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Desafíos
del periodismo televisivo chileno en la era digital
Por
Alfredo García Luarte
Desde
el inicio de la primera transmisión oficial de un canal
de televisión chilena, en 1959, hasta nuestros días,
diversos han sido los cambios tecnológicos que han
revolucionado la industria televisiva. Quizás el más
recordado fue el paso de la imagen blanco y negro a color
-hace poco más de veinte años-, que junto con
renovar los equipos y aparatos televisivos, obligó
a modificar una serie de aspectos técnicos tan elementales
como la iluminación y el maquillaje.
Los nuevos
satélites de comunicación y los numerosos adelantos
técnicos, entre otros factores, lograron romper el
duopolio televisivo que por casi 30 años mantuvieron
en Chile las universidades y el Estado. Gracias a estos avances
surgió la televisión privada, tanto de transmisión
abierta como la codificada de pago, incorporando una múltiple
oferta de canales orientados a satisfacer las demandas de
una audiencia cuyos gustos se perfilaban heterogéneos.
En sólo
un par de años, de los prácticamente 2 únicos
canales de cobertura nacional que existían al finalizar
la década de 1980 en el país Televisión
Nacional de Chile (estatal) y Canal 13 (universitario)-, los
espectadores pudieron acceder a más de 100 alternativas,
que incluían canales temáticos de noticias,
cine, música, deporte y cuanta variedad se podía
demandar.
Si bien
los factores económicos, sociales y políticos
también contribuyeron al desarrollo de la televisión
privada en nuestro país, los nuevos avances tecnológicos
aplicados a las telecomunicaciones fueron vitales para que
se concretara su puesta en marcha.
Tras poco
más de diez años de introducida la televisión
de pago en nuestro país, el número de abonados
crece día a día. Según un informe elaborado
el año 2000 por el Consejo Nacional de Televisión
(CNTV), en Chile existen 787.961 hogares abonados a este tipo
de televisión, sea en su modalidad de cable o satelital,
lo que equivale a un 20,7 por ciento del total de hogares
a nivel nacional(1). Desde 1997 al 2000,
el número de suscritos se ha incrementado en un 4 por
ciento, tendencia que parece seguir su ruta ascendente sobre
todo con la televisión satelital.
Esta multiplicidad
de ofertas televisivas ha modificado también el consumo
que del medio hacen los espectadores. De un rol ciertamente
pasivo que tenía el público hasta hace algunos
años, fruto de la escasez de alternativas entre las
que elegir, se ha dado paso a uno mucho más activo:
más canales, más programas, más variedad.
Gracias a la convergencia del teléfono, fax y correo
electrónico, la relación espectador-programa
es mucho más inmediata y cercana, mucho más
interactiva. No obstante, los cambios producidos en la forma
de consumo de la televisión no pueden ser atribuidos
exclusivamente a los adelantos tecnológicos, sino que
también influyen en ellos una compleja serie de variables
demográficas, culturales, económicas, sociales
y políticas, exteriores al medio televisivo.
Ciertamente
hoy se asiste a una revolución mucho más profunda,
que está modificando y modificará aún
más las formas de producción y emisión
televisiva, así como los hábitos de consumo
del público receptor. Es la llamada revolución
digital, cuyos efectos y transformaciones aún no están
del todo claras, pese a las profecías de algunos expertos
que auguran la muerte de la televisión, tal cual hoy
la conocemos, y su reemplazo por un nuevo medio, mezcla de
televisión y computador en Red, en la que el público
tendrá un rol sumamente activo (2).
El reemplazo
definitivo de la televisión analógica por la
digital será el próximo paso que se dará
en este continuo avance tecnológico. En Chile, el CNTV
y la Subsecretaría de Telecomunicaciones (SUBTEL) establecieron
un cronograma que establece que a contar del próximo
año, la televisión además de su señal
análoga deberá lanzar una digital a cuatro ciudades
del país. El 2005, ésta deberá cubrir
todo el país y el 2014 reemplazarla definitivamente
por la análoga. Todos estos plazos, sin embargo, están
condicionados, en parte, por los propios televidentes quienes
deben adquirir los nuevos aparatos receptores en el menor
tiempo posible. Se calcula que la masificación de los
televisores digitales en nuestro país podría
producirse dentro de los próximo 10 a 15 años,
según sean los factores económicos existentes.
Lo cierto,
es que más temprano que tarde, la digitalización
total de la televisión será una realidad a la
que ningún medio podrá escapar.
Siguiendo
el análisis del español Prieto Barrero, es posible
destacar las siguientes consecuencias técnicas y sociales
aplicadas a todo este proceso (3):
- Mejor
calidad de imagen, favoreciendo su conservación y
posibilidad de transmisión más efectiva y
rápida. Junto con la alta definición, la TV
digital alcanzará una calidad de imágenes
y perfección de sonido que la aproximará a
la realidad.
- Se
producirá un notable incremento de canales, coincidente
con un proceso de internacionalización de la audiencia.
Esta situación, generará la multiplicación
de televisiones temáticas, que se dedicarán
en exclusiva a la emisión de programas específicos
sobre temas informativos, deportivos, musicales, etc., siendo
posible abarcar cualquier tema por concreto o específico
que sea.
- Se
generará una importante fragmentación de la
audiencia debido a la multiplicidad de canales, lo que hará
reformular las formas de financiamiento de las televisiones
comerciales o que cubren sus costos de producción
exclusivamente a base de la publicidad.
- La
dispersión del mensaje disminuirá la influencia
social de la televisión, pues éstos serán
recibidos por menor número de espectadores y, a su
vez, cada televidente recibirá una multiplicidad
de mensajes distintos y a menudo contradictorios que permitirá
formarse una opinión propia a través de distintas
fuentes.
- Se
producirá necesariamente una importante reducción
de los costos, lo que facilitará la incorporación
de nuevos agentes al mercado.
Aunque
en nuestro país la digitalización aplicada a
la televisión se desarrolla a pasos un poco más
lento que en las naciones más avanzadas, sus efectos
tienden a ser similares en cuanto a la nueva forma de producción
y emisión televisiva. Dichos efectos también
se dejan sentir en el periodismo televisivo, el cual cuenta
con modernas herramientas que evolucionan día a día
y que obligan al profesional a replantear su manera de trabajar.
Periodismo
en la televisión digital
Hasta
hace poco más de 10 años, la oferta informativa
de los canales nacionales, en cuanto a noticieros se refiere,
era bastante reducida. Tal situación se explica, en
parte, por el escaso número de estaciones televisivas
existentes en el país y por las limitaciones propia
de la tecnología vigente.
En la
actualidad, el número de horas dedicadas a la información
se ha multiplicado en forma considerable: aumentó la
cantidad de canales y los avances técnicos proporcionaron
una mayor flexibilidad al momento de la entrega informativa.
Los denominados canales grandes -TVN y Canal 13-
cuentan con a lo menos 4 noticieros de más de media
hora de duración y una serie de boletines horarios
emitidos durante la mañana, de lunes a viernes. Si
ha esto se suma los contenidos informativos de las estaciones
medianas y pequeñas -Megavisión, Chilevisión
y La Red- y las de la televisión de pago, dicha cifra
se multiplica aun más.
Queda
en evidencia que las demandas informativas de la audiencia
son cada vez mayores. Según un informe elaborado por
el CNTV, en 1999, el principal medio a través del cual
las personas se enteran del acontecer local, nacional y mundial
es la televisión, con un promedio de un 80,6%, seguido
muy de lejos por la radio y los diarios (4).
Esta realidad ha obligado a los medios televisivos nacionales
a invertir grandes sumas de dinero en sofisticadas tecnologías
que favorezcan la inmediatez en la entrega de información
a mejor calidad y menor costo.
La incorporación
de estos modernos equipos en los departamentos de prensa está
modificando la forma de trabajo del periodista: de las antiguas
máquinas de escribir existentes en las salas de redacción
se pasó a computadores conectados en red donde cualquier
profesional puede ver las noticias que están en la
pauta del día.
Todos
los adelantos tecnológicos aplicados a las telecomunicaciones
y, por consiguiente, al periodismo televisivo, junto con favorecer
la inmediatez en la información, han obligado al profesional
a trabajar cada vez más contra reloj. El tiempo que
media entre la cobertura de una noticia y su elaboración
se ha reducido notablemente gracias a los satélites
y enlaces, lo que en cierta medida repercute en el modo de
captar, elaborar y presentar el producto final: la noticia.
La llegada
de la tecnología digital -según algunos autores
como Elena Bandrés y Javier Pérez De Silva-
supone cambios más amplios y profundos que los ocurridos
con el paso del cine al video, la implantación del
color o el uso de satélites. Poco a poco el mundo digital
se está introduciendo en los principales departamentos
de prensa de las estaciones televisivas del mundo. El nuevo
sistema es más sencillo, más económico,
permite mayor rapidez y proporciona niveles de calidad mucho
más altos que el soporte video.
Si bien
en nuestro país la digitalización de los principales
departamentos de prensa es todavía parcial, todo parece
indicar que en el corto plazo se imitarán las experiencias
que en este sentido han desarrollado las naciones más
avanzadas.
Como era
de esperar, estas transformaciones están generando
importantes efectos en los departamentos de prensa. En este
punto concordamos con algunas observaciones expuestas en El
periodismo en la televisión digital (5):
- El
periodista controla prácticamente todo el proceso
desde el momento en que redacta su nota hasta que la compagina
o edita en su computador. Todo se realiza en tiempo récord
y con calidad profesional.
- Debido
a que el periodista asume nuevas funciones, el número
de técnicos necesarios se reduce. Las oposiciones
a la implantación de un entorno digital en los departamentos
de prensa de algunas cadenas del mundo han surgido precisamente
de parte de los trabajadores que temen perder su fuente
laboral.
- La
rapidez que engloba todo el proceso permite aumentar el
volumen de producción noticiosa, sea modificando
las notas para un determinado informativo o simplemente
elaborando otras nuevas.
- Todo
el proceso se automatiza durante la emisión, almacenamiento
y emisión de cada nota. Los servidores digitales
proporcionan herramientas para ayudar a los periodistas
a seleccionar, organizar, recuperar y distribuir la información
audiovisual.
Las nuevas
tecnologías digitales aplicadas al periodismo televisivo
están generando el efecto de concentrar en un solo
sujeto todo el proceso de producción de la noticia.
La responsabilidad del profesional, por tanto, es aun mucho
mayor, lo cual requiere de éste no solo una completa
preparación técnica sino también una
sólida formación ética.
La digitalización
exige un cambio de mentalidad en la forma de crear noticias.
Lentamente los canales de televisión de nuestro país
están asumiendo ese desafío que se acelerará
en la medida en que dicha tecnología logre incorporarse
ciento por ciento en las salas de redacción de sus
departamentos de prensa.
1.
Consejo Nacional de Televisión. Informe de Televisión
de Pago 2000.
2.
Pérez de Silva, Javier (2000); La Televisión
ha muerto. La nueva producción audiovisual en la era
de internet: la tercera revolución industrial.
Gedisa. Barcelona.
3.
Prieto Barrero, Manuel; Escenario social de los cambios
tecnológicos, en RTVV;
Hacia un nuevo concepto de televisión. Valencia,
1997.
4.
Godoy Etcheverry, Sergio (2000); ¿Públicamente
rentable?: evaluación de la TV pública chilena
orientada el mercado. Ediciones PUC. Santiago.
5.
Bandrés, E.; García Avilés, J; Pérez,
G. y Pérez De Silva, J. (2000); El periodismo en
la televisión digital. Paidós. Barcelona
Alfredo
García Luarte es periodista y profesor de la Escuela
de Periodismo Universidad Católica de la Santísima
Concepción.
(8
de febrero del 2002)
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