instituciones públicas.
Es evidente
que el conflicto de intereses, la ausencia de un criterio
ético, el sentido de servicio, la acción de
contrapoder y la cercanía con el poder han terminado
por minar la credibilidad, circulación y ratings de
los programas, medios y acciones de los periodistas. Paraguay
vive el momento mas complejo y difícil en términos
económicos de los últimos 100 años. La
economía no crece en los niveles esperados (duplicar
el crecimiento poblacional, hoy de 2,7%) desde hace 20 años,
las escuelas de periodismo multiplican la oferta en medios
al borde de la quiebra y con una población que desconfía
profundamente de la gestión de las empresas periodísticas
como agentes canalizadores de sus intereses. Si uno observa
la situación paraguaya y el comportamiento ético
de la prensa nacional no hay ninguna diferencia con la practicada
por la prensa de los EEUU en los años cuando Hearst,
desde las páginas de su diario en San Francisco, alentaba
al gobierno de su país a entrar en guerra contra España
para redoblar sus ingresos particulares como consecuencia
de dicha acción.
La prensa
paraguaya tiene muchos ejemplos parecidos al ciudadano
Kane donde no se puede establecer con claridad si la
noticia publicada tiene el interés de informar y con
ello hacer participar al ciudadano de la consolidación
democrática o simplemente es un mecanismo para hacer
mas rico al propietario y mas pobre a la democracia.
El país
ha sido sacudido por estos casos que para colofón han
terminado en la segunda semana de febrero con el cierre del
diario Noticias luego de 21 años de presencia y con
mas de 300 periodistas sin empleo. El diario había
sido abierto en marzo de 1984 por un cercano amigo del entonces
dictador Alfredo Stroessner tras el cierre arbitrario del
diario ABC Color.
Quizás
este súbito ataque de nervios de los periodistas, el
debate en torno a la ética y el conflicto de intereses
de los comunicadores y el cierre de un diario lleven a una
reflexión mas amplia, seria y reposada en torno al
porqué se han reducido las audiencias y el entusiasmo
por la democracia, como lo dice el último informe de
Naciones Unidas sobre política regional publicado en
marzo del 2004 en Lima. Si eso se consigue, habrá ayudado
a madurar a una prensa adolescente en una democracia titubeante.
Benjamín
Fernández Bogado es presidente del Instituto Prensa y
Libertad y Rector de la Universidad Americana |