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Periodismo y poder: Entrevista con Benjamín Fernández

Fernández considera que en los últimos años la prensa ha sido muy complaciente con el poder y se ha preocupado más por ejercer el poder que el contra-poder y dotar a la ciudadanía de mayor información para que pueda participar más en los procesos democráticos.

por Elísa Ibarra A.

Benjamín Fernández es un periodista paraguayo que en los últimos años ha escrito varios libros sobre el papel del periodismo en la construcción de democracias sólidas en diferentes países de Latinoamérica.

Durante una entrevista con END, el periodista criticó duramente algunas actitudes de los medios con los grupos de poder.

Según tus estudios, ¿cuál ha sido el papel de los medios en las democracias incipientes de estos países?

En muchos países he visto una prensa demasiado unida al poder, más interesada en ejercer el poder que el contra poder; en demostrar que es el cuarto poder que en estar al servicio del ciudadano en función de que sea mejor informado y pueda participar más activamente en la democracia...

Sucede en mi país (Paraguay), en el Cono Sur y en Argentina, donde la prensa no ha tenido el coraje de denunciar la corrupción en procesos de privatización, que ha dejado consecuencias sociales lamentables.

¿Cuál es tu opinión del argumento de que en aras de preservar, entre comillas, el desarrollo de las incipientes democracias, se guarde silencio sobre irregularidades para no dañar la credibilidad de las instituciones?

Eso es terrible, es un gravísimo error. La prensa debe ser implacable desde el principio con casos de corrupción grandes o pequeños, porque la mejor forma de defender las democracias es exponiendo al sol sus atributos, defectos y aciertos, para mejorar la calidad de vida de la gente. Se critica que la prensa ha utilizado el concepto de vamos a cuidar la democracia, no exponiendo la corrupción, con lo cual se expone la democracia y la prensa...

Es mentira que un régimen tolerable de corrupción es posible de ser mantenido con unos negocios periodísticos rentables. La corrupción nos va mal a todos cuando es tolerada, y no hay pequeña o gran corrupción, hay corrupción, así como no hay pequeñas y grandes mentiras, hay mentiras.

¿Crees qué los medios han caído en la trampa de gobiernos que para esconder su corrupción se escudan en el factor de la estabilidad económica?

Creer que eso forma parte de una agenda que debemos tolerar es un grave error de la prensa. El mismo Joseph Stiglitz en su libro "Los años 90 y la decepción del proceso de globalización", dice que si el FMI hubiera tenido una visión más crítica con respecto a estas cosas, no hubieran hecho tanto daño económico. La prensa debe tener la valentía y el coraje de expresar aquello que no funciona bien para que sea corregido, no importa que sea un organismo local o internacional, la prensa debe estar del lado de la gente...

Hemos tenido una prensa demasiado complaciente y cercana al poder, acostándose con el poder todas las noches y después invocando la representación de la gente, que no es tonta y dejó de comprar los diarios y escuchar los medios. Si miráramos el informe de Naciones Unidas sobre el estado de las democracias en América Latina que sacó Prodal hace tres meses en Perú, se ve que la situación de las democracias nunca ha sido tan dramática, casi al límite donde hay una complicidad de diferentes agentes y sectores, a los que la prensa no está ajena. Debe ser publicado todo lo que perjudica a la gente, ir más a fondo, remar más mar adentro.

¿Tienen intereses diferentes los medios de comunicación y los periodistas?

No. Inclusive, es una posición que a veces sólo consigue el desarrollo de una clase empresarial consciente de que ser dueño de un medio de comunicación es un privilegio en sociedades como las nuestras y de enorme responsabilidad, y también lo es del periodista...

Existen posibilidades inéditas como nunca antes en términos de desarrollo, con un poder increíble que no se quiere usar. A veces los dueños critican a los periodistas porque no hacen muy bien su trabajo, pero no le pagan de manera correcta y por su lado el periodista dice: no se puede hacer buena prensa con un mal propietario. Ben Bradley, el famoso editor del Washington Post, cuando le preguntaron qué se necesita para ser un buen periodista, respondió: Se necesita un buen propietario de prensa. No es negocio tener periodistas mediocres como tampoco es un buen negocio para un periodista brillante tener a un dueño de periódico bastardo.

¿Qué opinas del apañamiento de la prensa a las grandes empresas privadas y monopolios, que en países pequeños se disfrazan de benefactores para convertirse en intocables?

La democracia no es el paraíso y no quiere decir que los conflictos no existan. Si decimos estoy frustrado porque el dueño del medio se arregla con el fulano de tal, que es el principal avisante (anunciante) del periódico y no lo puedo criticar, es una realidad, pero no significa que no pueda ser alterada. Los problemas democráticos se curan con más democracia, y si hay dificultades para eso, pues abramos más medios y usted dirá, cuesta mucho dinero, pero ahora es más barato y también los dueños de medios tienen que darse cuenta de que ganándose una publicidad o una página del diario no van a vivir mejor perdiendo la respetabilidad de sus lectores y de su propia redacción, porque esa es la mejor manera de quebrar...

¿Cuál es tu valoración de la actitud de los dueños de medios, en los últimos años, en relación con esto?

Ha habido de las dos cosas: los que han apostado a ese modelo de recibo todo y me callo porque me conviene, que han perdido cantidad incalculable de lectores, por ejemplo, el diario El Clarín de Buenos Aires, el más vendido del mundo en lengua española, vendía un millón 200 mil ejemplares el domingo y casi 800 mil de lunes a sábado, pero su cercanía con el gobierno de Menem y su participación en procesos de licitación de canales de cable y privatización de la editorial que imprime el diario le costó la pérdida de unos 400 mil lectores. Hoy El Clarín y La Nación juntos llegan a vender un millón y medio, pero tienen deudas de más de 150 millones de dólares cada uno. Y me pregunto: ¿dónde esta el negocio de haber sido parte del proceso de corrupción de un gobierno y perder 400 mil lectores y 150 millones de dólares? El empresario que al principio vio eso como un buen negocio ahora tiene que humillarse ante el Estado o quien sea para salvar su deuda. En cambio, el diario El País ha hecho un gran aporte a la democracia española teniendo una posición crítica con el proceso de crecimiento de su país; cuando tomó una posición política con Felipe González perdió lectores, o sea, es un mal negocio ser corrupto y buen negocio ser ético.

¿Los dueños de medios no deberían involucrarse en otro tipo de negocios que les provocan conflictos de intereses?

Es un conflicto de intereses que perjudica. Pero depende, hay empresarios de grandes medios que no tienen ningún tipo de incidencia. Nuestros empresarios quieren manejar la prensa como un negocio de papelería, de churrasquería, de hamburguesería, cuando se trata de una producción de ideas. Se vende la conformación de una idea en torno a una situación determinada. Si el empresario pudiera decirle a su editor hágame un buen diario y ventanee rentabilidad sobre la base de un buen diario y no me meto en el contenido editorial, sería lo mejor. Ese tipo de posibilidades han hecho que algunos medios sean exitosos. No es que no deba meterse en otros negocios, pero me molesta que juegue al periodista y diga qué debe publicarse y qué no, qué título y qué no, realmente el empresario no se da cuenta de que con eso sólo está hundiendo su propio negocio.

¿Cómo valoras el avance de los medios de comunicación en la investigación de actos de corrupción en la Policía y el Ejército, instituciones tradicionalmente temibles?

Mucho, la prensa siempre lucha contra poderes ocultos como la mafia, instituciones tan grandes como la Policía y el Ejército, que usan armas pagadas por nosotros, y muchas veces se encuentran actos de corrupción, y cuando se publican existe un costo. Venimos de experiencias muy traumáticas en ese sentido, pero necesitamos recuperar para nosotros las instituciones. En Chile, el único país que crece cinco por ciento anual y con instituciones fuertes, en una encuesta la población dijo que confía más en la Policía, y significa la posibilidad de que los inversionistas lleguen al país. Con esa pregunta intuyo que algo no funciona bien en ese aspecto en su país...

Hay gente que piensa con nostalgia en la dictadura, y cree que era más seguro caminar por las calles en esos tiempos, pero no sabían que el dictador robaba cada día el futuro de un país.

¿Crees que en los últimos años los medios y los periodistas se han dejado envolver por inocencia, comodismo o intereses económicos?

Usted ha dicho todo lo que yo pudiera haber dicho, coincido totalmente, tiene toda la razón.

¿Qué se puede hacer para cambiar?

Hay que cambiar la actitud, porque hemos tenido una prensa demasiado complaciente, fácil de engatusar con el escándalo, tapamos un escándalo con otro, una corrupción con otra y hemos creado una sociedad con bajísima autoestima. La gente ve la corrupción como parte de nuestra cultura, y al corrupto parte de nuestra historia. Tenemos periódicos que condenan a políticos corruptos en sus primeras páginas y luego los sacan en las páginas sociales en algunas fiestas, demostrando que tiene plena ascendencia social, no tratamos al corrupto con la misma coherencia con que pedimos nos traten en nuestras funciones. Se requiere mayor rigor, profesionalidad, coherencia, mayor sentido de constancia peleando ciertos temas. A veces no es la corrupción del Estado el problema, sino el estado de corrupción existente como cultura en nuestros pueblos lo que se debe erradicar.

¿Qué papel están jugando las escuelas de periodismo en crear esa mentalidad diferente?

Las escuelas de periodismo, creo que todas, están en situación de crisis. No han entendido los cambios tecnológicos que se han dado, la malla curricular, lo dice la Federación de Escuelas de Periodismo de América Latina. No se adecuan a lo que el mercado necesita, no están enseñando las actitudes y las cualidades. Hay que insistir en que el periodismo es un oficio, más que una profesión, y un oficio que debe ser sostenido sobre la base de otra profesión u otra actitud. Hay que preparar en otras ramas para enriquecer la capacidad del periodista en contar historias, que es un talento, habilidad, pero también cuestión de esfuerzo, disciplina y constancia.

¿Con el desarrollo tecnológico se ha perdido un poco ese sentido especial que debe tener el periodista y que no lo da la tecnología?

Hay dos peligros: uno fundamental es creer el fetiche tecnológico, que supera al hombre que lo creó, lo cual no es cierto, porque las máquinas no tienen alma ni sentimiento. Siempre existirá la necesidad de utilizar el talento del periodista para contar historias que sensibilizan. Se necesita formar al periodista en el contacto más cotidiano con la gente, que lean más, en vez de estar tanto tiempo en Internet, no tener el chat como una forma de comunicación en vez del contacto con la gente. El periodista está muy alejado de la gente, invocamos a la gente y tenemos muy poco contacto. Según una encuesta, los periodistas están más interesados en la opinión del colega de la redacción o de otra redacción que de la gente que lee el periódico en la calle.

¿Cómo comparas el trabajo de los periodistas en tiempos de las dictaduras, con el ejercicio actual donde se goza de mayor libertad y da la impresión que no se explota?

Vengo de ese tipo de periodismo, estuve preso, exiliado por haber escrito cosas en contra de la dictadura de Stroessner que tuvo Paraguay durante 38 años. Conozco esa historia del periodismo de barricada, totalmente diferente de la actual. Ni es mejor ni peor, aquélla requería de otro tipo de habilidades y actitudes y mucho coraje, ahora se necesita enfrentar a la dictadura del mercado, el consumo, la tecnología, la distancia, necesitamos oler más a la gente, empaparnos más de ella. Los periodistas somos como los políticos, invocamos al pueblo, pero no vivimos con el pueblo, ni sentimos con el pueblo.

¿Qué tanto conoces la realidad nicaragüense?

Muy poco, sólo conozco el coraje, las situaciones traumáticas, la maldita dictadura, el último de ellos terminó en una calle de Asunción; sé de los problemas de pobreza, algo de la corrupción del último presidente, que espero pague los costos de haber robado lo de los pobres que es doblemente criminal. El problema de Nicaragua es el de toda América Latina.

¿Caeríamos en un error dejándonos envolver en el tema Alemán y su círculo, que algunos políticos hábiles utilizan para esconder otros actos de corrupción?

Hay que abrir más closets, porque probablemente hay más calaveras colgadas en varios lugares públicos, hay que sacar las calaveras al sol, aunque a ellas no les gusta la luz, la claridad, y no hay que dejarse engañar con que hay un solo corrupto. Hay un sistema de corrupción que permite los Alemanes y debemos saber porqué el sistema lo permite.

 

CENTRO INTERNACIONAL DE PRENSA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI