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La
situación laboral de los periodistas en Colombia
Por
Alejandro Manrique Iván Cardona Restrepo
La
situación laboral de los periodistas en Colombia.
Sumario
(abstract): El periodista colombiano es en promedio
un hombre joven, de 35 años, profesional graduado de
una Facultad de Comunicación, con ocho años
y medio de experiencia en el oficio, que recibe una asignación
mensual de 1329.038 pesos [483 dólares] y con
una jornada diaria de trabajo que supera las ocho horas en
términos generales. La investigación se hizo
por medio del método de muestreo probabilístico
o aleatorio simple, a través del diligenciamiento telefónico
y personal de una encuesta de 56 preguntas a 309 periodistas
de 120 medios de comunicación en nueve ciudades principales
del país (Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla,
Cartagena, Pereira, Bucaramanga y Cúcuta). Se trata,
en su mayoría, de una población joven. El promedio
de edad es de 35 años y el 74 por ciento de la población
está entre los 20 y los 45 años. Ello propicia
varios fenómenos que cruzan y dificultan el debido
ejercicio de la libertad de prensa que debe estar en
términos generales en manos de gentes experimentadas
en la reportería, el arte de escribir y la edición,
y cuya consistencia y solidez en lo académico esté
fuera de la duda razonable.
a. Pese
a que en la actualidad la gran mayoría de los periodistas
colombianos cuenta con una carrera profesional (más
del ochenta por ciento tienen un título universitario,
de los cuales el 64 por ciento reza Comunicador Social-Periodista
y que representa un cambio fundamental en el paisaje de las
salas de redacción que hace unos veinte años
estaba dominada por los llamados empíricos)
su nivel de estudios excepcionalmente alcanza los niveles
de especialización y maestría (veinte por ciento
aproximadamente). No hay ninguna persona que tenga el nivel
de doctorado y que esté trabajando en una sala de redacción
como periodista. No es despreciable la cantidad de periodistas
encargados de velar por el bien público de la
información que son recién graduados y
tienen bajo sus hombros responsabilidades descomunales como
encargarse de la edición de textos periodísticos
o de cubrir los fallidos procesos de paz o las batallas del
conflicto armado.
Esta
circunstancia que según el actual Vicepresidente
de la República, Francisco Santos Calderón,
es la la causa principal de la baja remuneración
de nuestros periodistas propicia la aparición
de visiones como la del citado funcionario que parecerían
justificar los bajos ingresos en salarios, primas y prestaciones,
cuando el contexto y la realidad de la profesión periodística
en Colombia resulta mucho más compleja y paradójica
que esa visión de primera mano como se
explicará más adelante.
b. El
ejercicio de la libertad de información se encuentra
en manos de personas jóvenes que, en muchas circunstancias
y condiciones, no cuentan con el conocimiento y la experiencia
necesaria en los cubrimientos informativos, de investigación
y análisis que adelantan por encargo del público.
La tradición de los medios de comunicación en
Colombia, enseña que los periodistas deben ser generalistas.
Es decir, personas que no se especializan en temáticas
(justicia constitucional, conflicto armado colombiano, industria
del entretenimiento, por ejemplo) sino en instituciones y
fuentes de información (Corte Constitucional, FARC,
Ejército, ELN, AUCC) lo que además
ha propiciado un nivel generalizado de desinformación
y descontextualización de la ciudadanía sobre
lo que acontece en el país. Este fenómeno toca
lo laboral pero tiene su raíz en un problema de mucho
más calado: la carencia de estándares sobre
el deber ser del periodista colombiano, sobre
los valores que hacen que un hecho deba nutrir las agendas
públicas, sobre la reportería, el arte de escribir
y la edición periodística.
c. Parece
que existiera la creencia generalizada de que existe una edad
para ser reportero (por las destrezas, la fuerza física,
y la circunstancia de vivir en el vértigo de un país
que no da tregua en sus acontecimientos cotidianos) y, por
consiguiente, la remuneración de los periodistas se
basa, en muchas ocasiones, en la edad de quién integra
las salas de redacción, quien, tarde o temprano, no
tendrá alternativa distinta de ejercer y oficiar otra
profesión o carrera y abandonar este oficio que, en
las palabras de Joseph Pulitzer, es merecedor de un proyecto
de vida. Muy pocos periodistas terminan su vida siendo periodistas,
lo que retrata un preocupante índice en términos
de desarrollo humano.
Esta creencia
de que existe una edad para ser reportero
y que contradice los estándares internacionales
refuerza el fenómeno de la fugacidad de sus carreras.
Resulta difícil hacer una trayectoria en las salas
de redacción del país pues no existe una política
de ascensos en las empresas periodísticas. Al existir
una sobreoferta de periodistas en el país, pocos se
cuentan entre quienes hacen, de este oficio, una carrera de
vida pues muchos son despedidos para dar paso a contrataciones
de personas más jóvenes, tal vez con más
vigor e inocencia, pero con menos experiencia y rigor. Como
dice el informe de Bogotá, adelantado por uno de los
asistentes de investigación, son pocos los periodistas
que duran más de cinco años en un mismo medio
de comunicación, y los escasos puestos disponibles
se consiguen por ayuda de amigos, familiares y conocidos,
más que por concurso o convocatoria.
En alguna
etapa de su carrera a los periodistas especialmente
en el umbral de su carrera los hacen renunciar o simplemente
sus expectativas económicas (incluso las más
sencillas como especializarse en el exterior o comprar una
vivienda como se verá más adelante), no resultan
satisfechas en los medios de comunicación.
Es por
esta circunstancia, además, que grandes reporteros
colombianos han terminado sirviendo intereses privados de
compañías que los contratan como jefes de prensa,
o alimentando la propaganda de diversas agencias del Estado
que también requieren de sus servicios y contactos
y cuyas banderas son exitosamente vendidas a sus
colegas.
En la
actualidad a manera de ejemplo no son pocos los
periodistas cuya edad está por debajo del promedio
nacional de periodistas (35 años) y que son directores
de medios de comunicación.
La falta
de una política de ascensos en las salas de redacción
y de un ideario deber ser de lo que
significa ser reportero en el país también propicia
que muchos directores de medios de comunicación y presidentes
de cadenas televisivas y radiales no sean periodistas por
profesión u oficio, sino personajes vinculados al mundo
de la política, de los negocios o la banca de inversión.
En este
sentido, en las regiones, siguiendo el ejemplo de Bogotá,
son muchos los periodistas que incursionan muchas veces
sin éxito en la política y vuelven al
periodismo. Un fenómeno que violenta el modelo del
periodismo independiente, que hipoteca conciencias y transluce
favores y que es conocido coloquial y cínicamente como
la puerta giratoria.
d. Al
fenómeno de la edad se suma el de la sumisión
(destacada en los informes solicitados a los asistentes de
investigación de las ciudades). Como una buena parte
de la población de los periodistas es joven y recién
graduada, y dada la sobre oferta laboral reinante en el país,
pocos de ellos cuestionan lo que sus jefes ordenan. Así,
el unanimismo, los mismos enfoques, los mismos expertos, la
misma visión de país (muchas veces probada y
reprochada en su maniqueísmo y descontextualización)
se consolida sin remedio. Sin posibilidad de interlocución,
crítica y debate, muchas de las informaciones
que se emiten no pasan por la dialéctica de la búsqueda
de la verdad, que está a cargo del eslabón más
débil de la cadena: el periodista recién graduado.
La población
más joven de periodistas se encuentra en Bogotá
e Ibagué (32 años en promedio). Paradójicamente,
en las tres grandes ciudades del país -Bogotá,
Medellín y Cali- el promedio de edad de los periodistas
es muy joven. En Barranquilla se presenta un promedio de edad
de 45 años, en Cúcuta de 43 años y en
Bucaramanga de 42 años. Pero resulta más que
preocupante que muy pocos culminan sus carreras profesionales
siendo periodistas.
Se trata,
en su mayoría, de un trabajo de hombres y la participación
femenina sólo presenta niveles importantes de vinculación
en Bogotá (39 por ciento de participación femenina).
Existen regiones del país en las que el 90 por ciento
de los periodistas son hombres, como en el caso de Bucaramanga,
o Cúcuta, ciudad en la que el 85 por ciento de los
periodistas son hombres y el 15 por ciento mujeres. En Cartagena
el 83 por ciento son hombres y el 15 por ciento son mujeres.
En la
actualidad, el 84 por ciento de los periodistas del país
son profesionales. Ello significa un salto cualitativo frente
a las circunstancias que condicionaban al medio profesional
hace menos de dos décadas. El 64 por ciento de esos
periodistas profesionales son graduados de una Facultad de
Comunicación. El 14 por ciento de los periodistas colombianos
tienen otra carrera distinta a la de Comunicación Social-Periodista.
Pero solo el 12 por ciento de los periodistas colombianos
cuenta con estudios avanzados (diez por ciento con especialización
y 2 por ciento con maestría).
Los llamados
empíricos quienes no cuentan con
una carrera profesional suman el 16 por ciento de la
población de quienes ejercen el oficio en el país.
Resulta importante destacar que en Cartagena el 96 por ciento
los periodistas son empíricos. En Cali el porcentaje
de periodistas empíricos alcanza el 35
por ciento. Esto es, periodistas sin educación formal,
en contraste con Medellín que cuenta solo con un ínfimo
porcentaje de ellos. Pese a este reciente proceso de profesionalización
de los periodistas del país, resulta notorio que la
calidad de la información no ha presentado una mejora
y que, en términos generales, se ha presentado un evidente
deterioro en la misma. Ello se explicaría por el currículo
de las facultades de comunicación, cuyas materias son
prólijas en el análisis de fenómenos
comunicaciones y del paradigma de la comunicación.
La inmensa mayoría de esas facultades además
no tienen campos profesionales especializados, lo que significa
que los estudiantes que quieran forjar su carrera como reporteros
deben no sólo estudiar decenas de materias comunes
que no contribuyen a su formación de reportero, sino
que deben estudiar otras asignaturas del todo opuestas con
el oficio de decir la verdad en interés del público,
como publicidad, mercadeo, y comunicación organizacional.
Una buena
propuesta, en este sentido, sería la de pensar en especializar,
al interior de las Facultades de Comunicación, los
campos profesionales, como paso inicial y necesario para pensar
los estudios de periodismo a nivel de maestría. De
esta manera, quien quiera ser periodista, que estudie una
carrera que le dé contexto suficiente para después
poderse hacer una carrera como reportero con las herramientas,
los principios, la ideología, y la historia que se
ofrecerían en estos programas de maestría. En
el mediano y largo plazo, éste sería el único
camino para impactar la información y el análisis
que provee la prensa. De las personas que estudiaron otra
carrera distinta a comunicación social, se encuentra
ciencia política, derecho, economía, administración
de empresas, sociología.
El bajo
nivel de estudios avanzados se explicaría por los bajos
salarios que perciben los periodistas, como por el escaso
interés de las empresas periodísticas por ofrecerles
serias alternativas de capacitación en el país
o el exterior. Los casos en los que las empresas periodísticas
han sufragado los costos de la especialización o maestría
de los periodistas son realmente excepcionales. Más
que un condicionante de la libertad de prensa en el país,
el periodista colombiano considera como un problema de índole
personal o individual las difíciles condiciones laborales
en las que desempeña su trabajo, aunque desea hacer
parte de una agremiación nacional de periodistas. En
un 70 por ciento los periodistas colombianos no están
agremiados y son poco proclives a organizarse.
Aún
así, y pese a la juventud de los periodistas colombianos,
resulta determinante destacar que el 50 por ciento de los
reporteros cuenta con una experiencia profesional de más
de diez años, el 15 por ciento tiene entre uno y tres
años de experiencia, y el 14 por ciento tiene entre
siete y diez años de experiencia. La experiencia promedio
de un periodista colombiano, de 35 años, es de ocho
años y medio. La gran mayoría de los periodistas
colombianos el 89 por ciento en términos de ingresos
ejerce el oficio de periodista en condiciones laborales precarias
y lamentables. Las razones que explican este fenómeno
son múltiples y complejas. Entre ellas se pueden citar
1) la reciente recesión económica que viene
azotando las utilidades de las empresas colombianas incluidas
las periodísticas desde 1999; 2) la corrupción
y los deleznables manejos administrativos de algunas agremiaciones
periodísticas que constituyen una sustancial barrera
para que los periodistas busquen la defensa de intereses colectivos
a través de agremiaciones, 3) la globalización
y el modelo de producción de las noticias que privilegia
no sólo la instantaneidad, la multiplicidad de funciones,
sino la degradación de las condiciones laborales por
diversos fenómenos entre los que se cuentan las fusiones
y adquisiciones; y 4) la caída de la Ley 51 de 1975
denominada Ley de Prensa que consagraba lo que
para muchos era la garantía de la tarjeta
profesional. Estas circunstancias han propiciado una suerte
de vacíos institucionales, legales y de política
que ha sido capitalizados por las empresas periodísticas
colombianas en los últimos años para desinstitucionalizar
la función del reportero empleando las siguientes prácticas
laborales, muchas de ellas contrarias a la ley:
1. El
incumplimiento total y/o parcial de las garantías laborales
a las que tienen derecho por Constitución, ley
y tratados y convenios internacionales los periodistas
colombianos contratados, a término fijo o indefinido.
2. La
contratación de personal poco cualificado como
el caso de los estudiantes en práctica para desempeñar
las labores de periodistas profesionales en las áreas
de reportería, redacción, e incluso edición
(sobre esta circunstancia se va a profundizar en varias entrevistas
en profundidad cuyo resultado aún no está consolidado).
3. El
propiciar formas o modalidades informales de contratación
de los periodistas, tales como el arrendamiento de cupos publicitarios
y de espacios en medios de comunicación, o la contratación
de periodistas bajo la modalidad de contratos de prestación
de servicios que no cobijan las garantías laborales.
4. Los
bajísimos niveles de remuneración salarial,
prestaciones sociales, primas, horas extras, vacaciones, pagos
y compensatorios que no propician un desarrollo humano apropiado
en términos de calidad de vida y acceso a la cultura.
5. Las
cifras de colegiación y pertenencia a gremios o sindicatos
de periodistas que en contraste son muy bajas.
Los periodistas que se encuentran agremiados, a asociaciones
de carácter local principalmente, critican a agremiaciones
tradicionales como el Círculo de Periodistas de Bogotá
(CPB), pero poco hacen por cambiar las circunstancias actuales.
Estas agremiaciones locales que se cuentan por decenas, y
más que asociaciones de defensa de derechos laborales
o sindicatos, son grupúsculos de periodistas amigos
o clubes de prensa preocupados por actividades de índole
social, que reflexiones académicas, de reflexión,
crítica y de defensa de intereses comunes.
1. El
incumplimiento total y/o parcial de las garantías laborales:
No hay
ningún medio de comunicación colombiano que
cumpla y observe la legislación laboral consagrada
en el Código Sustantivo del Trabajo y la jurisprudencia
de la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional.
En términos generales, las empresas periodísticas
incumplen con el pago de prestaciones sociales como los intereses
a las cesantías, las vacaciones, los aportes a pensión,
las cesantías y las afiliaciones a las Administradoras
de Riesgos Profesionales y Empresas Prestadoras de servicios
de Salud (E.P.S.). El consolidado nacional arroja cifras más
que preocupantes: el diez por ciento de las empresas periodísticas
no le cancelan cesantías a sus periodistas, en un 15
por ciento, no pagan los intereses a las cesantías,
en un 12.5 por ciento las vacaciones remuneradas no son tales.
Los aportes a pensión no son hechos a los periodistas
colombianos en un once por ciento, mientras que la afiliación
a una caja de compensación familiar no se adelanta
en el 15 por ciento de los casos, a una Administradora de
Riesgos Profesionales en un ocho por ciento y a las E.P.S.
en un cinco por ciento. De los informes enviados de las distintas
regiones del país por los asistentes de investigación
aparece claro cómo no son pocos los periodistas que
ni siquiera tienen conciencia de cuáles son los derechos
laborales. Muchos desconocían a manera de ejemplo
que las empresas periodísticas debían reconocerles
intereses sobre las cesantías. De estos informes también
se desprende un contexto que resulta importante incluir cuando
estamos hablando de incumplimiento de prestaciones sociales.
Con la reciente recesión económica, no fueron
pocos los medios de comunicación que despidieron a
cientos de reporteros y editores, y ello no sólo provocó
que se alargaran los turnos de trabajo (que en ocasiones superan
las doce horas diarias), sino que quienes lograron mantener
el empleo se sintieran afortunados y, por tanto,
guardaran silencio frente al incumplimiento en el pago de
sus prestaciones sociales. Como dice un periodista que labora
en Bogotá, antes éramos más periodistas,
ahora con las recientes fusiones ya no quedamos ni la mitad.
En Bogotá, como sucede en muchas regiones del país,
los periodistas prefieren un empleo mal remunerado y a sabiendas
de que les están incumpliendo con los pagos de sus
prestaciones sociales, a verse abocados a otras formas más
perversas de contratación como los contratos
de prestación de servicios o los arrendamientos de
cupos publicitarios o, incluso, al desempleo. Como dice
el informe preparado por uno de los asistentes de investigación
de Bogotá, el miedo que les genera el desempleo"
porque por lo menos el veinte por ciento de los periodistas
con los que hablé creen que el recorte de personal
en su medio de comunicación es inminente "y
la idea de saber que en otro medio podrían estar peor,
hace que los periodistas de medios impresos estén conformes,
y aunque saben que deberían ganar más, no hacen
nada por miedo a estar peor
Yo
estoy asustado porque ya se rumora otro recorte de personal,
dice un periodista de prensa escrita en Bogotá. Imagínese,
yo buscar empleo; en dónde si lo único que sé
hacer es ser periodista y está muy jodido conseguir
algo, así sea regular. Estos recortes de personal
han propiciado un dramático descenso en la calidad
de la información pues los reporteros que sobrevivieron
a los recortes de personal tienen que adelantar las actividades
de sus colegas y tienen poco tiempo en el caso de las
historias noticiosas de confirmar la información
que les ha sido suministrada por las fuentes, pues poco trabajo
de observación directa hacen los periodistas colombianos
en la actualidad, derivada de la precariedad de su situación
laboral y de los suministros de debe proveer la empresa periodística.
Un informe
preparado por el asistente de investigación de Medellín
cita el ejemplo de un director de un noticiero radial: todos
los días salgo de mi casa a las 5:30 de la mañana,
porque afortunadamente vivo cerca de la emisora. Aún
está oscuro cuando llego a la sede y comienzo con el
corre-corre diario. Me toca hacer las veces de
reportero, coordinador y redactor. Redacto la información
que llega por medio del fax o del correo electrónico,
coordino con los periodistas los informes que harán
telefónicamente y decido qué información
es relevante y asignó el trabajo y los cubrimientos
que priman.
Estos
recortes de personal, además, son fáciles de
adelantar cuando el 51 por ciento de los contratos laborales
de los periodistas colombianos tiene un contrato a término
indefinido, lo que garantizaría una cierta estabilidad
laboral. La problemática de la ausencia de pagos de
prestaciones sociales se presenta especialmente en radio y
televisión, pues los informes y las encuestas destacan
que los periodistas que lograron una vinculación con
la prensa nacional o regional en términos generales
tienen garantizadas sus prestaciones.
En prensa
la problemática hace referencia al bajísimo
nivel de salarios y a las largas jornadas de trabajo. El
tema de las horas extra merece un capítulo aparte pues
pese a que en términos jurídicos no constituye
una prestación social, sí hace parte del salario.
Al 87 por ciento de los periodistas colombianos no les pagan
las horas extras y tiene un promedio de 5.3 horas extra trabajadas
a la semana.
Sobre
el particular, resulta lúcido el informe preparado
por uno de los asistentes de investigación de Bogotá
cuando dice que, las preguntas 16 y 55 (que inquirían
sobre la cantidad de horas extra trabajadas y el porcentaje
de sus ingresos que dedicaba al ahorro) fueron inquietantes
para la mayoría de los encuestados (...) Antes de dar
su respuesta con expresiones de ironía, se quejaban
o soltaban una carcajada, hechos que reflejaban la gran cantidad
de horas extras que trabajan los periodistas y su baja capacidad
de ahorro
Yo
trabajo un millón de horas al día, dice
una periodista de Bogotá que presta sus servicios en
un canal de televisión. Normalmente uno sabe
que llega a una hora, pero no tiene idea de la hora de salida.
Yo
por lo menos no tengo hora de almuerzo porque tengo que estar
preparado para el boletín informativo de la mañana,
presentarlo al mediodía y correr para preparar las
noticias de la tarde, dice un periodista entrevista
en Bogotá. A veces, se me olvida que tengo que
almorzar y cuando se acuerda es demasiado tarde. Casi
ninguno de los medios que hicieron parte del estudio lleva
un conteo de las horas extra que laboran sus periodistas y,
en muchas ocasiones, los propios reporteros desconocen que
tengan derecho a ese pago, pues por mucho tiempo se creyó
(y difundió) que editores y comunicadores se asimilaban
a empleados de confianza y manejo, cuando la jurisprudencia
de la Corte Suprema de Justicia ha sido clara en decir que
sólo los empleados que llevan la representación
de la empresa (directores y editores generales) son quienes
deben ser considerados de confianza y manejo. Estos empleados
devengan salario integral cuyo pago ya incluye las horas extra.
2. La
contratación de personal poco cualificado (sobre esta
circunstancia se va a profundizar en varias entrevistas en
profundidad cuyo resultado aún no está consolidado).
3. Modalidades
informales de contratación de los periodistas Estas
modalidades de contratación informal de
periodistas se refieren a dos principalmente, una más
perversa que la otra:
a. El
arrendamiento de cupos publicitarios: b. La contratación
de periodistas mediante contratos de prestación de
servicios que no cobijan las garantías laborales.
Estas
formas de contratación de periodistas significa no
sólo un detrimento en las garantías laborales
de las que ellos disfrutaban previamente, sino una distorsión
del deber ser y de la misión y el papel
del reportero en la democracia. Modalidades estas (que tienen
mayor frecuencia en radio y televisión) que arrojan
a la informalidad laboral a los periodistas pues en ninguna
de ellas el periodista pertenece a la nómina de las
salas de redacción para las que trabaja. Solo el 51
por ciento de los periodistas colombianos tiene contrato laboral
a término indefinido, el 21 por ciento cuenta con un
contrato laboral a término fijo (lo que flexibiliza
su situación), el dos por ciento son periodistas freelance
y el 27 por ciento de los periodistas se encuentra vinculado
en alguna de estas modalidades de informalidad laboral así:
El doce
por ciento de los periodistas del país tiene un contrato
de prestación de servicios con la empresa periodística.
El quince por ciento de los periodistas tiene un contrato
de arrendamiento de espacio o cupos publicitarios.
La primera
modalidad contratos de prestación de servicios
tiene como telón de fondo el hecho de que muchos de
los reporteros que trabajaban con contrato laboral a término
indefinido o fijo, fueron despedidos y, a cambio, les dieron
la posibilidad de mantener una vinculación con el medio
de comunicación (no de tipo laboral ciertamente) a
través de estas contrataciones.
Fuera
del evidente deterioro en las condiciones laborales y personales
del reportero con esta contratación, un importante
porcentaje de estos contratos cumplen con los requisitos de
una relación laboral, salario, dependencia y prestación
personal del servicio. Esto significa que el reportero sigue
desempeñando las labores que venía adelantando,
con subordinación, una asignación mensual, y
prestando el servicio de manera personal (pues al fin y al
cabo cuando se contrata a un periodista se hace un contrato
intuito personae) y que la empresa periodística
está disfrazando la verdadera o real situación
laboral del periodista contratado y que no es otra que la
de seguir perteneciendo a la planta de reporteros sin las
garantías que ello le representa.
El once
por ciento de los contratistas de Bogotá, el cinco
por ciento en Cali, y el ocho por ciento en Medellín,
tienen en realidad un contrato laboral de trabajo. La disminución
de los ingresos de los periodistas que trabajan bajo esta
modalidad se calcula en un 35 por ciento (por la ausencia
del pago de prestaciones sociales) y su salario promedio es
ostensiblemente inferior (1134.659 pesos, o 412 dólares)
al promedio nacional que ya de por sí se encuentra
por debajo al de otras profesiones (ingenieros, abogados,
arquitectos, politólogos).
Pero
la problemática es aún más compleja.
De unos años para acá, una serie de empresarios
de radio crearon la modalidad de contratación denominada
de espacios o cupos publicitarios y que consiste
en que la administración del canal o estación
de radio respectiva le dice al reportero que monte su
empresa y que a ella le arrienda un espacio en el canal
o cadena. El periodista debe pagar un canon de arrendamiento
por el espacio, pero él debe agenciar la publicidad
del mismo, pues de allí deriva el sustento de su empresa,
el canon que cumplidamente se cobra y la posibilidad de continuar
oficiando de periodista.
Esta
modalidad de contratación contradice el paradigma del
periodismo independiente y ha generado toda clase de distorsiones
al oficio de reportero a saber: La figura del periodista se
confunde con la de empresario y ello genera conflictos insalvables
entre su oficio de reportar la verdad de los hechos, con la
de hacer viable su empresa. · Estos conflictos han
generado un fenómeno de canibalización
de la pauta publicitaria que ha pisado los terrenos periodísticos,
pues con tal de supervivir, los periodistas han vendido su
pluma al mejor anunciante. Su independencia y profesionalismo
se acaba cuando por velar por su sustento, que se deriva de
cuánta publicidad se venda, olvidan la independencia
característica al oficio.
El fenómeno
de la canibalización de la pauta publicitaria
ha propiciado otro denominado el de la extorsión
de doble vía, según el cual las jefaturas
de prensa de las entidades estatales, los políticos
y los empresarios de las regiones, extorsionan al periodista
para que emita información que los favorezca
a cambio de pauta publicitaria. En el peor de los casos, los
periodistas son quienes extorsionan a políticos y jefes
de entidades principalmente, diciéndoles que se abstienen
de emitir cierta información que los podría
perjudicar. Ello sin contar conque esta modalidad de contratación
propicia las campañas de desprestigio que entre los
propios periodistas adelantan unos contra otros y lo que imposibilita,
casi en términos absolutos, la necesidad de agremiarse.
Los informes
elaborados por los asistentes de investigación detallan
esta situación así: Esta situación
(la de los cupos publicitarios) es aprovechada por los jefes
de prensa de entidades oficiales (...) para convenir en forma
tácita y a veces abierta, la compra de silencio y servir
de caja de resonancia para los planes y programas de los mandatarios
de turno (...) llegando incluso a cuestionar, criticar, insultar
o injuriar colegas que se atreven a hacer periodismo en profundidad
(...) cuando uno comienza a cuestionar la institucionalidad,
le cortan la pauta. Esto obliga a muchos a quedarse callados
o a negociar con la fuente , dice el informe de Barranquilla.
El asistente
de investigación de Cali califica esta modalidad de
contratación como una opción suicida
para que los periodistas puedan cubrir sus necesidades
básicas dependiendo de su capacidad de venta, teniendo
en cuenta que la venta de cupos está sujeta al mercado
y puede ser inestable cada mes (...) El periodista está
vendiendo al mejor postor la información (...) ahora
el periodista debe vender pauta publicitaria, donde el periodista
solo obtiene un poco porcentaje por la venta . En
la radio todos coincidieron en que el alquiler de espacios
no es el mejor terreno para realizar buen periodismo y sostienen
que la utilización de la radio solo favorece a la publicidad,
la política y la venta de productos y servicios,
dice el informe de Medellín. Esta situación
de los cupos publicitarios es especialmente preocupante en
la Costa Atlántica (Cartagena y Barranquilla) y Cali.
4. Bajos
niveles salariales y prestacionales y el desarrollo humano.
El salario promedio de un periodista en Colombia, siendo una
persona profesional, de 35 años de edad, es de 1399.345
pesos [509 dólares]. Un salario que comparado
con otras profesiones resulta muy bajo. Solo el once
por ciento de los periodistas devenga más de 2656.000
pesos [965 dólares]. Esta circunstancia, sumada a otras
como la ausencia de pagos de horas extra, el incumplimiento
en el pago de las prestaciones sociales, y las modalidades
de contratación informal, propicia los siguientes fenómenos:
Que los
periodistas combinen su profesión con otras profesiones
u oficios para poder subsistir y tener una calidad de vida
apenas digna. Algunos de estos oficios y profesiones contradicen
su misión y deber ser como reporteros,
como cuando se dedican a servir de jefes de prensa de jefes
políticos locales, o entidades gubernamentales o del
sector privado. En zonas de conflicto, esta infortunada realidad
le ha costado la vida a los periodistas, cuando no amenazas,
secuestros y exilios. Que los periodistas no tengan el mínimo
básico para su existencia y vivan en condiciones precarias,
tanto ellos como sus familias, pues un profesional, de 35
años, ya tiene, en promedio, un núcleo familiar
de tres o más personas. Que los periodistas no tengan
acceso a la cultura y a bienes y servicios que nutren su visión
y formación como relatores de realidades y contadores
de historias.
Esta
realidad es mejor retratada por los informes de los asistentes
de investigación, así: Son periodistas
a la madrugada, jefes de prensa de algún político
en la tarde y jefes de relaciones públicas de alguna
agencia de modelaje, publicidad o fábrica de ropa en
las horas de la noche, cosa que atenta seriamente contra la
independencia periodística, dice el informe de
Ibagué.
Ya
uno no puede vivir solo del periodismo porque eso no da para
vivir. Nos toca conseguir otras entradas independientes para
suplir los gastos principales y para poder ir a cine una vez
que otra, dice un periodista entrevistado en Bogotá.
Otro,
de la misma ciudad, dice, si fuera por la plata, hace
rato hubiera dejado de ser periodista. Uno comprueba que este
oficio no es para gente que quiera ganar plata, sino para
los que somos apasionados con lo que hacemos, los que nos
gusta hacer reportería, informar, y acompañar
a la gente en sus hogares, en el carro o en sus lugares de
trabajo.
Solo el
23 por ciento de los periodistas tiene casa propia, el 12
por ciento está afiliado a una empresa de medicina
prepagada, el dos por ciento no está afiliado a un
sistema de salud, la inversión en recreación
y cultura no es prioritaria y la capacidad de ahorro de un
periodista es de 124 mil pesos [45 dólares] mensuales
en promedio. El 45 por ciento de los periodistas del país
se transporta en bus, buseta o transporte urbano.
5. Las
cifras de colegiación y pertenencia a gremios o sindicatos
de periodistas son muy bajas.
Resulta
paradójico que pese a las difíciles condiciones
laborales de los periodistas en Colombia, sólo un pequeño
porcentaje de ellos se encuentre agremiado (24 por ciento).
El 76 por ciento de los periodistas no pertenece a ninguna
agremiación o sindicato de periodistas. El 26 por ciento
de las periodistas que se encuentran agremiados pertenecen
a pequeños grupos o clubes de prensa, con escasa interlocución
local y nacional y encargados de adelantar actividades sociales
en su mayoría. En pocos casos, estos grupúsculos
tratan temas laborales o adelantan programas o jornadas de
capacitación para sus periodistas afiliados.
Una gran
mayoría dijo estar dispuesto a pertenecer a una organización
gremial de carácter nacional. La principal razón
por la que los periodistas no se encuentran agremiados tiene
que ver con las experiencias pasadas como la del CPB.
El escepticismo
lo muestra bien el informe preparado por uno de los asistentes
en Bogotá cuando dice que, la mayoría
siente que no hay una organización que los represente
y les ayude a defender sus derechos, pues aunque les gustaría
ser parte de alguna organización seria, sienten que
en Colombia las asociaciones de periodista además de
estar mal planteadas, son ineficientes.
Yo
estaría dispuesta a pertenecer a una organización
de periodistas si fuera organizada, dice una periodista
en Bogotá que trabaja en un canal de televisión.
Si tuviera fuerza, seriedad, y un objetivo claro, no
agremiarse por agremiarse, sino de verdad trabajar por nosotros
mismo, porque hay mucho por hacer.
Alejandro
Manrique Iván Cardona Restrepo es profesor de periodismo
en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá
(8
de diciembre del 2003)
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