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Telegolpe
en Venezuela
Por
Raúl Trejo Delarbre
A
Hugo Chávez
le encanta aparecer en televisión. Durante la crisis
política de abril dispuso tantas veces el encadenamiento
de los canales de Venezuela que los propietarios de esas empresas
se las ingeniaron para contrastar la imagen del Presidente
sin dejar de cumplir sus disposiciones. Dividieron la pantalla
en dos mitades. En una aparecía Chávez arengando
contra el paro nacional que se desarrollaba para exigir su
dimisión. En la otra se veían imágenes,
en directo, de las manifestaciones antichavistas en Caracas.
La afición
mediática del presidente de Venezuela evidentemente
no es correspondida por las televisoras. Los canales privados
fueron punta de lanza en la movilización ciudadana
que desembocó en el breve golpe militar del 11 de abril.
La represión contra la manifestación que ese
día fue agredida por la Guardia Nacional y simpatizantes
de Chávez fue ampliamente propagada por las televisoras.
Gracias a esa exposición mediática el ánimo
antichavista creció dentro y fuera de Venezuela.
Lo primero
que hicieron los generales que se alzaron contra el Presidente
fue acudir a los canales de televisión. Menos de dos
días más tarde el vicepresidente chavista cuando
recuperó el control del gobierno se apresuró
a comparecer en las pantallas. Cuando retornó al Palacio
de Miraflores Chávez ofreció una extensa conferencia
de prensa televisada a todo el país.
Golpe
y contragolpe, los acontecimientos en Venezuela estuvieron
inédita y estrechamente ligados a los medios. Cada
uno de los actores sociales, políticos y militares
consideró que si no se veían en televisión,
sus proclamas, asonadas o propuestas no tenían fuerza
o legitimidad suficientes. Esa supeditación a los medios
es prácticamente inevitable en la definición
de los asuntos públicos en nuestras sociedades. Pero,
además, la experiencia venezolana develó la
parcialidad de las empresas mediáticas cuando se involucran
activamente en política.
Globovisión
y Venevisión cubrieron extensa e interesadamente el
paro nacional del 9 al 11 de abril. Las primeras escenas de
la agresión contra los manifestantes, cuando serían
asesinados varios opositores al gobierno, multiplican la animosidad
de buena parte de los venezolanos.
Chávez
no podía echarle a las televisoras privadas la culpa
de ese descontento, aunque un día sí y otro
también las exhortaba a autocriticarse y trabajar por
la unidad del país. Los empresarios más poderosos
apostaron a defenestrar al Presidente. Pero también
es un hecho que los medios de comunicación no inventaron
el descontento de la sociedad en ese país. El comportamiento
a la vez autoritario y populista del Presidente y su excesivo
protagonismo comenzaron a hastiar a muchos de sus conciudadanos.
Cuando
se instauró el gobierno provisional encabezado por
el dirigente de los empresarios, la televisión del
Estado, Venezolana de Televisión, dejó de transmitir.
Pronto las televisoras comerciales se unieron a ese silencio
pero por otras causas. Las expresiones de apoyo al defenestrado
Chávez, las escenas de las manifestaciones en su favor
y el inesperado viraje de los acontecimientos políticos
fueron prácticamente ignorados en la televisión.
Las únicas escenas que se transmitían eran del
asedio que simpatizantes chavistas emprendieron contra varias
televisoras.
En lugar
de la información que esperaban los venezolanos, las
televisoras comerciales difundían películas,
caricaturas y fútbol. El escritor Luis Britto García
diría más tarde acerca de ese sábado:
Quieren que no veamos: nadie los ve. El avestruz del
poder mediático sepulta su cabeza en videos importados.
Cegándose, quiere cegarnos.
Marcelino
Bisbal escribió un par de días después
en el diario El Nacional: En el país estaban
sucediendo cosas y uno, como ciudadano, buscaba rápidamente
un canal de comunicación para saber qué estaba
sucediendo. Y, en este caso, era la televisión. Pero
resultó que nos encontramos con una gran cadena repleta
de comiquitas, deportes y teleseries... Resultó inconcebible
que la ciudadanía tuviera que enterarse de lo que sucedía
a través de la televisión por cable. Las
transmisiones de CNN que muchos venezolanos reciben suplieron
el vacío informativo.
En parte,
el silencio de las televisoras se debía al temor de
sus trabajadores. La especialista Elizabeth Safar recordaría
en el mismo diario que muchos periodistas desprotegidos
tanto de los organismos de seguridad como de sus superiores
pidieron protección a sus vidas y sus derechos al verse
amenazados por simpatizantes del presidente Chávez
(casos RCTV, Globovisión, Televen, entre otros).
Chávez
persistirá en su empleo intenso y desgastante de los
medios. Las empresas mediáticas seguirán teniendo
un sitio privilegiado en la sociedad venezolana. Sus auditorios
continuarán echando de menos una cobertura de los asuntos
públicos más allá de actitudes instrumentales
y excesos personales.
A Chávez
le seguirá gustando aparecer en las pantallas. El escritor
Plinio Apuleyo Mendoza (en la revista Cambio) asegura
que hace no mucho el presidente Chávez aprovechó
un programa de televisión para, el día de los
novios, anunciarle a su esposa: Marisabel, esta noche
tú también tendrás lo tuyo.
Raúl
Trejo Delarbre es investigador del Instituto de Investigaciones
Sociales de la UNAM y fundador de la revista etcétera,
donde apareció este artículo.
(31
de mayo del 2002)
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