|
El
Gobierno, los Medios y la Imagen
Por
Rosa Zeta de Pozo
Los medios
de comunicación peruanos están en el tapete
una vez más: la acusación de un partido progubernamental
de la existencia de un complot por parte de un sector de la
prensa para desestabilizar al gobierno del presidente Toledo;
la petición de investigar a la prensa, política
y jurídicamente, partiendo de esa declaración;
y la condena a los diarios que recibieron dinero por difamar
a los opositores de Fujimori, son algunas de las noticias
que los cuestionan.
Antecedentes
El Frente
Independiente Moralizador (FIM), partido que tiene alianza
con el actual gobierno, ha denunciado la existencia de un
complot de un sector de la prensa, empresarios y de la mafia
fujimontesinista para desestabilizar al gobierno del presidente
Alejandro Toledo ante el Ministerio Público. Se basa
en una declaración de la persona que ayudó a
difundir el primer Vladivideo.
Las primeras
declaraciones fueron generales, no se dio nombres de periodistas;
son las que suelen hacerse, muchas veces, con el ánimo
de amedrentar a los medios. En consecuencia, los periodistas
se muestran contrarios a ese supuesto complot: El Comercio,
La República, Perú.21, piden que
no se generalice y se especifiquen nombres de los medios y
de los empresarios implicados.
Posteriormente
el presidente Toledo insiste en que el Congreso forme una
Comisión a fin de determinar quienes dirigen la supuesta
"conspiración contra la democracia. El líder
del FIM , Fernando Olivera, también pide investigar
a los periodistas implicados en el complot, señalando
que no pretenden seguir a diarios serios y da nombres: el
periodista Fernando Viaña, el empresario Ernesto Shutz,
el publicista Borobio , el diario La Razón (
de la familia Wolfenson). Todos estos personajes están
en cierta forma relacionados con la connivencia durante el
gobierno de Fujimori.
¿Son
los medios los que desestabilizan al gobierno?
Son noticias
que dejan mal parados a los medios peruanos, pero también
al gobierno y a algunos congresistas. Sin embargo no se trata
de dejar mal parado a ninguno, sino de analizar qué
hay más allá de esas denuncias y de esos intentos
de intervenir en la labor informativa y de evaluar también
el quehacer de los profesionales de la información.
Primero
porque históricamente sabemos que es un recurso de
los gobiernos atribuir malas intenciones a los medios cuando
éstos informan de todas las disfunciones gubernamentales
y las encuestas muestran un nivel bajo de aceptación
presidencial en la población.
Frente
al concepto erróneo que se tiene de los medios como
desestabilizadores de los gobiernos Chávez, Fox,
Toledo y otros lo tienen es interesante observar que
no basta una prensa favorable a la gestión gubernamental
si esta información no coincide con la opinión
negativa que los diversos sectores pueden tener de una labor
gubernamental, partiendo de la simple observación de
la realidad.
No son
los medios los que pueden mejorar o desestabilizar al gobierno.
Son los propios actos: hacer bien lo que le toca y hacerlo
saber es la cuestión central de las autoridades gubernamentales
como organización en relación a su Imagen
Si hay
una buena práctica, que es igual a cumplir bien el
cargo para el que el país lo ha nombrado: trabajar
en la defensa, desarrollo, y bienestar del país, velar
por una mejor calidad de vida para sus ciudadanos, con obras
concretas a corto, mediano y largo plazo; los medios no podrán
informar lo contrario.
Si la
práctica es disfuncional, es importante que se tome
conciencia que las denuncias y críticas de los medios
son esenciales para que todos aquellos que ocupan cargos públicos
puedan captar mejor el sentir de la gente, identificar aciertos
y reconocer y corregir deficiencias.
A través
de esta labor de fiscalización, los medios pueden ser
un buen elemento de control de la actividad pública
en beneficio del bien común de los peruanos. Vemos
que la divergencia entre la actuación del gobierno
y los fines que le corresponden, genera reacciones sociales
y en consecuencia no se produce esa identidad y confianza
de la ciudadanía con sus gobernantes o autoridades
como ellos quisieran. La coherencia entre estos fines y su
actuación beneficiarían a todos los que atribuyen
a la prensa un complot para desestabilizarlos.
Los medios
también pueden ser disfuncionales cuando se alejan
del bien común dando primacía a intereses particulares,
a lo menos relevante o a lo más espectacular, por ganar
raiting u otras circunstancias.
Frente
a esos hechos que pueden desestabilizar nuestra profesión
son actos propios, no externos, y ante una posible fiscalización,
malintencionada o no toca a los medios de comunicación
realizar un trabajo limpio y transparente, que pueda fundamentar
cada cosa que afirma, para no ser tachados y pensar siempre
en la construcción del país y sus ciudadanos.
Los gobernantes
quieren que los medios informen sólo lo que a ellos
les interesa que la sociedad conozca, el incumplimiento del
deber los perjudica y para ellos no es tema informativo. Si
los medios callan, se convierten en sus cómplices y
cunde la corrupción. Y no sólo eso, al no informar
lo que deben, desinforman a la sociedad: niegan a la ciudadanía
el conocimiento que le da la capacidad de participar significativamente
en el proceso político y social.
Es una
situación que difícilmente cambiará,
por eso los medios deben fortalecer su función de vigilancia
de la sociedad y su función fiscalizadora, con responsabilidad,
independencia y criterio ético, aunque siempre haya
muchas dificultades propias y externas. Ahí está
el desafío!
|