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La
radio como medio para la participación
Por
Susana Herrera Damas
A pesar
de la actual vigencia que tiene hoy la interactividad aplicada
a los medios, el intento de establecer contacto con los oyentes
ha estado presente a lo largo de buena parte de la historia
de la radiodifusión. Fue ya a finales de los años
cuarenta cuando la mayor parte de los sistemas radiodifusores
occidentales lograron su propósito incorporando las
voces de los oyentes en determinados espacios programáticos
como los concursos, los consultorios o los programas de discos
dedicados. Hoy, más de medio siglo después,
la radio ha dado suficientes muestras de su enorme capacidad
para mantener ese contacto con su audiencia en un grado mayor
de lo que se observa en la prensa o la televisión.
En
función de su presencia en la sociedad
Según
la presencia que el medio tiene en la sociedad, es preciso
afirmar en primer lugar que la radio goza de una alta penetración
social, temporal y espacial y de una amplia difusión
popular. Se trata de dos fenómenos íntimamente
relacionados que, de hecho, constituyen el anverso y el reverso
de una misma realidad. La alta penetración social de
la radio se refleja en el elevado número de receptores
que existen, por ejemplo, en Perú, y que son sólo
un reflejo numérico de la presencia constante que el
medio tiene en la sociedad. Esta destacada penetración
social va acompañada además de una elevada penetración
temporal que se traduce en la capacidad que tiene un canal
radiofónico para emitir ininterrumpidamente las veinticuatro
horas del día a lo largo de todo el año. Además,
la penetración espacial de la radio confiere al medio
una gran versatilidad y diversidad de ámbitos físicos,
tanto de emisión como de recepción.
En
función de su especificidad sonora
Consecuencia
de su especificidad sonora, la radio posibilita una mayor
proximidad psicológica entre el emisor y el oyente.
Estos rasgos son derivados tanto de la propia naturaleza mediática
de la radio basada en los productos sonoros como
de la importancia y sensibilidad del oído en cualquier
proceso comunicativo en general y en la recepción del
medio en particular.
Esta marcada
dependencia del sentido auditivo otorga a la radio una mayor
proximidad psicológica que, a su vez, favorece el establecimiento
de una mayor complicidad entre los profesionales del medio
y su audiencia. De este modo, la radio queda convertida en
una especie de interlocutor válido por excelencia,
que lo sabe todo, que todo lo puede y que incluso alivia las
preocupaciones de la vida cotidiana:
La radio
ofrece también una apariencia de espontaneidad y posibilita
de esta forma una amplia relación de identificación
y empatía entre el oyente y el medio. Se trata de un
rasgo estrechamente relacionado con la capacidad de la radio
para reproducir la voz y la conversación humana: la
radio encuentra menos dificultades que otros medios para establecer
una comunicación empática con la audiencia a
la que se dirige
En
función de su percepción social
Según
la percepción que la audiencia tiene del medio, la
radio se perfila como un medio próximo, cercano y familiar.
La evolución que ha experimentado la radio hasta nuestros
días ha hecho del medio un instrumento vivo,
participativo y capaz de conectar de forma inmediata con el
sentir de la población; una población
que, en numerosas ocasiones, ha reconocido que la radio, en
efecto, dispone de un espacio de comunicación propio
hegemónico si no en volumen de audiencia
sí en imagen social:
Atendiendo
a estas consideraciones, puede entenderse que la participación
se realice en mejores condiciones en radio que en otros medios;
ya que la radio permite una mayor igualdad en la situación
comunicativa. Si bien es cierto que la participación
radiofónica introduce diferencias entre las posibilidades
de emisión que tiene un individuo con respecto al resto
de los oyentes, también es cierto que mantiene la igualdad
en cuanto a la recepción ya que tanto el locutor como
el participante singular y el público general reciben
a la vez el mismo mensaje.
Este rasgo
de inmediatez privilegia nuevamente la naturaleza interlocutora
de la radio. De esta forma, al ofrecer una respuesta inmediata,
la audiencia tiende a percibir a la radio como un interlocutor
real que, en ocasiones, puede llegar incluso a sustituir a
la comunicación interpersonal.
La audiencia
percibe también a la radio como un medio ágil
y rápido. También en este caso, muchos autores
han destacado estas cualidades para insistir en la capacidad
que tiene la radio informativa para relatar los acontecimientos
justo en el minuto después de que hayan tenido lugar
e incluso en el momento mismo en el que se están produciendo.
Hoy, esta rápida capacidad de respuesta de la radio
en el relato del devenir diario se ha extendido también
a la totalidad de la programación y no sólo
a la de carácter informativo, si bien es cierto que
es en este tipo de programación donde la agilidad,
rapidez y capacidad de respuesta de la radio han desplegado
un mayor repertorio de sus posibilidades. Desde el punto de
vista de la participación, la agilidad y rapidez de
la radio se hacen muy evidentes, por ejemplo, en los programas-consultorio
donde, a la formulación de una pregunta le sigue, pocos
minutos después, la sugerencia de la respuesta.
Asimismo,
la radio permite mejor que ningún otro medio el anonimato.
Es cierto que, en ocasiones, puede no existir ninguna razón
para que los oyentes oculten sus identidades reales bajo seudónimos
o nombres falsos a la hora de intervenir. Sin embargo, esta
nota diferencial del medio resulta de especial trascendencia
en programas como los consultorios que integran la mayor parte
de la programación nocturna
La percepción
que la audiencia tiene de los medios resultará esencial
para comprender por qué motivos se dirige a ellos.
En el caso de la radio, los elementos de proximidad, cercanía,
inmediatez, instantaneidad, cotidianeidad, agilidad, rapidez
y anonimato mencionados resultan fundamentales para comprender
por qué los oyentes se dirigen a los espacios de participación
provistos por el programa.
En
función de sus características técnicas
Existe
además un último criterio de clasificación
que acredita a la radio como un auténtico medio de
participación. En efecto, según su funcionamiento
técnico, la radio tiene una gran potencialidad para
incorporar a los oyentes a sus emisiones.
Así
lo han destacado, por ejemplo, algunos autores para quienes
el hecho de que la radio tenga un funcionamiento técnico
más sencillo de lo que se observa, por ejemplo, en
la televisión, se refleja de forma más viva
e inmediata en la instantaneidad para difundir noticias, en
la fuerza de la emisión en directo y en la posibilidad
de que los oyentes participen constantemente
Desde
una perspectiva más concreta, puede afirmarse que los
rasgos derivados del funcionamiento técnico de la radio
que guardan una mayor relación con la participación
de la audiencia se refieren a su sencillez, comodidad, transparencia
y flexibilidad. En la mayor parte de los casos, la participación
de la audiencia en los programas de radio se realiza a través
del teléfono o, más recientemente, del correo
electrónico. En el primer caso, la posibilidad técnica
de acceder a la antena para expresar una opinión se
encuentra simplemente limitada por la posible saturación
de la centralita o del equipo de producción que atienda
los números de teléfono del programa. En el
segundo caso, los oyentes pueden dirigirse fácilmente
a la dirección de correo electrónico de un determinado
programa, siempre y cuando quede asegurado el normal funcionamiento
del servidor. En ambos casos, se trata de instrumentos técnicos
muy familiares para el oyente -el teléfono- o de creciente
implantación el correo electrónico. No
se intenta sostener aquí que, en el resto de los medios,
las fórmulas para la participación del público
sean muy sofisticadas. Sencillamente, se argumenta que, coger
el teléfono o escribir un correo electrónico
a la dirección de un programa es más sencillo,
más cómodo y habitualmente más transparente
que escribir una carta para que sea publicada en la sección
Cartas al director de un periódico o que
llamar a un número de teléfono para revelar
un testimonio en los talkshows televisivos. En la actualidad,
estos programas utilizan frecuentemente el teléfono.
Se pretende así introducir nuevos puntos de vista y
testimonios al debate que tienen lugar tanto entre un colectivo
de profesionales como entre los invitados que acuden a un
programa para relatar un aspecto destacado de su vida. No
obstante, se trata de una imitación de un recurso originariamente
radiofónico que, por esta misma razón, se ajusta
más fácilmente al lenguaje y a la narrativa
radiofónicas.
En síntesis,
tras lo apuntado hasta aquí, es posible concluir que
algunas de las características intrínsecas a
la radio hacen de ella un medio apto e incluso privilegiado
para servir de instrumento o cauce para la participación
de los oyentes. De hecho, estos rasgos privilegiados confieren
en parte a la radio el carácter de medio de comunicación
en el sentido más pleno, amplio y auténtico
del término. Al menos en términos potenciales,
la radio dispone por tanto de una gran capacidad para incorporar
la respuesta del receptor en el proceso comunicativo y para
tratar así de garantizar la eficacia comunicativa del
medio. Por su misma especificidad técnica y sonora,
la radio parece especialmente apropiada para integrar las
fórmulas de participación directas, que posibilitan
un acceso prácticamente inmediato del oyente al medio
a través de un ejercicio de mediación profesional
que se ejerce en la última etapa del proceso comunicativo.
Nota:
El presente artículo ha sido previamente publicado
en la Revista de Comunicación que edita la Facultad
de Comunicación de la Universidad de Piura
Susana
Herrera Damas es miembro de la facultad de comunicación
de la universidad de Piura, Perú.
Correo electrónico: sherrera@udep.edu.pe
(16 de julio del 2004)
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